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Martes, 10 de Mayo de 2011

El periodismo en Girón (22)
Eduardo Heras: Girón en la sobrevida

Consuelo Casanova

La gesta de Playa Girón  tuvo un participante, Eduardo Heras León,  que años después escribió un libro capital en la historia de la narrativa cubana: La guerra tuvo seis nombres.  Este cuaderno de cuentos (Premio David, 1968) nos muestra cómo la épica puede ser abordada no sólo desde la reconstrucción histórica y testimonial, sino como ha señalado Francisco López Sacha, “desmontando lo histórico en fragmentos, en caracteres, en sucesos (…) para crear un sustrato donde puede apreciarse la experiencia individual en medio de un suceso colectivo” (…) Ese enfoque hace que el gran acontecimiento se vislumbre tanto en un plano objetivo “que desplaza los hechos hacia sus consecuencias íntimas”, y simultáneamente como subjetivo porque refleja “el crecimiento y la madurez abrupta de cientos de hombres (…), para quienes el aprendizaje de la guerra iba a ser decisivo”. En otras palabras, este libro intenta contar una gesta sin olvidar el profundo sentido de lo humano: los personajes se van convirtiendo en héroes entre sus pasiones, miedos, errores y su coraje, desinterés y capacidad de sacrificio. Y lo logra de manera ejemplar, por lo que se ha convertido en cita obligada al hablar de esta vital epopeya desde el espacio de la ficción, un clásico de la narrativa cubana  y a la vez  un documento de permanentes valores históricos. 

¿Qué importancia le concede usted a la gesta de Playa Girón en el destino de la nación cubana a 50 años de su conmemoración? 

 Resulta ya un lugar común referirse a la batalla de Playa Girón como “la primera derrota del imperialismo en América”, y aunque eso es cierto, nadie lo duda, creo que Girón desbordó su significado político, que es enorme, para convertirse en una experiencia humana trascendental para varias generaciones de cubanos. Y para la propia Revolución, independientemente de la victoria política con ribetes históricos que ella representa, fue la oportunidad, única por su contenido, de fundir en un corpus a prueba de balas y de ideas, la voluntad de un pueblo entero de defender un proyecto que nos había transformado para siempre. De allí surgió un ejército de nuevo tipo: ya no sería más, de un lado el Ejército Rebelde y del otro, las Milicias Nacionales Revolucionarias. De las arenas de Girón surgieron las Fuerzas Armadas Revolucionarias. De allí surgió la verdadera unidad del pueblo, sellada con la sangre de muchos héroes, con la Revolución.

En La guerra tuvo seis nombres, uno de sus personajes (Eduardo) dice: “la guerra (al referirse a Playa Girón) la ganaron todos. Los que combatieron y los que no combatieron”. ¿Por qué Eduardo hace esta afirmación? 

Porque es absolutamente cierta. La batalla de Playa Girón la ganaron los que combatieron con el fusil, el cañón, el mortero, el avión, el tanque, directamente en el escenario del combate –aquella alucinante carretera--, pero también los mecánicos que inventaban piezas de repuesto para mantener los aviones en disposición combativa; las maravillosas milicianas que en el batey del Central Australia preparaban gigantescas ollas de arroz congrí y picadillo para apaciguar nuestros estragados estómagos; todo el personal que en la retaguardia cuidaba la seguridad de nuestras calles para evitar que una quinta columna colaborara con los mercenarios que desembarcaban; en fin, todo el que tuvo una mínima participación desempeñó un importante papel en la victoria de todo el pueblo.  En el caso del personaje Eduardo, a pesar de que él ha tenido un papel de relativa importancia (ha cumplido una misión de la comandancia para llevar unos mapas a la primera línea) y su jeep ha sido ametrallado dos veces por un B-26, junto con otras peripecias, él siente la angustia de no haber hecho más, y de que su batería no entrara directamente en el combate, como sí hizo la batería de su amigo, el teniente Aldo. El resumen de sus pensamientos es la frase (que le dice a un subordinado): “La guerra es una espera larga”. 

¿Considera, a cincuenta años de la gesta de Playa Girón, que este hecho histórico reafirma el proyecto social cubano actual? 

¿Es el proyecto social cubano actual, el mismo de 1961? Si la respuesta es afirmativa, mi respuesta a tu pregunta sería: “Sí”. Pero los años pasan, las circunstancias se modifican, los contextos cambian, nuevas generaciones de cubanos actúan y ejercen criterios e interactúan de otra manera con el medio,  y es muy posible que el proyecto social cubano haya sufrido, en estos cincuenta años de duro batallar con el enemigo más poderoso de la tierra, muchas modificaciones, que lo hayan transformado de acuerdo con las circunstancias. Creo, sin embargo, que aunque tal vez no sea éste el mejor  tiempo para las utopías que quisimos hacer realidad, las conquistas esenciales se han conservado. ¿Necesitan renovarse, transformarse, a veces desde la propia raíz de esas conquistas? Por supuesto que sí. Y creo como se ha dicho, que tal vez estamos ante la última oportunidad de hacerlo. Un pueblo entero espera para seguir reafirmando el proyecto social cubano. 

¿Alguna vivencia no contada aún sobre Playa Girón? 

Por supuesto que sí. Mira, cada año, cuando se acercan estos días que no se borrarán jamás de la memoria, siempre me llaman compañeros “de la vieja guardia” (así nos llamamos entre nosotros), y junto con el afecto que crece con los años, nos intercambiamos recuerdos, anécdotas que se nos olvidaron, vivencias perdidas en este medio siglo de duro bregar. La conclusión es siempre la misma: tenemos que reunirnos alguna vez para que esos valiosos recuerdos no se pierdan. Y ahora que estoy comenzando el proyecto de escribir algo así como unas memorias, estoy seguro de que surgirán, y ocuparán su lugar en ese libro. 

¿Playa Girón fue para usted un bautismo de fuego donde observó que todas las pasiones humanas se definen más nítidamente? 

Playa Girón fue el bautismo de fuego no sólo mío, sino de toda una generación que no había vivido la epopeya de la Sierra Maestra; una generación muy joven que maduró tal vez prematuramente. Siempre cito aquellas palabras de Ernest Hemingway en las que afirmaba que fenómenos como la guerra, donde se prueban al límite las posibilidades del hombre, lo hacían madurar antes de tiempo. Y eso nos ocurrió a nosotros, y sobre todo a los inolvidables niños héroes de la Base Granma, que en Girón manejaban las armas antiaéreas. En ese escenario de combate, en esas condiciones extremas, por supuesto que todas las pasiones humanas se definen mucho más nítidamente (la frase es de Mijaíl Sholojov): el miedo, el odio, el amor, el coraje, la angustia, la capacidad de sacrificio, la solidaridad entre los hombres están al alcance de nuestros sentidos, casi a flor de piel. 

¿Cree que sentir miedo en una contienda bélica como Playa Girón es una degradación del ser humano o no? 

¿Por qué degradación? El miedo es un sentimiento humano, es el compañero dialéctico del valor. Y ante una  situación de combate, donde el peligro de perder la vida es una realidad bien palpable, donde le ves la cara a la muerte, esos dos sentimientos entablan una lucha en el interior del ser humano. Cuando apenas has recibido tu bautismo de fuego, te encuentras con un avión disparándote con diez ametralladoras (como tenían los B-26), las balas cayendo cerca de ti, hiriendo y matando a tus compañeros; en esas circunstancias, junto con la indignación y el dolor, ¿quién no siente miedo? Otra cosa es que ese miedo se vuelva incontrolable, y te lleve a abandonar el combate, o a dejar solo a un compañero herido. En ese caso, el miedo se convierte en cobardía. Siempre recuerdo una frase de mi amigo, el escritor Germán Piniella (que yo empleo como epígrafe de m i cuento “Pardo”): “El miedo no se lleva en la mochila, lo lleva el hombre dentro”. En pocas palabras: siempre se siente miedo, sobre todo al inicio del combate; pero el hombre es capaz de vencerlo, de eso estoy seguro. 

El escritor cubano Francisco López Sacha ha señalado que la posibilidad de contar una gesta como Playa Girón sin olvidar ni soslayar el profundo sentido de lo humano es quizás la lección definitiva de La guerra tuvo seis nombres. ¿Qué opinión le merece esta afirmación? ¿La volvería a contar con este sentido? 

Creo que esta afirmación de Sacha es una muestra de la profundidad de su análisis de mi libro, y coincido plenamente con ella. Pienso que la guerra puede contarse de muchas formas; unas veces desde el punto de vista ético, otras narrando las peripecias, los combates, los actos de heroísmo o cobardía. Hay toda una literatura de guerra que he leído profusamente, porque soy un verdadero fanático de esta temática, particularmente de la literatura soviética de guerra. Ahora bien, a mí como escritor lo que me interesa es resaltar lo específicamente humano, las reacciones de los hombres ante semejante acontecimiento: me interesa no el retrato físico de esos hombres, sino su retrato psicológico. Por eso, si tuviera que escribirlo otra vez, lo contaría igual, por supuesto lo haría quizás utilizando otras técnicas, procedimientos más novedosos, pero la perspectiva sería la misma. 

Playa Girón fue una vivencia que lo impulsó a escribir. ¿Por qué?

Quién lo sabe. He tenido en la vida otras vivencias trascendentales, inolvidables, que sin embargo no he convertido en literatura. Algún mecanismo interno, alguna química especial tiene que darse para que la vivencia se vuelva escritura. Pero nunca he querido averiguarlo. Le dejo eso a los críticos, a los investigadores de la literatura: tal vez sea uno de los misterios con que nace cada escritor. 

¿Cómo es en la actualidad Girón en su memoria?  

Es y seguirá siendo el hecho más importante de mi vida, el que la dividió  en dos mitades: en un antes y un después. Y te confieso algo: Girón es para mí  una perpetua nostalgia. El que vivió aquellos días, como nosotros, intensamente; el que vio caer a sus compañeros, el que cantó el himno nacional cruzando Jagüey Grande a oscuras, el que admiró a los niños héroes que derribaban aviones con sus cuatro bocas; el que sintió cerca la muerte luchando infructuosamente contra la vida, intentando vencerla, nunca podrá olvidar aquellos días que quedaron para siempre en nuestra memoria. 

(Fuente: CUBARTE)
(Tomada la parte del episodio de Playa Girón que forma parte de una entrevista más amplia con Eduardo Heras León, donde se abordan otros temas).

Apenas comenzado el curso 1960-1961, y respondiendo al llamado de Fidel, se presentó como voluntario para los cursos de formación de las primeras unidades de artillería de milicias. Realizó la caminata de los 62 km y fue ubicado en la fortaleza de La Cabaña y, posteriormente, en la Base de Baracoa, donde recibió el Curso de Morteros 120 mm. Terminado el Curso de Morteros, fue seleccionado para pasar un Curso de Jefe de Batería de Morteros 120 mm, en el que resultó primer expediente. Posteriormente pasó el Curso de Instructores de Morteros, donde también fue el primer expediente, motivo por el cual recibió como regalo una pistola de manos del Comandante en Jefe. Casi terminando el curso de instructores, y durante la realización del tiro combativo (era el 15 de abril de 1961), fueron trasladados con urgencia hacia la Base de Baracoa, con motivo de la invasión mercenaria a Playa Girón. Heras fue designado segundo jefe de la Batería 7 de morteros 120 mm, con la cual participó en los combates de Playa Girón. Se mantuvo en el Ejército hasta 1968 y obtuvo los grados de 1er. teniente. Ese año pidió la baja por motivos de salud y matriculó en la recién fundada Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana. Durante los años de estudio, obtuvo el Premio "David" de Cuento de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), con su libro La guerra tuvo seis nombres.

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