Retrato
de familia en “Patria”
Miralys Sánchez Pupo
José Martí
entró en el periodismo moderno en sus años en Estados Unidos
que permitieron reproducir con rapidez y en grandes
cantidades de ejemplares el trazo de su pensamiento a través
de la palabra escrita. También fue conocido el patriota
cubano en otras partes del mundo gracias a sus
colaboraciones, a través de las Cartas al Director, que
publicó el diario La Nación de Buenos Aires, pero a
pesar de la difusión de sus trabajos se sintió especialmente
en familia con la realización de una de sus aspiraciones
fundamentales en la vida cuando logró fundar el periódico
Patria.
El colectivo
del periódico integrado por cubanos y puertorriqueños
asistía al acontecimiento de la preparación, cierre y tirada
del número del semanario hasta envolver los paquetes para su
inmediato envío. Era la culminación de un proceso que
terminaba para repetirse en los siguientes siete días que
les elevaba al ánimo como una gran fiesta. Y como tal
espíritu marchaban juntos hacia el restaurante italiano
Villa Garibaldi donde podían disfrutar un breve descanso
luego del nacimiento del número de la edición con sus
secciones fijas y todo lo de última hora imprescindible para
mantener a sus lectores bien informados. El locuaz
intercambio de opiniones entre el cajista, el prensista o el
administrador junto a los redactores, demostraba que estaban
muy felices mientras recordaban el editorial impreso, los
apuros de las últimas cuñas o las bromas de algunas faltas.
El
periódico, que tomó como título un elemento tan utilizado
por el Maestro a lo largo de su vida, nació en 14 de marzo
de 1892 para exponer la palabra de la Revolución que
difundía el objetivo de alcanzar la victoria definitiva a
través de la Guerra Necesaria. En cada uno de sus
editoriales presentó gotas del saber patriótico en pos de la
magna tarea de los verdaderos cubanos y la solidaridad con
Puerto Rico. En las cinco letras de su título estaba
presente una gran familia alrededor del Maestro.
Los viernes
se reunía el consejo de redacción del periódico Patria
en la oficina que ocupaba Martí en la calle Front número 120
en Nueva York. Todos los que participaron en ese empeño
sabían la alta responsabilidad que tenían para dejar en sus
páginas variadas informaciones, comentarios, artículos y
cartas recibidas en la redacción. Ellas se presentarían
después organizadas de forma coherente para exponer a través
de sus palabras entintadas el lenguaje comprensible por un
pueblo que aspiraba alcanzar la condición de independiente.
Las manos de
patriotas cubanos y puertorriqueños formaron aquel colectivo
que junto al Maestro hicieron emerger con vida las ideas
desmenuzadas con mucho cariño como partes de un hijo que en
breve nacerá en bien de la novedosa familia de patriotas.
Martí estaba eufónico en cada uno de aquellos encuentros
como lo denunciaba una tenue sonrisa, mientras acompañaba
con el paseo de su mirada los movimientos de los demás, que
también daban los toques necesarios para ayudar al
nacimiento del periódico que la frase martiana identificó
por siempre como “Órgano del patriotismo virtuoso y
fundador”, y en suc ámbito de colaboradores, precisó: “En
Patria escribirán el magistrado glorioso de ayer y los
jóvenes pujantes de hoy, el taller y el bufete, el
comerciante y el historiador, el que prevé los peligros de
la república y el que enseña a fabricar las armas con que
hemos de ganarla”.
En el
trabajo Los viernes de Patria, publicado el 10
de septiembre de 1892, se captó la esencia de este retrato
de familia:
“En el
escritorio de redacción todos están en su puesto. Martí se
multiplica: combina, arregla, corta… es el Deux ex
machina. Tiene para cada dificultad una salida; para
cada percance, un remedio, para cada claro una cuña; para
cualquier vacilación, una rápida medida. Gonzalo de Quesada
no cesa en el movimiento del escritorio a las cajas, ya
entregando pruebas, ya explicando correcciones, sin que por
esto deje de bromear con los cajistas que encuentra al paso.
Benjamín Guerra revisa las pruebas de corrección, hace
observaciones, inspecciona la compaginación, dice cómo han
de ir colocados los artículos, y, de vez en cuando, echa su
cuarto a espadas, o mejor dicho, su cuarto de palabras con
Frugone. Figueroa hace de cada prueba un mapa, y desespera
con la ausencia de acentos donde son necesarios, y con la
prodigalidad donde no hacen falta…”
En la magna obra que Martí se propuso dejar para siempre en
aquellas páginas estuvo su cuidado ante las posibles
erratas, lo que demostró un celo muy peculiar. Al releer los
fondos de Patria, prácticamente están libres de ese
mal mecánico y tan frecuente en las publicaciones de la
prensa escrita. Bajo esa exactitud y preocupación dejó
muchas páginas que emergieron desde la hermandad de aquel
colectivo. Como joyas están aun por estudiar en su
multifacético mensaje, pero entre ellas sobresale la vigente
frase “Patria es humanidad”.