El Maestro testigo insomne ante la prensa norteamericana
Miralys Sánchez Pupo
José Martí
vivió en Estados Unidos largo tiempo y publicó sus impresiones del
lugar en los principales periódicos de su época. A través de ellos
el deslumbramiento inicial se transformó en una de las principales
fuentes para la historia del inmenso país en medio de pugnas y
contradicciones, logros y conflictos desde 1880. A través de su
pluma fue un excepcional testigo ante la prensa norteamericana.
El primer
trabajo periodístico martiano publicado en Nueva York vio la luz
bajo el título “Impresiones de América”, apareció en la revista The
Hour, el 10 de julio de 1880. En sus líneas dio a conocer el
cuestionamiento siguiente: ¿Dónde encontrarán suficiente razón para
excusar esta difícil carga de vida, y sentir alivio a su aflicción?
La vida necesita raíces permanentes: la vida es desagradable sin los
consuelos de la inteligencia, los placeres del arte y la íntima
recompensa que la bondad del alma y los primores del gusto nos
proponen”.
Aquella gran
ciudad estaba envuelta en medio de una marejada turbulenta y en una
oscuridad total ante la virtud. Las claves de esas apreciaciones que
también ocuparon espacios en sus trabajos para demostrar la
existencia en aquella atmósfera de ausencia de luz para las
virtudes, precisamente fueron escritas entre los años de 1880 a
1895, establecidos por la historia nacional norteamericana como de
era posterior a la reconstrucción. La aguda visión de quien
acostumbró a leer no solo las primeras ediciones de los diarios,
sino todas las que pudiera, sintetizó en su análisis no pocas
advertencias que se fueron tejiendo para dibujar hacia donde se
encaminaba su futuro.
El Maestro no
guardó para sí aquellas observaciones y logró extenderlas a otras
publicaciones del continente como fue el caso de sus colaboraciones
para La Pluma, de Bogotá, Colombia, mientras escribía de forma algo
apacible desde el tema del Coney Island. Entre sus líneas se pudo
leer “… si esta nación colosal lleva o no en sus entrañas elementos
feroces y tremendos, si la ausencia del espíritu femenil, origen del
sentido artístico y complemento del ser nacional endurece y corrompe
el corazón de ese pueblo pasmoso eso lo dirán los tiempos.”
Las
colaboraciones martianas en La Nación de Buenos Aires y otras que
continúan enriqueciendo la Edición Crítica de sus obras en proceso
de completamiento constituyen la mejor prueba de un caudal que no ha
podido ser cerrado por un punto final. Así lo ha demostrado la
aparición de nuevos trabajos en diferentes países donde emerge con
su definido estilo, preocupaciones y advertencias políticas. Era una
mirada insomne por siempre abierta a la observación y la búsqueda de
argumentos para sostener sus profundos puntos de vista.
Martí calibró
a la más populosa ciudad norteamericana desde su ejercicio
periodístico. Esa labor se nutrió como fuente de información de sus
principales órganos de prensa, en especial de aquellos de mayor
circulación, en momentos que cada uno de ellos contaba con un
servicio noticioso muy amplio al reflejar los acontecimientos de
otras regiones del país. Tales orígenes demuestran que desde ellos
tomó datos para sus crónicas publicadas en periódicos mexicanos y de
Suramérica. También fueron elementos que colocó como parte de sus
ensayos y la diversidad temática asumida desde muy temprano que
constató parte de los datos encontrados por él en revistas semanales
o mensuarios además de otras publicaciones de perfil especializado
dentro de Estados Unidos.
El ejercicio
profesional del corresponsal fue certero. Pero más allá de esa
cualidad se enriqueció su experiencia al asumir el análisis y la
investigación de todas sus lecturas. La cantidad asombrosa de los
datos referidos en sus cuartillas dan el sentido enciclopédico de la
pluma que las escribió con seguridad. Las valoró sin negarle al
nacional del inmenso país lo apreciado como ejemplar dentro de sus
fronteras, pero al mismo tiempo, lo ruin y maligno que parece
crecerle en los huecos de su árbol donde emergerán gusanos y en
algún momento les nacerá del huevo la serpiente.
EN BÚSQUEDA DE LA VERDAD
El Maestro
tocó en la llaga de la inmoralidad de los procesos eleccionarios en
Estados Unidos con las causas y las secuelas que le nacieron de
hombres de corporaciones poderosas con su influjo sobre las
gargantas de los votantes. Levantó su denuncia desde La Nación de
Buenos Aires al consignar que “El país quiere resultados, y se cuida
poco el modo con que se consigna…”, como se pudo leer el 29 de marzo
de 1890.
Pero oteó más
allá con su inteligente análisis al adelantar su observación desde
el Ensayo Nuestra América la necesidad de ser originales en métodos
e instituciones nacidas en nuestros países con el conocimiento de
sus hijos, el ejercicio desde sus virtudes y la certeza de
aprovechar la abundancia de la naturaleza para los hombres que la
fecundan con el trabajo y la defenderán por siempre con su propia
vida. Aquella era la medicina más eficaz para no pecar de pueriles
e ignorantes.
Martí conoció
que las alas del águila se abrirían indeteniblemente con su proceso
para empujar al país a la guerra de conquista de las casas vecinas
del sur. Y encontró los argumentos que colocó en la punta de su
prosa en la propia prensa de Estados Unidos que se vanagloriaba del
verdadero interés de la política de conquista en el Belford Magazine
del Oeste donde leyó: “Queremos el continente y la política de
nuestros estadistas ha de ser la de procurar la extensión de
nuestras áreas hasta que nuestra bandera ondee desde el Polo Norte
hasta el Istmo”.
Volver una y
otra vez a las páginas escritas por el Maestro es el encuentro con
una fuente excepcional. Nutrirnos de ella no es trasladarlas
impensadamente en el tiempo, sino hacer justicia a una reflexión
trascendental, desbrozar caminos entre líneas bajo la sombra de sus
análisis y aprender a orientarnos desde la singularidad de un estilo
lleno de amor patrio que debe marcar con sus advertencias el rumbo
de cada día en nuestras redacciones en el deber social, altruista,
ético y revolucionario a que seremos por siempre convocados por él.
(Cubaperiodistas)
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