El periodismo en Girón (22)
Eduardo Heras: Girón en la sobrevida
Consuelo Casanova
La gesta de
Playa Girón tuvo un participante, Eduardo Heras León, que años
después escribió un libro capital en la historia de la narrativa
cubana: La guerra tuvo seis nombres. Este cuaderno de cuentos
(Premio David, 1968) nos muestra cómo la épica puede ser abordada no
sólo desde la reconstrucción histórica y testimonial, sino como ha
señalado Francisco López Sacha, “desmontando lo histórico en
fragmentos, en caracteres, en sucesos (…) para crear un sustrato
donde puede apreciarse la experiencia individual en medio de un
suceso colectivo” (…) Ese enfoque hace que el gran acontecimiento se
vislumbre tanto en un plano objetivo “que desplaza los hechos hacia
sus consecuencias íntimas”, y simultáneamente como subjetivo porque
refleja “el crecimiento y la madurez abrupta de cientos de hombres
(…), para quienes el aprendizaje de la guerra iba a ser decisivo”.
En otras palabras, este libro intenta contar una gesta sin olvidar
el profundo sentido de lo humano: los personajes se van convirtiendo
en héroes entre sus pasiones, miedos, errores y su coraje,
desinterés y capacidad de sacrificio. Y lo logra de manera ejemplar,
por lo que se ha convertido en cita obligada al hablar de esta vital
epopeya desde el espacio de la ficción, un clásico de la narrativa
cubana y a la vez un documento de permanentes valores históricos.
¿Qué
importancia le concede usted a la gesta de Playa Girón en el destino
de la nación cubana a 50 años de su conmemoración?
Resulta ya un
lugar común referirse a la batalla de Playa Girón como “la primera
derrota del imperialismo en América”, y aunque eso es cierto, nadie
lo duda, creo que Girón desbordó su significado político, que es
enorme, para convertirse en una experiencia humana trascendental
para varias generaciones de cubanos. Y para la propia Revolución,
independientemente de la victoria política con ribetes históricos
que ella representa, fue la oportunidad, única por su contenido, de
fundir en un corpus a prueba de balas y de ideas, la voluntad de un
pueblo entero de defender un proyecto que nos había transformado
para siempre. De allí surgió un ejército de nuevo tipo: ya no sería
más, de un lado el Ejército Rebelde y del otro, las Milicias
Nacionales Revolucionarias. De las arenas de Girón surgieron las
Fuerzas Armadas Revolucionarias. De allí surgió la verdadera unidad
del pueblo, sellada con la sangre de muchos héroes, con la
Revolución.
En La guerra
tuvo seis nombres, uno de sus personajes (Eduardo) dice: “la guerra
(al referirse a Playa Girón) la ganaron todos. Los que combatieron y
los que no combatieron”. ¿Por qué Eduardo hace esta afirmación?
Porque es
absolutamente cierta. La batalla de Playa Girón la ganaron los que
combatieron con el fusil, el cañón, el mortero, el avión, el tanque,
directamente en el escenario del combate –aquella alucinante
carretera--, pero también los mecánicos que inventaban piezas de
repuesto para mantener los aviones en disposición combativa; las
maravillosas milicianas que en el batey del Central Australia
preparaban gigantescas ollas de arroz congrí y picadillo para
apaciguar nuestros estragados estómagos; todo el personal que en la
retaguardia cuidaba la seguridad de nuestras calles para evitar que
una quinta columna colaborara con los mercenarios que desembarcaban;
en fin, todo el que tuvo una mínima participación desempeñó un
importante papel en la victoria de todo el pueblo. En el caso del
personaje Eduardo, a pesar de que él ha tenido un papel de relativa
importancia (ha cumplido una misión de la comandancia para llevar
unos mapas a la primera línea) y su jeep ha sido ametrallado dos
veces por un B-26, junto con otras peripecias, él siente la angustia
de no haber hecho más, y de que su batería no entrara directamente
en el combate, como sí hizo la batería de su amigo, el teniente
Aldo. El resumen de sus pensamientos es la frase (que le dice a un
subordinado): “La guerra es una espera larga”.
¿Considera, a
cincuenta años de la gesta de Playa Girón, que este hecho histórico
reafirma el proyecto social cubano actual?
¿Es el
proyecto social cubano actual, el mismo de 1961? Si la respuesta es
afirmativa, mi respuesta a tu pregunta sería: “Sí”. Pero los años
pasan, las circunstancias se modifican, los contextos cambian,
nuevas generaciones de cubanos actúan y ejercen criterios e
interactúan de otra manera con el medio, y es muy posible que el
proyecto social cubano haya sufrido, en estos cincuenta años de duro
batallar con el enemigo más poderoso de la tierra, muchas
modificaciones, que lo hayan transformado de acuerdo con las
circunstancias. Creo, sin embargo, que aunque tal vez no sea éste el
mejor tiempo para las utopías que quisimos hacer realidad, las
conquistas esenciales se han conservado. ¿Necesitan renovarse,
transformarse, a veces desde la propia raíz de esas conquistas? Por
supuesto que sí. Y creo como se ha dicho, que tal vez estamos ante
la última oportunidad de hacerlo. Un pueblo entero espera para
seguir reafirmando el proyecto social cubano.
¿Alguna
vivencia no contada aún sobre Playa Girón?
Por supuesto
que sí. Mira, cada año, cuando se acercan estos días que no se
borrarán jamás de la memoria, siempre me llaman compañeros “de la
vieja guardia” (así nos llamamos entre nosotros), y junto con el
afecto que crece con los años, nos intercambiamos recuerdos,
anécdotas que se nos olvidaron, vivencias perdidas en este medio
siglo de duro bregar. La conclusión es siempre la misma: tenemos que
reunirnos alguna vez para que esos valiosos recuerdos no se pierdan.
Y ahora que estoy comenzando el proyecto de escribir algo así como
unas memorias, estoy seguro de que surgirán, y ocuparán su lugar en
ese libro.
¿Playa Girón
fue para usted un bautismo de fuego donde observó que todas las
pasiones humanas se definen más nítidamente?
Playa Girón
fue el bautismo de fuego no sólo mío, sino de toda una generación
que no había vivido la epopeya de la Sierra Maestra; una generación
muy joven que maduró tal vez prematuramente. Siempre cito aquellas
palabras de Ernest Hemingway en las que afirmaba que fenómenos como
la guerra, donde se prueban al límite las posibilidades del hombre,
lo hacían madurar antes de tiempo. Y eso nos ocurrió a nosotros, y
sobre todo a los inolvidables niños héroes de la Base Granma, que en
Girón manejaban las armas antiaéreas. En ese escenario de combate,
en esas condiciones extremas, por supuesto que todas las pasiones
humanas se definen mucho más nítidamente (la frase es de Mijaíl
Sholojov): el miedo, el odio, el amor, el coraje, la angustia, la
capacidad de sacrificio, la solidaridad entre los hombres están al
alcance de nuestros sentidos, casi a flor de piel.
¿Cree que
sentir miedo en una contienda bélica como Playa Girón es una
degradación del ser humano o no?
¿Por qué
degradación? El miedo es un sentimiento humano, es el compañero
dialéctico del valor. Y ante una situación de combate, donde el
peligro de perder la vida es una realidad bien palpable, donde le
ves la cara a la muerte, esos dos sentimientos entablan una lucha en
el interior del ser humano. Cuando apenas has recibido tu bautismo
de fuego, te encuentras con un avión disparándote con diez
ametralladoras (como tenían los B-26), las balas cayendo cerca de
ti, hiriendo y matando a tus compañeros; en esas circunstancias,
junto con la indignación y el dolor, ¿quién no siente miedo? Otra
cosa es que ese miedo se vuelva incontrolable, y te lleve a
abandonar el combate, o a dejar solo a un compañero herido. En ese
caso, el miedo se convierte en cobardía. Siempre recuerdo una frase
de mi amigo, el escritor Germán Piniella (que yo empleo como
epígrafe de m i cuento “Pardo”): “El miedo no se lleva en la
mochila, lo lleva el hombre dentro”. En pocas palabras: siempre se
siente miedo, sobre todo al inicio del combate; pero el hombre es
capaz de vencerlo, de eso estoy seguro.
El escritor
cubano Francisco López Sacha ha señalado que la posibilidad de
contar una gesta como Playa Girón sin olvidar ni soslayar el
profundo sentido de lo humano es quizás la lección definitiva de La
guerra tuvo seis nombres. ¿Qué opinión le merece esta afirmación?
¿La volvería a contar con este sentido?
Creo que esta
afirmación de Sacha es una muestra de la profundidad de su análisis
de mi libro, y coincido plenamente con ella. Pienso que la guerra
puede contarse de muchas formas; unas veces desde el punto de vista
ético, otras narrando las peripecias, los combates, los actos de
heroísmo o cobardía. Hay toda una literatura de guerra que he leído
profusamente, porque soy un verdadero fanático de esta temática,
particularmente de la literatura soviética de guerra. Ahora bien, a
mí como escritor lo que me interesa es resaltar lo específicamente
humano, las reacciones de los hombres ante semejante acontecimiento:
me interesa no el retrato físico de esos hombres, sino su retrato
psicológico. Por eso, si tuviera que escribirlo otra vez, lo
contaría igual, por supuesto lo haría quizás utilizando otras
técnicas, procedimientos más novedosos, pero la perspectiva sería la
misma.
Playa Girón fue
una vivencia que lo impulsó a escribir. ¿Por qué?
Quién lo sabe.
He tenido en la vida otras vivencias trascendentales, inolvidables,
que sin embargo no he convertido en literatura. Algún mecanismo
interno, alguna química especial tiene que darse para que la
vivencia se vuelva escritura. Pero nunca he querido averiguarlo. Le
dejo eso a los críticos, a los investigadores de la literatura: tal
vez sea uno de los misterios con que nace cada escritor.
¿Cómo es en la
actualidad Girón en su memoria?
Es y seguirá
siendo el hecho más importante de mi vida, el que la dividió en dos
mitades: en un antes y un después. Y te confieso algo: Girón es para
mí una perpetua nostalgia. El que vivió aquellos días, como
nosotros, intensamente; el que vio caer a sus compañeros, el que
cantó el himno nacional cruzando Jagüey Grande a oscuras, el que
admiró a los niños héroes que derribaban aviones con sus cuatro
bocas; el que sintió cerca la muerte luchando infructuosamente
contra la vida, intentando vencerla, nunca podrá olvidar aquellos
días que quedaron para siempre en nuestra memoria.
(Fuente:
CUBARTE)
(Tomada la parte del episodio de Playa Girón que forma parte de una
entrevista más amplia con Eduardo Heras León, donde se abordan otros
temas).
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Apenas
comenzado el curso 1960-1961, y respondiendo al llamado
de Fidel, se presentó como voluntario para los cursos de
formación de las primeras unidades de artillería de
milicias. Realizó la caminata de los 62 km y fue ubicado
en la fortaleza de La Cabaña y, posteriormente, en la
Base de Baracoa, donde recibió el Curso de Morteros 120
mm. Terminado el Curso de Morteros, fue seleccionado
para pasar un Curso de Jefe de Batería de Morteros 120
mm, en el que resultó primer expediente. Posteriormente
pasó el Curso de Instructores de Morteros, donde también
fue el primer expediente, motivo por el cual recibió
como regalo una pistola de manos del Comandante en Jefe.
Casi terminando el curso de instructores, y durante la
realización del tiro combativo (era el 15 de abril de
1961), fueron trasladados con urgencia hacia la Base de
Baracoa, con motivo de la invasión mercenaria a Playa
Girón. Heras fue designado segundo jefe de la Batería 7
de morteros 120 mm, con la cual participó en los
combates de Playa Girón. Se mantuvo en el Ejército hasta
1968 y obtuvo los grados de 1er. teniente. Ese año pidió
la baja por motivos de salud y matriculó en la recién
fundada Escuela de Periodismo de la Universidad de La
Habana. Durante los años de estudio, obtuvo el Premio
"David" de Cuento de la Unión de Escritores y Artistas
de Cuba (UNEAC), con su libro La guerra tuvo seis
nombres. |