La palabra viva del periodismo martiano
Randy Saborit Mora
Muchos enamorados del periodismo cubano comienzan por
deletrear Martí. Cronista y corresponsal. Comentarista y
editorialista. Su palabra viva aún estremece el espíritu.
José Martí fue un periodista de Cuba, de América y del
mundo. Su legado es inmenso como el “mar” de su primera
sílaba.
El más alto premio periodístico cubano lleva el nombre de
José Martí. En Cuba, el día de la prensa coincide con el
nacimiento de Patria -semanario que él fundara junto a
patriotas cubanos y puertorriqueños en Nueva York el 14 de
marzo de 1892, y dirigiera hasta mayo de 1895.
A José Martí no lo podremos ver como un “mago todopoderoso”
que viene del siglo XIX a solucionar los problemas
contemporáneos. No lo es, ni podría serlo, porque su carrera
fue la del padecimiento y el amor humano. Sin embargo,
algunas de sus clases magistrales debieran estar en la
agenda de muchos seres de este mundo, más si es periodista.
El verbo del Apóstol se esculpía como concepto, elegante y
bello, en el aire o en el papel. La fuerza de su palabra
podía comprometer al emigrado indeciso o perturbar al
enemigo acérrimo. El Maestro edificó desde la palabra
-comprometida y austera- su narrativa, su teatro, su poesía,
su docencia. Su periodismo.
Ese hombre de pluma divina cuando apenas era un adolescente
de 15 años publicó su soneto ¡10 de Octubre! en El Siboney
-periódico manuscrito que circulaba de manera clandestina
entre los estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza de
La Habana- a los pocos días del levantamiento de Carlos
Manuel de Céspedes en 1868.
El 19 de enero de 1869 sale el único ejemplar de El Diablo
Cojuelo donde se percibe la prosa irónica con que ataca al
gobierno colonialista. En el artículo O Yara o Madrid se
muestra al futuro periodista comprometido con su patria. En
aquellas páginas dejó escrito: “nunca supe yo lo que era
público, ni lo que era escribir para él, mas a fe de diablo
honrado, aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco
miedo de hacerlo.”
Desde La Habana el adolescente Pepe vota a favor del
alzamiento de Oriente. La pieza teatral Abdala que publica
en La Patria Libre el 23 de enero de 1869 reafirmaría su
compromiso con el inicio de la Guerra del 68. Abdala
representaba a un guerrero cubano que tuvo que elegir entre
el amor a la madre y el amor a la patria. El personaje optó
por la patria; el autor también: murió en Dos Ríos el 19 de
mayo de 1895.
El presidio político en Cuba convirtió al adolescente Pepe
en el Martí hombre. El amor y el perdón fueron las
almohadillas que aliviaron las heridas que le causó aquella
experiencia humana. El joven de dieciocho años testimonió
las vivencias en las Canteras de San Lázaro de La Habana
como ensayo político de denuncia. Los horrores del gobierno
colonial español los hizo público en 1871 desde España, la
metrópoli.
Colaboró con La Revista Universal de México entre 1875-1876.
En ese momento se dedicó a hacer una prensa como él mismo
definiera de proposición, estudio, examen, consejo; no
simple aprobación bondadosa o ira insultante. Firmaba bajo
el seudónimo de Orestes, reseñas sobre arte, política,
sociedad, economía.
Dirigió La Revista Venezolana, dos números -julio de 1881-
en la que escribió una valiente apología sobre Cecilio
Acosta -intelectual progresista y líder del pensamiento
democrático-burgués venezolano del momento. Ese artículo
incomodó al tirano Guzmán Blanco, quien obligó a Martí a
abandonar el país. De Venezuela partió a Nueva York.
Desde la urbe neoyorquina fue el corresponsal de La Opinión
Nacional de Caracas. Redactaba la Sección Constante. Publicó
unas ciento doce notas sobre curiosidades, historia, letras,
ciencia y biografía bajo el seudónimo de “M. de Z”. Como los
lectores quisieron saber quién era el autor de tan
encendidos trabajos, Fausto Teodoro Aldrey, director y
propietario de la publicación, reconoció públicamente que se
trataba de José Martí.
Las Escenas norteamericanas de Martí, escritas
principalmente para La Nación de Buenos Aires y La Opinión
Nacional de Caracas, se redactaban desde el escenario
neoyorquino de los grandes del periodismo norteamericano del
siglo XIX: Charles A. Dana, Joseph Pulitzer, Gordon Bennet
Jr.
En Escenas… -refiere Cintio Vitier en su libro Vida y Obra
del Apóstol José Martí- el periodismo martiano se trocó bajo
su pluma, en método de conocimiento, de lo real y lo
posible. “Hizo cátedra de la noticia; laboratorio del
suceso, de lo efímero poema, extrajo de lo sucesivo, leyes.
Expuso con olor a tinta fresca y para siempre, su galería de
retratos ejemplares.”
A los niños y niñas de América les regaló cuatro números de
La Edad de Oro entre julio y octubre de 1889. Páginas
cargadas de amor de padre y maestro. Páginas de humanismo en
definitiva. De manera amena recogió la historia de un
Meñique que vence porque supera en estatura la inteligencia
de sus hermanos. O el relato de una niña que prefiere a su
Muñeca Negra. Mucho más puede leerse en aquellas cuartillas
poéticas, consideradas precursoras de la literatura infantil
en el mundo hispano.
También en 1889, específicamente el 12 de octubre confiesa
en carta a Serafín Bello: “Con todos, para el bien de todos.
Ese es el lema de mi vida. Ese será el del periódico.” dos
años antes del célebre discurso Con todos, y para el bien de
todos pronunciado en Tampa. En esas palabras se resume la
esencia editorial del Patria que nacería dos años y medio
más tarde en Nueva York.
Un Patria que ejerció el periodismo de intencionalidad
propagandística. Un semanario “no órgano” en el que la
propaganda y los anuncios publicitarios convergían en el
horizonte editorial. Un periódico que supo interesar a sus
lectores -principalmente cubanos y puertorriqueños radicados
en Estados Unidos- sobre la necesidad de la guerra en Cuba y
Puerto Rico.
La última misión periodística de Martí fue reportar la
guerra del 95, al tiempo que dirigía Patria desde la
distancia. Orientaba a Benjamín Guerra y a Gonzalo de
Quesada y Aróstegui -responsables de “levantar” el periódico
en su ausencia física- sobre qué decir y cómo decirlo. El
mismo día de la firma del Manifiesto de Montecristi les pasó
estas recomendaciones editoriales a sus discípulos:
“Capeen a los diarios, y entreténganlos con noticias de
detalle, sin caer en nada sustancial ni futuro. Ni digan lo
que ha de suceder, porque luego las cosas pueden ser
diferentes, y se pierde crédito; que la representación
oficial, que deben prever sin error, no debe perder nunca.”
José Martí dejó su huella impresa en más de veinte
publicaciones hispanoamericanas. Escribió desde un tren,
sobre las rodillas y en la madrugada. Martí ejerció un
periodismo de altura política y terrenal elocuencia.
Periodismo del que conmueve y convence; del que enamora y
arrastra. Periodismo de desvelo y contra cierre. Periodismo.
Martí, José. Obras Completas. La
Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, 27 tomos.
_________. Epistolario. La Habana, Editorial de Ciencias
Sociales y Centro de Estudios Martianos, 1993, 5 tomos