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La SIP es un
monstruo disfrazado de superhéroe
Como siempre, la excusa será la defensa de la
libertad de expresión en el hemisferio. Así de rimbombante. Suena
como el eslogan de cualquier superhéroe estadounidense, que con
malla ajustada, antifaz y las siglas SIP en el pecho, intenta salvar
a una damisela despistada. Pero en este caso la damisela es
Latinoamérica y afortunadamente no es precisamente despistada.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP),
está lista para cumplir una nueva misión: convertir su reunión en
Caracas en otra instigación contra Venezuela.
Los instrumentos para llevar adelante este
“servicio a la humanidad” son los que ha utilizado siempre: todos
sus asociados enfrascados en gigantescas campañas desinformativas.
Las mismas armas utilizadas en décadas pasadas para defender más de
una siniestra dictadura.
En aquella época, igual que ahora, las
supuestas mortificaciones de SIP por la libertad de expresión sólo
se refieren a los intereses comerciales, económicos y financieros de
las grandes corporaciones de medios y a la condena insistente de
cualquier Estado que intente transgredir esos intereses.
En lugar de un superhéroe, la SIP en realidad
se ha convertido en un verdadero monstruo con mil 300 tentáculos que
representan a periódicos y revistas de más de 30 países desde la
Patagonia hasta Alaska, con una circulación combinada de 43 millones
353 mil 762 ejemplares.
Los estatutos de la SIP dicen que es un “ente
independiente que no responde a ningún gobierno ni interés
especial”, pero desde su nacimiento hasta la actualidad, su vínculo
con Estados Unidos es inocultable.
El concepto inicial se desarrolló en 1926,
cuando unos 130 periodistas del hemisferio se reunieron en
Washington DC. para el Primer Congreso Panamericano de Periodistas,
y adoptaron una resolución que aprobaba el establecimiento de una
organización interamericana permanente de periodistas.
Este embrión de lo que ahora conocemos como la
SIP era una organización predominantemente latinoamericana, hasta
que 1946 un pequeño grupo de editores y directores de periódicos
norteamericanos establecieron en Estados Unidos una sede.
Al comenzar la década de los cincuenta, nació
formalmente la Sociedad Interamericana de Prensa, bajo auspicios
netamente estadounidenses. Algunos mencionan a la Agencia Central de
Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) como principal
promotora del organismo.
Actualmente la organización está gobernada por
una junta de directores que rinde cuentas a todos los socios durante
la Asamblea General anual. Un comité ejecutivo supervisa las
actividades diarias del personal de la organización, que labora en
la sede central de la SIP, en Miami.
Desde la soleada Florida se tejen informes como
el que previsiblemente saldrá de la reunión en Caracas. Un documento
sesgado e inconsistente. Por eso anuncian preocupación por la
realidad en Venezuela, Cuba, Bolivia o Ecuador, mientras obvian
descaradamente casos claros de confiscación de la libertad de
expresión en países como Colombia, México o El Salvador.
Todo será dicho en frases típicas de comiquita
para convencer incautos: “¡Lucharemos contra la injusticia hasta el
infinito y más allá!”. Frases hechas para que los desprevenidos no
puedan notar que el ente que habla es sencillamente un monstruo
disfrazado de superhéroe.
(Fuente:
ABN)
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