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Miércoles, 25 de Febrero de 2009

Martí dedicó elogios a Walt Whitman

María Elena Balán S.

   Cuando ocurrió la muerte del poeta Walt Whitman, estaba José Martí en Nueva York, donde residió a partir de 1880 y hasta 1895, con breves estancias intermedias  en Venezuela, otras ciudades norteamericanas y países de Hispanoamérica.

   Ante la desaparición física  de  Whitman,  el Héroe Nacional cubano manifestó su impresión por tal suceso en las llamadas Escenas Norteamericanas, dedicadas a figuras prominentes de las letras y las artes.

   Entonces escribió en un diario neoyorquino el 19 de abril de 1887, acerca del controvertido poeta:

”Parecía un dios anoche, sentado en su sillón de terciopelo rojo, todo el cabello blanco, la barba sobre el pecho, las cejas como un bosque, la mano en un cayado”.

   Años más tarde, Martí retomó el tema y publicó en el periódico La Nación, de Buenos Aires, Argentina, un artículo que denotaba su admiración por el desaparecido intelectual.

    Recordaba que Walt Whitman tenía 70 años cuando murió y recomendaba

estudiar su obra, bajo el argumento de que si tal vez no era el poeta de mejor gusto, sí era el más intrépido, abarcador y desembarazado de su tiempo.

   Datos personales de ese hombre de letras aparecieron en el artículo de Martí, en el cual hizo referencia a la pequeña casa de madera donde residía el poeta norteamericano, casi al borde de la miseria, y enfatizaba cómo en una ventana, orlado de luto, estaba el retrato de otra figura no menos genial, la  del novelista francés Víctor Hugo.

   Decía que los libros y conferencias apenas le alcanzaban para subsistir, pero no le faltó la mano amiga con que mitigar sus duras carencias materiales.

    El lírico norteamericano, autor de Calamus, exaltaba precisamente la verdadera amistad, aquella que es incapaz de poner condiciones.

    El Apóstol cubano   reconocía que el célebre escritor  fue un hombre interesado por las más variadas cosas y así lo enfatizó en su artículo publicado en el diario La Nación, donde escribió:

 ” Nada le es extraño, y lo toma  en cuenta todo, el caracol que se arrastra, el buey que con sus ojos misteriosos lo mira, el sacerdote que defiende una parte de la verdad como si fuese la verdad entera. ”

   Al describir con admiración  al poeta, aseguró:

 “El es de todas las castas, credos y profesiones, y en todas encuentra justicia y poesía.”
 

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