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El periodismo de José Martí

Hacer un periodismo nuevo y diferente fue siempre la tarea de José Martí desde que comenzó a escribir en "El Diablo Cojuelo". Esta sección reflejará su inmensa y ejemplar obra periodística.
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La palabra viva del periodismo martiano

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Lunes, 28 de Enero de 2008


La palabra viva del periodismo martiano

Randy Saborit Mora

Muchos enamorados del periodismo cubano comienzan por deletrear Martí. Cronista y corresponsal. Comentarista y editorialista. Su palabra viva aún estremece el espíritu. José Martí fue un periodista de Cuba, de América y del mundo. Su legado es inmenso como el “mar” de su primera sílaba.

El más alto premio periodístico cubano lleva el nombre de José Martí. En Cuba, el día de la prensa coincide con el nacimiento de Patria -semanario que él fundara junto a patriotas cubanos y puertorriqueños en Nueva York el 14 de marzo de 1892, y dirigiera hasta mayo de 1895.

A José Martí no lo podremos ver como un “mago todopoderoso” que viene del siglo XIX a solucionar los problemas contemporáneos. No lo es, ni podría serlo, porque su carrera fue la del padecimiento y el amor humano. Sin embargo, algunas de sus clases magistrales debieran estar en la agenda de muchos seres de este mundo, más si es periodista.

El verbo del Apóstol se esculpía como concepto, elegante y bello, en el aire o en el papel. La fuerza de su palabra podía comprometer al emigrado indeciso o perturbar al enemigo acérrimo. El Maestro edificó desde la palabra -comprometida y austera- su narrativa, su teatro, su poesía, su docencia. Su periodismo.

Ese hombre de pluma divina cuando apenas era un adolescente de 15 años publicó su soneto ¡10 de Octubre! en El Siboney -periódico manuscrito que circulaba de manera clandestina entre los estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana- a los pocos días del levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes en 1868.

El 19 de enero de 1869 sale el único ejemplar de El Diablo Cojuelo donde se percibe la prosa irónica con que ataca al gobierno colonialista. En el artículo O Yara o Madrid se muestra al futuro periodista comprometido con su patria. En aquellas páginas dejó escrito: “nunca supe yo lo que era público, ni lo que era escribir para él, mas a fe de diablo honrado, aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo de hacerlo.”

Desde La Habana el adolescente Pepe vota a favor del alzamiento de Oriente. La pieza teatral Abdala que publica en La Patria Libre el 23 de enero de 1869 reafirmaría su compromiso con el inicio de la Guerra del 68. Abdala representaba a un guerrero cubano que tuvo que elegir entre el amor a la madre y el amor a la patria. El personaje optó por la patria; el autor también: murió en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895.

El presidio político en Cuba convirtió al adolescente Pepe en el Martí hombre. El amor y el perdón fueron las almohadillas que aliviaron las heridas que le causó aquella experiencia humana. El joven de dieciocho años testimonió las vivencias en las Canteras de San Lázaro de La Habana como ensayo político de denuncia. Los horrores del gobierno colonial español los hizo público en 1871 desde España, la metrópoli.

Colaboró con La Revista Universal de México entre 1875-1876. En ese momento se dedicó a hacer una prensa como él mismo definiera de proposición, estudio, examen, consejo; no simple aprobación bondadosa o ira insultante. Firmaba bajo el seudónimo de Orestes, reseñas sobre arte, política, sociedad, economía.

Dirigió La Revista Venezolana, dos números -julio de 1881- en la que escribió una valiente apología sobre Cecilio Acosta -intelectual progresista y líder del pensamiento democrático-burgués venezolano del momento. Ese artículo incomodó al tirano Guzmán Blanco, quien obligó a Martí a abandonar el país. De Venezuela partió a Nueva York.

Desde la urbe neoyorquina fue el corresponsal de La Opinión Nacional de Caracas. Redactaba la Sección Constante. Publicó unas ciento doce notas sobre curiosidades, historia, letras, ciencia y biografía bajo el seudónimo de “M. de Z”. Como los lectores quisieron saber quién era el autor de tan encendidos trabajos, Fausto Teodoro Aldrey, director y propietario de la publicación, reconoció públicamente que se trataba de José Martí.

Las Escenas norteamericanas de Martí, escritas principalmente para La Nación de Buenos Aires y La Opinión Nacional de Caracas, se redactaban desde el escenario neoyorquino de los grandes del periodismo norteamericano del siglo XIX: Charles A. Dana, Joseph Pulitzer, Gordon Bennet Jr.

En Escenas… -refiere Cintio Vitier en su libro Vida y Obra del Apóstol José Martí- el periodismo martiano se trocó bajo su pluma, en método de conocimiento, de lo real y lo posible. “Hizo cátedra de la noticia; laboratorio del suceso, de lo efímero poema, extrajo de lo sucesivo, leyes. Expuso con olor a tinta fresca y para siempre, su galería de retratos ejemplares.”

A los niños y niñas de América les regaló cuatro números de La Edad de Oro entre julio y octubre de 1889. Páginas cargadas de amor de padre y maestro. Páginas de humanismo en definitiva. De manera amena recogió la historia de un Meñique que vence porque supera en estatura la inteligencia de sus hermanos. O el relato de una niña que prefiere a su Muñeca Negra. Mucho más puede leerse en aquellas cuartillas poéticas, consideradas precursoras de la literatura infantil en el mundo hispano.

También en 1889, específicamente el 12 de octubre confiesa en carta a Serafín Bello: “Con todos, para el bien de todos. Ese es el lema de mi vida. Ese será el del periódico.” dos años antes del célebre discurso Con todos, y para el bien de todos pronunciado en Tampa. En esas palabras se resume la esencia editorial del Patria que nacería dos años y medio más tarde en Nueva York.

Un Patria que ejerció el periodismo de intencionalidad propagandística. Un semanario “no órgano” en el que la propaganda y los anuncios publicitarios convergían en el horizonte editorial. Un periódico que supo interesar a sus lectores -principalmente cubanos y puertorriqueños radicados en Estados Unidos- sobre la necesidad de la guerra en Cuba y Puerto Rico.

La última misión periodística de Martí fue reportar la guerra del 95, al tiempo que dirigía Patria desde la distancia. Orientaba a Benjamín Guerra y a Gonzalo de Quesada y Aróstegui -responsables de “levantar” el periódico en su ausencia física- sobre qué decir y cómo decirlo. El mismo día de la firma del Manifiesto de Montecristi les pasó estas recomendaciones editoriales a sus discípulos:
“Capeen a los diarios, y entreténganlos con noticias de detalle, sin caer en nada sustancial ni futuro. Ni digan lo que ha de suceder, porque luego las cosas pueden ser diferentes, y se pierde crédito; que la representación oficial, que deben prever sin error, no debe perder nunca.”

José Martí dejó su huella impresa en más de veinte publicaciones hispanoamericanas. Escribió desde un tren, sobre las rodillas y en la madrugada. Martí ejerció un periodismo de altura política y terrenal elocuencia. Periodismo del que conmueve y convence; del que enamora y arrastra. Periodismo de desvelo y contra cierre. Periodismo.

Martí, José. Obras Completas. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, 27 tomos.
_________. Epistolario. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales y Centro de Estudios Martianos, 1993, 5 tomos

 

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