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Terrorismo mediático, concepto para
discutir
Tulio Monsalve
“Nos mean y
el Nacional dice que está lloviendo”. Graffiti caraqueño.
Es simple y llanamente una nueva religión de
las que se dicen reveladas. Que tienen al terror como credo, que
posee como todas, creencias, posiciones contra las cuales es absurdo
e innecesario discutir. Solo recomendamos combatir las falsas
creencias que en ella existen y no siempre de modo directo, lo que
conviene es discutir las imbecilidades que se disfrazan de
creencias: ejemplo “defender la libertad de prensa”. Es cómo creer
en el infierno sin antes haber experimentado con sus calores y
extremas sensaciones de dolor, y mas grave aún recomendar esta
creencia sin poseer de ellas más referencia que una noticia que por
vía de otros nos llega.
Pero de que el terrorismo mediático tiene
fundamentos que lo sustentan es algo más que obvio. Por ejemplo,
esta religión tiene uno de sus orígenes en el orden o desorden
informativo que se deriva del mundo de las noticias, sesgadas,
escritas en las cadenas de periódicos de los socios que tienen
militancia en la SIP, o Sociedad Interamericana de Prensa, dato que
no deja espacio a la duda.
Veamos los antecedentes de esta singular
sociedad mentirosa y capilla de esta religión, que es, a su vez
corporación de propietarios de medíos, compañía anónima especie de
Fedecámaras intercontinental de la difamación y el pánico.
El dato es que esta sociedad SIP, nace en 1943
en la Cuba del dictador, Fulgencio Batista. Desde allí hasta hoy no
ha habido invasión o intervención militar, obviamente
norteamericana, o golpe de estado promovido por ellos, en que la SIP
no haya colocado su palabra para apoyar. Son 64 años de pesada,
cruel y terrible barbarie, menos mal que cada pueblo invadido, cada
asesinato cometido y exaltado en esa prensa, ha recibido dolorosos
reclamos de la gente de nuestro continente. Sus eternos agredidos.
El periodista Gregorio Selser en su libro Breve
historia de la SIP, registra otros datos, entre ellos que Miguel
Otero Silva, propietario del Nacional de Caracas, delató en 1951 la
trampa que desde Norteamérica se llevó a cabo para cambiar los
estatutos de la sociedad aprobados en la reunión de Nueva York que
cambiaba su rumbo por el que ahora tristemente exhibe. La violación
delatada por MOS era: "dándole el carácter que ahora tiene una
entidad exclusivamente patronal de intercambio comercial,
estrictamente controlada por los vendedores de papel, las agencias
noticiosas y los buscadores de avisos que residen en Estados Unidos.
Nada más inoportuno en ese ambiente que un periodista".
Pero no fue todo, hay más datos: Otero Silva
denunció además como tendencioso un informe de la SIP en el cual
"mientras se le dedicaba 80 ó 90 por ciento de su contenido a
relatar minuciosamente los atropellos cometidos por Perón contra la
libertad de expresión, se tendía un piadoso y cómplice manto sobre
las dictaduras latinoamericanas".
Veamos el informe que criticaba, Otero Silva,
pues allí se hacia aparecer al tirano nicaragüense Anastasio Somoza
"como un ángel tutelar de la libertad de pensamiento" y se colocaban
como arquetipos de la democracia al chileno González Videla y a los
dictadores bolivianos. Mientras tanto, "daba vergüenza ver en
aquella asamblea de Montevideo a los esbirros intelectuales de
Rafael Leónidas Trujillo bramando en la tribuna para decir que Perón
era un tirano y que en su país, en cambio, se disfrutaba de una
absoluta libertad de pensar", mayor indignación y mayor iniquidad
para quienes hoy defienden la SIP, imposible.
Pero hay más datos en 1958 uno de los ex
presidentes de la SIP, el mexicano Miguel Lanz Duret (1909-1959),
director de El Universal, renunció a la organización cuando supo que
la SIP había solicitado su inscripción como corporación, dando como
sede la ciudad de Denver, en Estados Unidos. Con esta acción, para
Lanz Duret, "la SIP iría a depender, a todos los efectos jurídicos y
legales, de las leyes norteamericanas, desmintiendo así su supuesta
independencia y desvirtuando en los hechos la recomendable
extraterritorialidad que le confería, por ejemplo, una sede anual
móvil, distinto de la norteamericana".
Continua el rosario de iniquidades de la SIP,
en el año 2000, respuesta similar expusieron diario uruguayo La
República y la revista Posdata, los cuales hicieron pública su
renuncia a la sociedad, al enterarse que el antiguo director de
prensa de la dictadura militar de Pacheco Areco, (que tiranizó ese
país desde 1973 a 1985), Danilo Arbilla, había sido nombrado
presidente de la SIP. El prontuario de Arbilla es triste y siniestro
Extra, Ya, Eco, El Popular y Marcha, son entre otros de los 173
nombres de periódicos clausurados que aún deben rebotar en la
memoria del sicario Danilo Arbilla, el llameante vicepresidente del
Comité Ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP),
también hoy recibido por el anfitrión de Caracas Miguel Enrique
Otero. Bajo batuta de Arbilla fueron perseguidos, los escritores
Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, desaparecido
el subdirector del semanario Marcha, Julio Castro, y encarcelados y
torturados decenas de periodistas.
La historia de las renuncias a la SIP son
múltiples tenemos ahora la que firma el director de La República,
Federico Fasano Mertens, y fechada el 24 de octubre de 2000,
reprochaba que la designación de Arbilla como presidente de una
entidad que tenía entre sus principales objetivos declarados
"defender la libertad de prensa", constituía un insulto a la
conciencia democrática de los pueblos americanos. "Su designación al
frente del organismo que pretende velar por la libertad de prensa
equivale a poner al zorro a cuidar el gallinero. Por todo lo antes
dicho, el diario La República tiene el alto honor de renunciar,
formal y públicamente, como miembro de esta Sociedad mientras el
impostor continúe a su frente".
La SIP, y el terrorismo mediático son materia
que constituyen la misma moneda, su alianza es imposible de separar,
una es causa de la otra y a su vez en indignante realidad, cada una
efecto de su par.
Para este momento es un cartel de los grandes
dueños de medios de comunicación del continente, su nacimiento es
otro producto de la Guerra Fría, y su objetivo histórico no es otro
que la defensa de los oligopolios, y los intereses de las poderosas
redes económicas que el imperio le ha tejido a nuestras burguesías
de Latinoamérica para que frenen la vías hacia la real democracia de
nuestros pueblos.
¿Cual es el máximo logro de la SIP¿ usurpar la
representación del periodismo en la regional y hablar a su nombre;
hurtar los derechos que corresponden a las organizaciones sociales y
no a un bloque de poderosos propietarios de medios. Colocar a la
“gran prensa” y sus falacias como un recurso que diariamente
aterroriza la población y que mira con la espalda a sus pueblos.
¿Qué busca la SIP, la libertad de la prensa o
la defensa de la libertad de empresa? Quienes los vieron reunidos
en Caracas se encontraron frente a un grupo de prepotentes
empresarios tratando de esmerarse por presentar una falsa cara y
exponer su clasista concepción de lo que llaman prensa libre. Desde
ese falso púlpito juzgaron, con sus leyes y patente de corzo
otorgada en su sede de Miami, juzgando: quién respeta y quién no
acata sus pautas sobre la libertad de prensa. Son como los llamaba
Oswaldo Capriles, prepotentes censores encargados de “definir en
cuál país hay o no libertad de expresión”. Fraude que les permite
actuar como factor de presión y así poder hacer sus negocios
alternativos: regentar Ateneos y centros culturales, solicitar
crédito blando para negocios de la construcción, exigir pautas y
avisos o sencillamente convertirse en traficantes de armas y otros
bussines afines. ¡¡Que ingenio!!
¿Por qué su edificio sede en Miami se llama
Jules Dubois? ¿Era este un periodista?: no. Era editor: no. Era
investigador o docente de la materia: no; sencillamente fue un
sórdido oficial de la CIA que diseñó sus principios, doctrina y
logró que Estado Unidos alcanzara tener a partir de ellas 407 votos,
por ende lograr control absoluto. La gloria de Dubois fue coordinar
durante 15 años la labor de inteligencia entre la CIA y la SIP en
América Latina.
¿Qué vimos de la SIP en Caracas? El rostro
serio de unos magnates acusando al presidente Chávez, a la vez que
escondían lo que todo el mundo sabe acerca de Arbilla, funcionario
censor del Centro de Difusión e Información en la época de la
dictadura de Pacheco Areco en el Uruguay de José Gervasio Artigas.
Ese es el incomodo socio de mesa que acompañó a Miguel Otero en el
Hotel de los guarimberos de Altamira.
¿Qué debemos concluir de la experiencia del
Foro de Caracas que discutió sobre el Terrorismo Mediático, campo
histórico desde el cual la SIP pretende controlar nuestras
informaciones:
1. Evitar a toda costa seguir militando en el
proceso de imbecilización en los modos de pensar e invitar a
analizar cada noticia, cada comentario y armarnos desde la dudas
para reflexionar ante cada proposición noticiosa que nos quieran
vender.
2. Armarnos de la desconfianza y aguzar nuestra
capacidad crítica para evitar que la basura diaria que producen
ciertos medios llegue a obnubilar nuestra capacidad para ver los
asuntos en profundidad y real sentido analítico.
3. Delatar este poder que es capaz de colocar
actos detestables como practicas políticas y militares honrosas,
patrióticas, caso por ejemplo del asesinato ejecutado por Uribe en
la frontera con Ecuador y luego, colocarlo como víctima y
transformar al presidente Correa en victimario.
4. Evitar que dobleguen nuestra voluntad, por
los efectos del terror diario y el miedo que logran, cuando
criminalizan y persiguen aquellos que disienten, por ejemplo de
Uribe, o son capaces de delatar al cantante Juanes y su banda de
bien pagados para que traten de tapar con ropas blancas la sangre
del asesinato que Uribe cometió en la frontera ecuatoriana.
5. Dar cuenta de cómo acusan falsamente a Evo
Morales porque la nueva Constitución de Bolivia va a incluir un
artículo sobre el derecho de la gente a tener información veraz.
Repiten la misma historia de lo sucedido en Venezuela con artículo
similar, y ya hace siete años que existe y cuyo producto es exceso
de democracia informativa.
(Fuente:
analitica.com)
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