El pico del águila ladrona
María Luisa García Moreno
En el diario La Nación, de Buenos Aires, publicó José Martí,
entre los meses de septiembre y diciembre de 1889, una serie
de crónicas que tenían como tema la Conferencia
Internacional Americana.
Simón Bolívar, quien había presentido el peligro que para
las recién nacidas republicas americanas significaba la
desunión, propugnó una doctrina que propiciara la unidad, el
panamericanismo. En la Carta de Jamaica, el Libertador se
había referido a la idea de una república desde México hasta
Chile, que luego concretó parcialmente en la Gran Colombia.
Pero después Estados Unidos adoptó el término incluyéndose.
En Madre América, discurso pronunciado el 19 de diciembre de
1889, en la velada artística de la Sociedad Literaria a los
delegados de la Conferencia Internacional Americana, Martí
precisó con trazos magistrales las diferencias entre una y
otra América: “Del arado nació la América del Norte, y la
Española del perro de presa”.1
Pero en las diferentes crónicas aparecidas por esos días en
el diario argentino, la denuncia martiana toma tintes
dramáticos por la profunda preocupación manifestada por el
destino de nuestra América. Resulta muy conocido el prólogo
a sus Versos sencillos, donde el Apóstol de la independencia
cubana confiesa todo el dolor y la ansiedad sufridos por
esos días: “[…] Fue aquel invierno de angustia, en que por
ignorancia, o por fe fanática o por miedo, o por cortesía,
se reunieron en Washington, bajo el águila temible, los
pueblos hispanoamericanos. ¿Cuál de nosotros ha olvidado
aquel escudo, el escudo en que el águila de Monterrey y de
Chapultepec,2 el águila de López y Walker,3 apretaba en sus
garras los pabellones todos de la América? Y la agonía en
que viví, hasta que pude confirmar la cautela y el brío de
nuestros pueblos […]”.4
Pero, repito, en las crónicas a La Nación, la denuncia se
multiplica y profundiza. Martí comenta que los delegados,
desde el 5 de octubre hasta mediados de noviembre, saldrían
de gira por el país norteño para conocer de cerca la
potencia de su industria y convencerse de “[…] la
conveniencia de sus pueblos de comprar lo de este y no de
otros, aunque lo de este sea más caro sin ser en todo lo
mejor, y aunque para comprar de él hayan de obligarse a no
recibir ayuda ni aceptar tratos de ningún otro pueblo del
mundo”.5 Porque, en definitiva, ese es el propósito de la
conferencia: apropiarse del mercado latinoamericano que, por
esta época, aún pertenecía en lo fundamental a Europa. De
ahí que “[…] mientras unos (Estados Unidos) se preparaban
para deslumbrar, para dividir, para llevarse el tajo con el
pico del águila ladrona […]”6 otros se preparaban para
enfrentar con mayor o menor fuerza la arremetida del
imperio. Poco después, en 1891, nuestro Martí redondearía su
pensamiento de entonces al afirmar: “Quien dice unión
económica, dice unión política. El pueblo que compra, manda.
El pueblo que vende, sirve […]”.7
Pero por suerte, “la cautela y el brío de nuestros pueblos”
en las personas de sus delegados devolvieron a Martí la paz
interior, en particular, los delegados argentinos Manuel
Quintana y Roque Sáenz Peña,8 a quienes tocaría desempeñar
un importante papel en el desarrollo de la conferencia.
En el trabajo fechado el 4 de octubre, Martí hace referencia
a lo que por esos días publica la prensa americana y
realmente resultan curiosas algunas de las expresiones
citadas —Mail and Express: “los huéspedes vienen a seguir
nuestra guía”, Herald: “países donde no se acaba de nacer”,
Tribune: “ha llegado la hora de hacer sentir nuestra
influencia en América”—,9 en las que se refleja el desprecio
hacia nuestros pueblos y la convicción de que los americanos
somos “su patio trasero”, filosofía que más de cien años
después no ha cambiado, como no sea para extender ese patio
a todo el Tercer Mundo.
Ya en la crónica fechada el 2 de noviembre, en vísperas de
las sesiones del congreso, Martí denunciaba con palabra
certera, que parece dicha hoy: “Jamás hubo en América, de la
independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni
obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y
minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes,
repletos de productos invendibles, y determinados a extender
sus dominios en América, hacen a las naciones americanas […]
De la tiranía de España supo salvarse la América española
[…] urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la
América española la hora de declarar su segunda
independencia”.10 Y lamentablemente, más cien años después,
estas palabras continúan teniendo una vigencia
extraordinaria, y aunque hoy hay pueblos que luchan por
alcanzar esa definitiva independencia en esta América nueva
que despierta de su letargo, otros continúan su “destino” de
colonia o neocolonia yanqui.
Resultaría increíble para nosotros, si no fuéramos cubanos,
si no hubiéramos crecido junto a la certera y querida
palabra martiana, una posvisión tan profunda. Tal parece que
hubiera podido presenciar el desarrollo ulterior del
imperialismo norteamericano y su política de agresión a
nuestros pueblos cuando dijo que Estados Unidos no se había
acercado a la América sino “[…] para impedir su extensión,
como en Panamá, o apoderarse de su territorio, como en
México, Nicaragua, Santo Domingo, Haití y Cuba, o para
cortar por la intimidación sus tratos con el resto del
universo, como en Colombia […]”,11 clara pre-concepción de
la política agresiva y avasalladora del imperialismo
norteamericano en América —hoy podríamos decir en el mundo—,
a quien Martí califica de “pueblo rapaz de raíz”.12
Martí, que vivió en Estados Unidos durante tantos años,
penetró a profundidad en sus esencias y su palabra
constituyó “un grito de alarma contra el modelo
civilizatorio yanqui cuyo influjo en Nuestra América hay que
detener”.13 Aún hoy hay que detenerlo.
Notas
1 José Martí: “Madre América”. En Obras completas. Tomo 6.
Editorial Nacional de Cuba, 1963, p. 136.
2 Sitios arrancados a México por Estados Unidos.
3 NARCISO LÓPEZ, representante del anexionismo en Cuba; el
19 de mayo de 1850 desembarcó en Cárdenas y allí ondeó por
primera vez en suelo patrio la bandera de la estrella
solitaria. WILLIAM WALKER, cirujano, abogado y periodista es
considerado la cumbre del neofilibusterismo al servicio de
los ricos esclavistas del de Estados Unidos. Intentó
apoderarse de Centroamérica con las armas y terminó sus días
frente a un pelotón de fusilamiento en Honduras, el 12 de
septiembre de 1860.
4 ________: Prólogo a los Versos sencillos. En: José Martí,
Ob.Cit., p. 143.
5 ________: “El Congreso de Washington”. En: Ob. Cit., p. 34
6 ________: Ibídem, p. 35.
7 ________: “La Conferencia Monetaria de las Repúblicas de
América”. Publicado en La Revista Ilustrada, de Nueva York,
mayo de 1891. En: Ibídem, p. 160.
8 Manuel Quintana (1834-1906), jurisconsulto y político
argentino. Roque Sáenz Peña (1851-1914) fue presidente de la
Argentina (1910-1914).
9 ________: “El Congreso de Washington”. En Obras completas.
Tomo 6. Editorial Nacional de Cuba, 1963, p. 41.
10 ________: “El Congreso Internacional de Washington”. En:
Ob. Cit., p. 46.
11 ________: Ibídem, p. 47.
12 ________: Ibídem, p. 48.
13 Abel Prieto Jiménez: “La Cigarra y la Hormiga”. En
Espacios unitivos. Ediciones Abril, La Habana, 2007, p. 12.