Gabriel
Molina: perseverante y constante
Premio Nacional de Periodismo José Martí, año
2000. Cada vez que escribe lo hace con el mismo interés y
cuidado del primer día. Consejo a los jóvenes: hacer de cada
creación periodística una obra de arte
Texto y foto: Analeida Puerto Iglesias
(Estudiante de primer año de
Periodismo, Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana)
Cuando pregunté por él a sus
compañeros de trabajo, muchos lo describieron como una persona
excepcional, director honesto, correcto, de pocas palabras,
respetado por un colectivo que más que jefe, lo sintió amigo.
Otros comentaron que a pesar de haber transcurrido sólo unos
meses de la jubilación, ya notaban la ausencia y extrañaban la
calidad humana y profesional del hombre que los representó por
más de 10 años en el semanario Granma Internacional.
También dijeron que en las
relaciones con los subordinados era muy exigente, de esos jefes
a los que uno siempre termina agradeciéndoles, porque obliga a
crecer. De ahí que cuando recibió el Premio Nacional de
Periodismo José Martí por la obra de la vida, en el 2000, desde
los trabajadores más sencillos hasta los de mayor
responsabilidad pensaron que ya era hora de que así fuera
reconocido en el gremio.
A lo largo de su carrera,
Gabriel Molina Franchossi desempeñó diversas funciones como
redactor en el Diario de la Marina y corresponsal de la revista
Bohemia, en España. Ejercer en la prensa impresa no lo dejó
ajeno a la combinación entre imagen y sonido, pues trabajó en la
redacción del Canal 12, Telecolor, y fue el responsable del
Noticiero Nacional de Televisión. La radio tampoco escapó a sus
ansias de experimentar todo el quehacer de la profesión y
fungió como director de Radio Reloj.
También, en su labor
profesional fue jefe de redacción de la revista Opina, director
editorial de la publicación Granma Internacional, fundador de la
Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y reportero desde nuestro
país para la cadena de diarios El Sol de México, entre los años
1992 y 1994. Además, fue pionero de órganos tan importantes como
el periódico Granma y de la revista Tricontinental.
Pero Molina no comenzó su
carrera siendo el reconocido periodista que es hoy. Su vocación
por el mejor de los oficios, como lo definió Gabriel García
Márquez, surgió por su padre, quien era reportero y corrector
de pruebas de impresión. Ahora recuerda que, desde muy joven, lo
ayudó en algunos trabajos.
A los 17 años decidió
estudiar Derecho; luego, junto con el 5to. año de esa carrera,
Periodismo. Como abogado solo ejerció una vez para ganar una
demanda civil personal: “Quizás en algún momento tuve deseos de
realizarme como jurista, pero sabía que no me iba a dedicar a
eso. Lo terminé de estudiar porque era algo que ya había
empezado y debía terminar.”
En sus venas corrió, desde
temprana edad, la osadía de los periodistas. Participó en
manifestaciones revolucionarias contra el gobierno de Fulgencio
Batista. Debido a esto sufrió detenciones dos veces. La segunda
vez no murió por la intervención del Decano del Colegio de
Periodistas, conocido de su padre, porque era trabajador allí; y
por él, entonces estudiante de la institución: “En la prisión
torturaban y mataban, pero por aquella intervención pocas
semanas después fui deportado a España.”
Cuando triunfó la
Revolución, Molina regresó unos meses después para fungir como
editor del diario Combate y redactor de la recién fundada
agencia Prensa Latina. Asimismo, al volver a Cuba ejerció igual
responsabilidad en el periódico Hoy. Así estuvo por más de un
año. Aún cuando realizó la función de jefe de Información acudía
a los eventos más importantes para reportarlos o saber lo que
ocurría, para lograr un mejor resultado de los corresponsales a
quienes había confiado la tarea, y así dar un tratamiento
adecuado a la noticia e inculcar a los periodistas el compromiso
con la labor desempeñada. Después, ingresó en Granma.
Como profesional tuvo una
oportunidad única: fue el encargado de reportar las audiencias
del Congreso de los Estados Unidos cuando se analizaba la muerte
del presidente norteamericano John F. Kennedy.
-Mucho se ha
especulado sobre la
existencia de un
complot con respecto al magnicidio de Kennedy, ¿cuál es su
opinión?
Apoyado en mis experiencias
por haber vivido esos intensos momentos y porque consulté
bibliografía reciente sobre el tema, puedo decir que existen
pruebas confiables que muestran la posibilidad real de una
maniobra en torno a ese suceso. Aún existen documentos
clasificados de la CIA que esclarecerían el hecho, sus autores
intelectuales y ejecutores.
A lo largo de su carrera
realizó otras labores entre las que menciona, con especial
emoción, las coberturas periodísticas de los recorridos de Fidel
Castro y el haber sido corresponsal de guerra en Argelia, Guinea
Bissau y el Medio Oriente: “Es curioso que auque se esté contra
la guerra porque no es la única manera de liberar un país,
cuando se produce un conflicto, la mayor parte de los reporteros
hacemos por ir, pues es algo que apasiona: cubrir las cosas que
no son fáciles. Cosas atrayentes para el lector.”
-¿Qué acontecimiento
quiso cubrir y no pudo?
Otra guerra, por ejemplo, la
de Angola y la de Vietnam, en esa última me dieron “un palo
periodístico”, como me dijo Fidel el 31 de diciembre de 1965.
Algunos días antes, Marta Rojas y Raúl Valdés Vivó se me
adelantaron en hacer la petición para ir a la guerrilla en el
sur de Vietnam.
El haber transitado por
diversos medios y tener experiencias profesionales poco comunes
para un periodista le han enseñado que en cuestiones de prensa
el mejor estilo es el directo, sencillo y personalizado, sin
dejar de ser elegantes, ir a lo preciso, economizar los
adjetivos: “Mi paso por Prensa Latina con Jorge Ricardo Masetti
me enseñó a ser realmente objetivo manejando la información,
aunque no imparcial.”
Uno de los mayores provechos
que pudo sacar Molina de esa etapa de su vida fue el de cultivar
un gran amigo, también fundador de Prensa Latina. En las tardes,
luego de terminar el trabajo en la redacción de la agencia, iban
al bar más cercano y allí, junto con otros compañeros, componían
el mundo: “Como Gabriel García Márquez es un tipo tan simpático
y ocurrente, se ganó la amistad de todos y conmigo no fue
diferente.”
-¿Tiene pensado
escribir sus memorias?
Muchos colegas me lo han
recomendado y no creo que sea una mala idea. Pienso que estoy
preparando las condiciones.
Para cualquier joven
profesional de la prensa charlar con un hombre con la
experiencia de Molina es realmente provechoso y muy instructivo
porque seguro aprenderá que en cualquier medio se puede hacer
una buena labor reporteril si se es consciente del espacio, del
género de trabajo que se quiere realizar, de la voluntad para
buscar la verdad y las técnicas informativas a utilizar para
lograr lo deseado: “Todo depende de la agudeza periodística, de
darse cuenta dónde y cuándo usar las técnicas necesarias.”
Testigo de lo educativa que
puede ser dicha conversación es Gustavo Becerra, actual jefe de
redacción del semanario Granma Internacional: “Cada reunión de
trabajo que estuve a su lado durante 15 años fue una lección de
periodismo. Lo considero uno de mis grandes maestros. Puedo
decir que Gabriel es una persona que respira, se alegra y vive
por su profesión. Es de las personas que dan la oportunidad,
sobre todo a los jóvenes. Motiva, inspira a enamorarse de una
idea, a buscar lo nuevo como principal característica para que
algo sea noticia.”
-El periodismo que
ha hecho durante la mayor parte de su carrera es el
internacional, ¿qué le ha aportado?
Experiencias muy valiosas,
en particular las de Argelia. Además, permitirme conocer los
verdaderos hilos de la política internacional, las motivaciones
y el modo de actuar del gobierno de Estados Unidos durante los
diferentes períodos presidenciales desde los inicios de su
historia.
Aunque está jubilado, Molina
no deja de colaborar con el periódico Granma ni con el semanario
Granma Internacional. Cada vez que escribe lo hace con el mismo
interés y cuidado del primer día porque piensa que “en el
periodismo nunca te puedes achantar.”
Este hombre de 78 años no
quiso terminar el diálogo sin hacerme cómplice de una sugerencia
para los que dan los primeros pasos: la obligada consulta y la
investigación constante deben ir de la mano de un reportero con
experiencia.
“A los estudiantes y
periodistas jóvenes quisiera decirles que nunca crean que lo han
hecho todo, que su artículo o crónica es la mejor. Laboren con
rigor, dando lo mejor de cada uno. Sean perseverantes y
constantes para hacer buenos trabajos y no para salir del paso.
Hagan de cada creación una obra de arte.”
(Fuente:
Blog
IslalSur
de Iraida Calzadilla)