Canal RSS
       
       
 Portada
Secciones
Columnistas
Centinela Digital
Periodistas contra el terrorismo
Enciclopedia sobre Terrorismo de Estado
SIP vs. La Verdad
CIAP/FELAP
Denuncia y Solidaridad
Efemérides de Periodismo
Humor Gráfico
Reflexiones de Fidel
LOS CINCO
en Antiterroristas.cu

en "Miami 5"
Gerardo: Caricaturas
Baúl de Recuerdos
Las perlas de Pascual

El periodismo de José Martí

Martí, cronista de boxeo

Este idioma nuestro

De La Habana y algo más…


HumorLetras


Carlos Bastidas Argüello, último periodista asesinado en Cuba

Boletín Económico

Nº: 

36 35 34 33 32
Información
Solidaridad con Cuba
Prensa cubana en Internet
Prensa Extranjera en Cuba

TV Cubana en vivo

Contáctenos
vpetica@upec.co.cu
Especiales

Fidel Castro: sobre papel de la prensa en Cuba y en el mundo


El periodismo en la Revolución Cubana
(English)

Directorio de Blogs de periodistas cubanos

Miércoles, 11 de Junio de 2008

El Maestro testigo insomne ante la prensa norteamericana

Miralys Sánchez Pupo

José Martí vivió en Estados Unidos largo tiempo y publicó sus impresiones del lugar en los principales periódicos de su época. A través de ellos el deslumbramiento inicial se transformó en una de las principales fuentes para la historia del inmenso país en medio de pugnas y contradicciones, logros y conflictos desde 1880. A través de su pluma fue un excepcional testigo ante la prensa norteamericana. 

El primer trabajo periodístico martiano publicado en Nueva York vio la luz bajo el título “Impresiones de América”, apareció en la revista The Hour, el 10 de julio de 1880. En sus líneas dio a conocer el cuestionamiento siguiente: ¿Dónde encontrarán suficiente razón para excusar esta difícil carga de vida, y sentir alivio a su aflicción? La vida necesita raíces permanentes: la vida es desagradable sin los consuelos de la inteligencia, los placeres del arte y la íntima recompensa que la bondad del alma y los primores del gusto nos proponen”. 

Aquella gran ciudad estaba envuelta en medio de una marejada turbulenta y en una oscuridad total ante la virtud. Las claves de esas apreciaciones que también ocuparon espacios en sus trabajos para demostrar la existencia en aquella atmósfera de ausencia de luz para las virtudes, precisamente fueron escritas entre los años de 1880 a 1895, establecidos por la historia nacional norteamericana como de era posterior a la reconstrucción. La aguda visión de quien acostumbró a leer no solo las primeras ediciones de los diarios, sino todas las que pudiera, sintetizó en su análisis no pocas advertencias que se fueron tejiendo para dibujar hacia donde se encaminaba su futuro. 

El Maestro no guardó para sí aquellas observaciones y logró extenderlas a otras publicaciones del continente como fue el caso de sus colaboraciones para La Pluma, de Bogotá, Colombia, mientras escribía de forma algo apacible desde el tema del Coney Island. Entre sus líneas se pudo leer “… si esta nación colosal lleva o no en sus entrañas elementos feroces y tremendos, si la ausencia del espíritu femenil, origen del sentido artístico y complemento del ser nacional endurece y corrompe el corazón de ese pueblo pasmoso eso lo dirán los tiempos.”  

Las colaboraciones martianas en La Nación de Buenos Aires y otras que continúan enriqueciendo la Edición Crítica de sus obras en proceso de completamiento constituyen la mejor prueba de un caudal que no ha podido ser cerrado por un punto final. Así lo ha demostrado la aparición de nuevos trabajos en diferentes países donde emerge con su definido estilo, preocupaciones y advertencias políticas. Era una mirada insomne por siempre abierta a la observación y la búsqueda de argumentos para sostener sus profundos puntos de vista.  

Martí calibró a la más populosa ciudad norteamericana desde su ejercicio periodístico. Esa labor se nutrió como fuente de información de sus principales órganos de prensa, en especial de aquellos de mayor circulación, en momentos que cada uno de ellos contaba con un servicio noticioso muy amplio al reflejar los acontecimientos de otras regiones del país. Tales orígenes demuestran que desde ellos tomó datos para sus crónicas publicadas en periódicos mexicanos y de Suramérica. También fueron elementos que colocó como parte de sus ensayos y la diversidad temática asumida desde muy temprano que constató parte de los datos encontrados por él en revistas semanales o mensuarios además de otras publicaciones de perfil especializado dentro de Estados Unidos. 

El ejercicio profesional del corresponsal fue certero. Pero más allá de esa cualidad se enriqueció su experiencia al asumir el análisis y la investigación de todas sus lecturas. La cantidad asombrosa de los datos referidos en sus cuartillas dan el sentido enciclopédico de la pluma que las escribió con seguridad. Las valoró sin negarle al nacional del inmenso país lo apreciado como ejemplar dentro de sus fronteras, pero al mismo tiempo, lo ruin y maligno que parece crecerle en los huecos de su árbol donde emergerán gusanos y en algún momento les nacerá del huevo la serpiente. 

EN BÚSQUEDA DE LA VERDAD 

El Maestro tocó en la llaga de la inmoralidad de los procesos eleccionarios en Estados Unidos con las causas y las secuelas que le nacieron de hombres de corporaciones poderosas con su influjo sobre las gargantas de los votantes. Levantó su denuncia desde La Nación de Buenos Aires al consignar que “El país quiere resultados, y se cuida poco el modo con que se consigna…”, como se pudo leer el 29 de marzo de 1890.   

Pero oteó más allá con su inteligente análisis al adelantar su observación desde el Ensayo Nuestra América la necesidad de ser  originales en métodos e instituciones nacidas en nuestros países con   el conocimiento de sus hijos, el ejercicio desde sus virtudes y la  certeza de aprovechar la abundancia de la naturaleza para los  hombres que la fecundan con el trabajo y la defenderán por siempre  con su propia vida. Aquella era la medicina más eficaz para no pecar  de pueriles e ignorantes.  

Martí conoció que las alas del águila se abrirían indeteniblemente con su proceso para empujar al país a la guerra de conquista de las casas vecinas del sur. Y encontró los argumentos que colocó en la punta de su prosa en la propia prensa de Estados Unidos que se vanagloriaba del verdadero interés de la política de conquista en el Belford Magazine del Oeste donde leyó: “Queremos el continente y la política de nuestros estadistas ha de ser la de procurar la extensión de nuestras áreas hasta que nuestra bandera ondee desde el Polo Norte hasta el Istmo”.  

Volver una y otra vez a las páginas escritas por el Maestro es el encuentro con una fuente excepcional. Nutrirnos de ella no es trasladarlas impensadamente en el tiempo, sino hacer justicia a una reflexión trascendental, desbrozar caminos entre líneas bajo la sombra de sus análisis y aprender a orientarnos desde la singularidad de un estilo lleno de amor patrio que debe marcar con sus advertencias el rumbo de cada día en nuestras redacciones en el deber social, altruista, ético y revolucionario a que seremos por siempre convocados por él.

(Cubaperiodistas)
 

© 2005-2006 Unión de Periodistas de Cuba
Presidente:
Tubal Páez Hernández | Edición y Realización: Equipo de Comunicación UPEC
Ave. 23 # 452 esquina a I, Vedado, La Habana Cuba (10400)
Telf. (53 7) 832 4550 | Fax: (53 7) 333079