El
verdadero rostro de la SIP
No le interesa la prensa ni los
periodistas, su razón de ser es servir a Washington, responder a
sus intereses, aunque viole sus estatutos, en los cuales se
consigna: "el gremio está destinado a servir por igual a sus
afiliados del norte, centro y sur de América"
Deisy Francis Mexidor
De 1987 al 2008 fueron asesinados 332
profesionales de la prensa en América Latina. Solo entre enero y
agosto del pasado año llegaron a 21 las víctimas fatales del
sector en la región. Y la cifra sigue creciendo.
Sin embargo, ese tema no capitalizó el
encuentro de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP),
celebrado en Asunción, Paraguay. Para ese organismo, que agrupa
a dueños y editores de unos 1 300 medios impresos del
continente, es más importante cuestionar lo que ha definido como
democracias populistas.
Es decir, a la SIP no le interesa la prensa
ni los periodistas, su razón de ser es servir a Washington,
responder a sus intereses, aunque viole sus estatutos, en los
cuales se consigna: "el gremio está destinado a servir por igual
a sus afiliados del norte, centro y sur de América".
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Hugo Chávez y Rafael
Correa, líderes de dos procesos que están en el
colimador de la SIP. |
Leí recientemente que si la
Sociedad Interamericana de Prensa fuese una entidad
objetivamente comprometida con la libertad, la
independencia y la democracia, el edificio que en Miami
alberga su sede no debería llamarse Jules Dubois, aquel
sórdido oficial de la CIA que diseñó sus principios y
doctrina y aprendió a encubrir la verdad a través de la
mentira. |
Fue a Dubois a quien el Che calificó de
"miserable gángster" en una carta pública al director de la
revista Bohemia, fechada el 23 de mayo de 1959, considerada esa
como la primera gran denuncia internacional contra la SIP.
"Sucede —escribió entonces el Comandante Ernesto Guevara de la
Serna— que Jules Dubois, la United Fruit y otras compañías
frutícolas, mineras, ganaderas, telefónicas o eléctricas,
explotadoras del pueblo en una palabra, han ordenado desatar la
clásica cortina de las mentiras asalariadas". Esta es la esencia
de la SIP, y el modus operandi no ha cambiado.
Por eso no varía ni una letra en la
política pro estadounidense el que cada autoridad de turno
utilice la misma retórica: descalificar a aquellos gobiernos
"hostiles" que forman parte del llamado "eje del mal" y
disienten del concepto de "libertad de prensa" diseñado bajo los
códigos de EE.UU., motivo por el cual Cuba es un blanco
permanente en la agenda de la SIP.
Según EFE, en Paraguay el presidente de la
comisión de libertad de expresión, Robert Rivard, del diario
norteamericano San Antonio Express-News, afirmó que en la Isla
"persisten otros problemas de larga data", pero que "lo más
notable es la absoluta represión a una prensa independiente y a
la libertad de expresión".
¿De qué prensa independiente habla Rivard?
¿De los fabricados por la Sección de Intereses estadounidenses
en la capital cubana?
A lo largo de estos años, múltiples han
sido las pruebas aportadas por Cuba que señalan la participación
de diplomáticos norteamericanos en esta parte del "juego sucio"
respecto a la labor de subversión, a la que la Casa Blanca ha
destinado cuantiosos recursos a través de agencias como la
National Endowment for Democracy (NED), subsidiaria del
Departamento de Estado y la CIA.
Para nadie es un secreto que como parte de
la aplicación del Carril II de la Ley Torricelli, desde la
década de los noventa y en momentos en que se recrudecía el
periodo especial, esa sede diplomática sirvió de "gestora" de la
llamada prensa independiente, así como de los principales
cabecillas de los denominados "disidentes", a los cuales paga
como se paga a los traidores y mercenarios.
En el 2003 el Gobierno cubano denunció ante
la opinión pública mundial cómo la Casa Blanca reclutaba a sus
mercenarios locales. Uno de los agentes, infiltrado en la red de
la contrarrevolución, el fallecido colega Néstor Baguer, refirió
la "motivación" de los "periodistas independientes":
"Primero, la visa que les daban
inmediatamente. Bastaba con un mes que estuviera la gente
escribiendo y se iba para EE.UU. en el primer avión. Se
ahorraban la cola, los disgustos y la humillación en la Sección
de Intereses. Segundo, el pago (...) solo por inflar globos".
Como mercenarios de fila tienen la misión
de transmitir con "plena libertad" la realidad cubana, lo que
equivale a distorsionar, manipular, difamar... en
correspondencia con una estrategia de los gobiernos de Estados
Unidos —y que suscribe la SIP—, que persigue la añorada
"transición" al capitalismo.
OTROS BLANCOS EN EL
COLIMADOR
Tal proceder, más parecido al de un
Departamento (ministerio) de las administraciones
norteamericanas, que al de una organización de profesionales al
servicio de la verdad, ha llevado a la SIP a establecer que en
la actualidad la principal barrera para el ejercicio de la
profesión en América Latina son los procesos que se oponen a los
designios de Washington.
Las acusaciones a la Revolución bolivariana
y al presidente Hugo Chávez son virulentas. Jesse Chacón,
ministro de Comunicación e Información del país sudamericano
alertaba, a propósito de la reunión de Paraguay, que no deben
extrañar los informes que presente la SIP sobre cualquier
gobierno progresista que surja en la región "que no esté en la
línea de lo que decide el sindicato de dueños de medios".
Recuérdese el burdo y decisivo rol que
desempeñaron los medios de comunicación en la planificación,
preparación y ejecución del golpe contra Chávez en abril del
2002. Durante los días que precedieron a la fracasada intentona
operaron como verdaderos puestos de mando de los conspiradores,
así Venevisión, RCTV, Globovisión y Televen sustituyeron la
programación habitual con incesantes discursos contra el líder
bolivariano, solo interrumpidos por comerciales que llamaban a
los televidentes a salir a las calles.
Los principales órganos de prensa al
servicio de la oligarquía actuaron como si fuesen un partido
opositor que incitó y prácticamente dirigió la asonada. La
flamante Sociedad Interamericana de Prensa no condenó el hecho,
sería censurar su propio proceder.
No es casual tampoco que a la "lista negra"
de la SIP se sumen, además, los gobiernos de Bolivia, Ecuador,
Honduras, Nicaragua y Argentina.
Ante tanto descrédito y falsedad, el
mandatario ecuatoriano, Rafael Correa, cuestionó la legitimidad
de esa agrupación para juzgar la libertad de prensa en su país.
"¿Qué calidad moral tiene la Sociedad Interamericana de Prensa,
la asociación de los dueños de periódicos, quién les ha dado
alguna autoridad?", dijo.
La cita de Asunción dejó el sabor de más de
lo mismo. Esa especie de "secretaría" de Washington volvió a
emitir su batería de resoluciones contra los gobiernos
"totalitarios y dictatoriales" e ignoró flagrantemente, no por
pura coincidencia, la condena a Estados Unidos, cuya
administración lideró en marzo del 2003 la invasión y posterior
ocupación de Iraq donde, desde esa fecha, han muerto mucho más
periodistas que todos los reporteros fallecidos durante la
Segunda Guerra Mundial y en la cobertura de la guerra de
Vietnam.
Tampoco cuestionó las numerosas acusaciones
de organizaciones civiles estadounidenses por las famosas
escuchas ilegales aprobadas en tiempos de George W. Bush contra
los ciudadanos de EE.UU., incluidos los propios medios de
comunicación de ese país, en ocasiones duramente presionados
para que revelaran las fuentes de algunos de sus casos más
sonados dentro del panorama político interno.
Sobre esas cuestiones la SIP hace mutis
porque es una mirada que molesta al poderoso amo.
(Fuente:
Granma)