Martí dedicó elogios a Walt Whitman
María Elena
Balán S.
Cuando
ocurrió la muerte del poeta Walt Whitman, estaba José Martí en Nueva
York, donde residió a partir de 1880 y hasta 1895, con breves
estancias intermedias en Venezuela, otras ciudades norteamericanas
y países de Hispanoamérica.
Ante la
desaparición física de Whitman, el Héroe Nacional cubano
manifestó su impresión por tal suceso en las llamadas Escenas
Norteamericanas, dedicadas a figuras prominentes de las letras y las
artes.
Entonces
escribió en un diario neoyorquino el 19 de abril de 1887, acerca del
controvertido poeta:
”Parecía un
dios anoche, sentado en su sillón de terciopelo rojo, todo el
cabello blanco, la barba sobre el pecho, las cejas como un bosque,
la mano en un cayado”.
Años más
tarde, Martí retomó el tema y publicó en el periódico La Nación, de
Buenos Aires, Argentina, un artículo que denotaba su admiración por
el desaparecido intelectual.
Recordaba
que Walt Whitman tenía 70 años cuando murió y recomendaba
estudiar su
obra, bajo el argumento de que si tal vez no era el poeta de mejor
gusto, sí era el más intrépido, abarcador y desembarazado de su
tiempo.
Datos
personales de ese hombre de letras aparecieron en el artículo de
Martí, en el cual hizo referencia a la pequeña casa de madera donde
residía el poeta norteamericano, casi al borde de la miseria, y
enfatizaba cómo en una ventana, orlado de luto, estaba el retrato de
otra figura no menos genial, la del novelista francés Víctor Hugo.
Decía que
los libros y conferencias apenas le alcanzaban para subsistir, pero
no le faltó la mano amiga con que mitigar sus duras carencias
materiales.
El lírico
norteamericano, autor de Calamus, exaltaba precisamente la verdadera
amistad, aquella que es incapaz de poner condiciones.
El Apóstol
cubano reconocía que el célebre escritor fue un hombre interesado
por las más variadas cosas y así lo enfatizó en su artículo
publicado en el diario La Nación, donde escribió:
” Nada le es
extraño, y lo toma en cuenta todo, el caracol que se arrastra, el
buey que con sus ojos misteriosos lo mira, el sacerdote que defiende
una parte de la verdad como si fuese la verdad entera. ”
Al
describir con admiración al poeta, aseguró:
“El es de todas
las castas, credos y profesiones, y en todas encuentra justicia y
poesía.”
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