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Miércoles, 08 de Junio de 2011


Gabriel Molina: perseverante y constante
Premio Nacional de Periodismo José Martí, año 2000. Cada vez que escribe lo hace con el mismo interés y cuidado del primer día. Consejo a los jóvenes: hacer de cada creación periodística una obra de arte

Texto y foto: Analeida Puerto Iglesias (Estudiante de primer año de Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana)

Cuando pregunté por él a sus compañeros de trabajo, muchos lo describieron como una persona excepcional, director honesto, correcto, de pocas palabras, respetado por un colectivo que más que jefe, lo sintió amigo. Otros comentaron que a pesar de haber transcurrido sólo unos meses de la jubilación, ya notaban la ausencia y extrañaban la calidad humana y profesional del hombre que los representó por más de 10 años en el semanario Granma Internacional.

También dijeron que en las relaciones con los subordinados era muy exigente, de esos jefes a los que uno siempre termina agradeciéndoles, porque obliga a crecer. De ahí que cuando recibió el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de la vida, en el 2000, desde los trabajadores más sencillos hasta los de mayor responsabilidad pensaron que ya era hora de que así fuera reconocido en el gremio.

A lo largo de su carrera, Gabriel Molina Franchossi desempeñó diversas funciones como redactor en el Diario de la Marina y corresponsal de la revista Bohemia, en España. Ejercer en la prensa impresa no lo dejó ajeno a la combinación entre imagen y sonido, pues trabajó en la redacción del Canal 12, Telecolor, y fue el responsable del Noticiero Nacional de Televisión. La radio tampoco escapó a sus ansias de experimentar  todo el quehacer de la profesión y fungió como director de Radio Reloj.

También, en su labor profesional fue jefe de redacción de la revista Opina, director editorial de la publicación Granma Internacional, fundador de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y reportero desde nuestro país para la cadena de diarios El Sol de México, entre los años 1992 y 1994. Además, fue pionero de órganos tan importantes como el periódico Granma y de la revista Tricontinental.      

Pero Molina no comenzó su carrera siendo el reconocido periodista que es hoy. Su vocación por el mejor de los oficios, como lo definió Gabriel García Márquez, surgió por su padre, quien era  reportero y corrector de pruebas de impresión. Ahora recuerda que, desde muy joven, lo ayudó en algunos trabajos.

A los 17 años decidió estudiar Derecho; luego, junto con el 5to. año de esa carrera, Periodismo. Como abogado solo ejerció una vez para ganar una demanda civil personal: “Quizás en algún momento tuve deseos de realizarme como jurista, pero sabía que no me iba a dedicar a eso. Lo terminé de estudiar porque era algo que ya había empezado y debía terminar.”

En sus venas corrió, desde temprana edad, la osadía de los periodistas. Participó en manifestaciones revolucionarias contra el gobierno de Fulgencio Batista. Debido a esto sufrió detenciones dos veces. La segunda vez no murió por la intervención del Decano del Colegio de Periodistas, conocido de su padre, porque era trabajador allí; y por él, entonces estudiante de la institución: “En la prisión torturaban y mataban, pero por aquella intervención pocas semanas después fui deportado a España.” 

Cuando triunfó la Revolución, Molina regresó unos meses después para fungir como editor del diario Combate y redactor de la recién fundada agencia Prensa Latina. Asimismo, al volver a Cuba ejerció igual responsabilidad en el  periódico Hoy. Así estuvo por más de un año. Aún cuando realizó la función de jefe de Información acudía a los eventos más importantes para reportarlos o saber lo que ocurría, para lograr un mejor resultado de los corresponsales a quienes había confiado la tarea, y así dar un tratamiento adecuado a la noticia e inculcar a los periodistas el compromiso con la labor desempeñada. Después, ingresó en Granma.

Como profesional tuvo una oportunidad única: fue el encargado de reportar las audiencias del Congreso de los Estados Unidos cuando se analizaba la muerte del presidente norteamericano John F. Kennedy.

-Mucho se ha especulado sobre la  existencia de un complot con respecto al magnicidio de Kennedy, ¿cuál es su opinión?

Apoyado en mis experiencias por haber vivido esos intensos momentos y porque consulté bibliografía reciente sobre el tema, puedo decir que existen pruebas confiables que muestran la posibilidad real de una maniobra en torno a ese suceso. Aún existen documentos clasificados de la CIA que esclarecerían el hecho, sus autores intelectuales y ejecutores. 

A lo largo de su carrera realizó otras labores entre las que menciona, con especial emoción, las coberturas periodísticas de los recorridos de Fidel Castro y el haber sido corresponsal de guerra en Argelia, Guinea Bissau y el Medio Oriente: “Es curioso que auque se esté contra la guerra porque no es la única manera de liberar un país, cuando se produce un conflicto, la mayor parte de los reporteros hacemos por ir, pues es algo que apasiona: cubrir las cosas que no son  fáciles. Cosas atrayentes para el lector.”

-¿Qué acontecimiento quiso cubrir y no pudo?

Otra guerra, por ejemplo, la de Angola y la de Vietnam, en esa última me dieron “un palo periodístico”, como me dijo Fidel el 31 de diciembre de 1965. Algunos días antes, Marta Rojas y Raúl Valdés Vivó se me adelantaron en hacer la petición para ir a la guerrilla en el sur de Vietnam.

El haber transitado por diversos medios y tener experiencias profesionales poco comunes para un periodista le han enseñado que en cuestiones de prensa el mejor estilo es el directo, sencillo y personalizado, sin dejar de ser elegantes, ir a lo preciso, economizar los adjetivos: “Mi paso por Prensa Latina con Jorge Ricardo Masetti me enseñó a ser realmente objetivo manejando la información, aunque no imparcial.”

Uno de los mayores provechos que pudo sacar Molina de esa etapa de su vida fue el de cultivar un gran amigo, también fundador de Prensa Latina. En las tardes, luego de terminar el trabajo en la redacción de la agencia, iban al bar más cercano y allí, junto con otros compañeros, componían el mundo: “Como Gabriel García Márquez es un tipo tan simpático y ocurrente, se ganó la amistad de todos y conmigo no fue diferente.”

-¿Tiene pensado escribir sus memorias?

Muchos colegas me lo han recomendado y no creo que sea una mala idea. Pienso que estoy preparando las condiciones.

Para cualquier joven profesional de la prensa charlar con un hombre con la experiencia de Molina es realmente provechoso y muy instructivo porque seguro aprenderá que en cualquier medio se puede hacer una buena labor reporteril si se es consciente del espacio, del género de trabajo que se quiere realizar, de la voluntad para buscar la verdad y las técnicas informativas a utilizar para lograr lo deseado: “Todo depende de la agudeza periodística, de darse cuenta dónde y cuándo usar las técnicas necesarias.”  

Testigo de lo educativa que puede ser dicha conversación es Gustavo Becerra, actual jefe de redacción del semanario Granma Internacional: “Cada reunión de trabajo que estuve a su lado durante 15 años fue una lección de periodismo. Lo considero uno de mis grandes maestros. Puedo decir que Gabriel es una persona que respira, se alegra y vive por su profesión. Es de las personas que dan la oportunidad, sobre todo a los jóvenes. Motiva, inspira a enamorarse de una idea, a buscar lo nuevo como principal característica para que algo sea noticia.” 

-El periodismo que ha hecho durante la mayor parte de su carrera es el internacional, ¿qué le ha aportado?

Experiencias muy valiosas, en particular las de Argelia. Además, permitirme conocer los verdaderos hilos de la política internacional, las motivaciones y el modo de actuar del gobierno de Estados Unidos durante los diferentes períodos presidenciales desde los inicios de su historia.

Aunque está jubilado, Molina no deja de colaborar con el periódico Granma ni con el semanario Granma Internacional. Cada vez que escribe lo hace con el mismo interés y cuidado del primer día porque piensa que “en el periodismo nunca te puedes achantar.”

Este hombre de 78 años no quiso terminar el diálogo sin hacerme cómplice de una sugerencia para los que dan los primeros pasos: la obligada consulta y la investigación constante deben ir de la mano de un reportero con experiencia.

“A los estudiantes y periodistas jóvenes quisiera decirles que nunca crean que lo han hecho todo, que su artículo o crónica es la mejor. Laboren con rigor, dando lo mejor de cada uno. Sean perseverantes y constantes para hacer buenos trabajos y no para salir del paso. Hagan de cada creación una obra de arte.” 

(Fuente: Blog IslalSur de Iraida Calzadilla)
 

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