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El idioma
español: ¿es o no es algo serio?
Roberto Rodríguez
Menéndez
Cada año, por estos días de abril, para
mantener vivo el buen uso del idioma español, marcamos una
fecha en el calendario para convocarnos a reflexiones y
debates. En realidad, urge salir de un día fijo y celebrarlo
cada momento de nuestras vidas. Unos años atrás, el
profesor, ensayista e historiador de nuestra literatura y
estudioso del idioma español, doctor Salvador Bueno, me
comentaba la necesidad de fortalecer el bueno uso de
vocablos y oraciones que dieran un rumbo lógico a nuestras
relaciones humanas. Según él, el idioma español hablado en
Cuba tenía lagunas |

Celima Bernal, una de esas
honorables personas que defienden el buen uso del idioma
español. |
| necesarias de
eliminar y más en una sociedad convocada a una cultura
general integral donde el idioma era asunto de sumo interés.
Los años continúan inevitables y uno se sigue preguntando
ahora mismo en nuestro país: ¿Se usa bien o se abusa del
idioma español en Cuba? ¿Hay en ello ignorancia o morosidad
mental? |
En tanto, acerco al lector de Cubarte una
reciente entrevista a Celima Bernal, una de esas honorables personas
que defienden el buen uso del idioma español, nacida en la provincia
cubana de Pinar del Río. Es graduada de la Escuela Normal de esa
bella región y del Instituto Superior Pedagógico Enrique José
Varona. Trabajó 36 años en todos los niveles de la educación. Ha
sido profesora de Literatura y Español. Fue Premio Nacional José
Martí en 1953, por el mejor trabajo escrito sobre la vida y obra del
Maestro, convocado para alumnos de nivel medio. Aprobó tres cursos
de verano en la Universidad de Alabama, USA, y numerosos cursos de
especialización, entre otros estudios. Durante la etapa
insurreccional luchó como miembro del Directorio Revolucionario 13
de Marzo, y escribió en periódicos clandestinos.
Colaboró durante algún tiempo con el seudónimo
de Celia María y el anagrama Camile Lebrán Ragaci, en los periódicos
Trabajadores y DDT, y en las revistas Cauce, Chinchila, de Pinar del
Río; en En Julio como en Enero, y en las mexicanas La Crónica, El
centavo y Santería. Le han divulgado artículos en Juventud Rebelde,
en Trabajadores y en DDT. Formó parte de jurados y del grupo de
redacción de libros escolares y orientaciones metodológicas del
Mined.
Antes había escrito varias unidades que
sirvieron como textos en las Facultades Obrero Campesinas. Ha
realizado investigaciones etnológicas. Actualmente se encuentra
jubilada. Es autora de treinta libros, tres de ellos de género
testimonio, uno de leyendas, uno de versos, y varios de otras
narraciones (cuentos y noveletas). Tiempo de nostalgia, de trece
relatos cortos, fue editado por Lugus Libros, de Canadá. La familia
del señor y La señora Lechuza y Rafa, el desordenado, vieron la luz
recientemente. Prepara una novela casi autobiográfica, y dos libros
de testimonio, uno de ellos, Addé Kolá y La Habana de “Cartucho”. Su
libro de leyendas afrocubanas Desde la otra orilla, recientemente
reeditado, ganó la Distinción Especial del Grupo Niños de Haydée.
Había sido premiado en el certamen Los Pinos Nuevos. Obtuvo el
Premio Abril 2001 en la categoría juvenil con su libro Él cuida de
mí, que también ganó La Rosa Blanca, entre los publicados ese año.
En la actualidad tiene una columna semanal en el periódico Juventud
Rebelde, y ocupa dos espacios radiales, los miércoles y sábados en
el programa Haciendo Radio, de Radio Rebelde, desde hace seis años
Son apenas datos importantes en la vida de esta escritora.
-Le propongo un acercamiento a un tema que
tiene aristas difíciles de sortear: libro digitalizado o ese libro
de carne y hueso que tocan con pasión las manos de los lectores...
¿de quién será el futuro?
-La técnica, el desarrollo, se imponen sin
dudas; pero para mí, nada pudiera jamás sustituir al libro que
llevamos de aquí para allá, a ese que se gastó entre nuestras manos,
que envejeció a la par de nosotros, que incluso olvidado por años,
lo encontramos un día, empolvado, con varias hojas de menos, quizás,
y sentimos la misma emoción de hallarnos, cara a cara, con alguien a
quien quisimos mucho una vez, y a quien creíamos olvidado.
-Idioma: Radio y Televisión en Cuba: un
comentario nada costumbrista y sí con esa sensación de estar sobre
la bola, como dicen en nuestro mundanal ruido (incluya locución,
novelas, programación variada, Radio Reloj, las narraciones
deportivas, etc.). Se trata, amiga, de lo que usted aprecia en el
orden del buen uso y el mal uso del idioma español. En todo caso
¿cómo eliminar el dinamitado idioma en estos medios tan asequibles
al cubano? Si se atreve se lo agradezco y claro, los incontables
lectores que usted tendrá.
-Lo más preocupante no es que el idioma se
maltrate en la calle; lo inconcebible es que algunos de los
encargados de dirigirse al público, de servir como ejemplo, no se
esfuercen por eliminar las muletillas, por dominar el uso del
gerundio, por aprender cuándo utilizar una forma especial de
pronombre personal, y no otra. Ignoran en muchas ocasiones lo más
elemental, pongamos por caso, el empleo del verbo haber como
impersonal. Una piensa que no les preocupa su prestigio, y peor aún,
que poco les importa el daño que esa desidia suya pueda causar en
tantas personas. Molesta su negligencia. Alguien debiera censurar
esos errores. Se repiten incesantemente, y no parecen importar a
nadie.
-Se oyen tantas barbaridades y se cae en una
pobreza preocupante en cuanto al uso del lenguaje que en verdad
asusta...Como profesora de tanta experiencia ¿cómo lograr que desde
la Primaria hasta la Universidad se hable correctamente y se aumente
el número de nuevas palabras que desarrollen mejor el pensamiento
lógico de nuestros alumnos?
-Los padres tienen que entender cuánto bien
harían a sus hijos, si cuidaran el modo de expresarse. El hogar es
fundamental en todo proceso educacional. Sabemos que el niño imita
lo que ve, lo que oye. Resulta muy difícil pretender eliminar
errores adquiridos y fijados como con goma loca. Los empleados de
círculos infantiles, los maestros --sobre todo los de la enseñanza
primaria-- han de interiorizar que las frases vulgares, que las
expresiones chabacanas, no los hacen parecer más simpáticos, sino
menos responsables. Es sagrada la misión que se deja en sus manos, y
juraría que una mayoría no lo recuerda.
-Debieran ofrecérseles cursos de gestualidad,
de buenas maneras, de discreción, de ética...
-No es cuestión de dominar una lengua. Creo que
nadie puede preciarse de ello; pero en la medida en que conozcamos
mejor la nuestra, desde temprano, tendremos un arma poderosa para
sortear más tarde, con menos dificultad, los escollos de la vida. El
lenguaje es importante para comunicarse con más facilidad, para
pensar con más profundidad, para organizar mejor las tareas, y para
algo que muchos olvidan: para callarse cuando no hay nada
interesante que decir.
-¿Cree que en Cuba se lee lo suficiente y
con calidad de lectura o vivimos en una pompa de jabón que enmascara
el tema?
-Al menos se compran libros: es evidente. Y
pensamos que se lee, solo que leer no es pasar la vista sobre lo
escrito; es entender, interpretar el pensamiento del autor;
analizar, sacar conclusiones. Una vez dije que había quienes andaban
eternamente con un ejemplar bajo el brazo, como si la cultura
pudiera penetrar por ósmosis.
-Nos quedan interesantes aspectos por
abordar….le propongo, como en las buenas novelas radiales, dejar
nuestra propuesta en este momento culminante de la ósmosis para
seguir y darle cierre en una buena segunda parte.
-De acuerdo.
-Espérennos.
II PARTE Y FINAL
Celima Bernal es una persona jovial y muy
inteligente en sus razonamientos prácticos y a veces lapidarios. Uno
tiene la sensación al escucharle de que estamos ante una persona
alejada de ese polvillo vicioso que empaña a tanta gente interesante
en este mundo. Se aprende al escucharle porque ella tiene bien
aprendida su parte que es bien difícil y en ocasiones poco potable
de enseñar. Será por lo anterior que tanto me ha agradado que
respondiera mis preguntas utilizando ese tiempo multiplicado y
silencioso que es una madrugada cualquiera en esta casi ruidosa
Habana que tantas veces, a esas horas tan enredadas, baila un
flamenco a la manera de un zapateo a la inversa. Me resulta algo
complicada la imagen anterior pero el lector nuestro es de altos
quilates, según se aprecia.
Dialogando con esta mujer certera en el idioma
de Cervantes me viene a la mente recuerdos de mi vida universitaria
donde destaco, entre otros profesores, fuera de serie, como diría
ahora alguno de mis alumnos de la Escuela de Instructores de Arte, a
dos doctores que me acompañan en el pensamiento emocional de
aquellos tiempos venerables y a veces impensables al mismo tiempo:
el doctor Ernesto García Alzola, ya fallecido, eminencia en la en
las asignaturas de Literatura Cubana y Española y en la Gramática,
destacado escritor de cuentos y especial ensayista en temas
martianos, un amigo con el cual compartí momentos definitorios de mi
enseñanza personal y la doctora María Dolores Ortiz, mujer de esa
dulzura especial que une a sus conocimientos impresionantes y tan
vitales, ambos revolucionarios y hacedores del nuevo magisterio
cubano.
La primera parte de esta entrevista la dejamos
en un momento enigmático: la ósmosis
Y como lo prometido es deuda, vamos a la
segunda parte y final de este encuentro que espero disfruten a
plenitud
-Buenas y malas palabras... ¿qué opina?
-Ante esta pregunta siempre contesto lo mismo.
Mi padre, a quien nunca le escuché ninguna, me decía bromeando: "No
son malas, no han matado a nadie". Algunos, ¡algunas!, las usan, y
abusan de ellas con tal desparpajo, que para sí, han llegado a
perder la carga semántica; se han convertido en simples
interjecciones. No sé adónde iremos a parar.
Sin que por esto pienses que soy partidaria de
esos palabros, quiero recordarte que hay momentos, lugares, en que
se han necesitado. El asunto está en saber cuándo, dónde y cómo. La
historia recoge anécdotas inolvidables en relación con esto. A veces
un vocablo cualquiera, expresado violentamente, en tono destemplado,
ofende más. Por supuesto, hay palabras obscenas y palabras obscenas.
Dígame libros infaltables en una biblioteca
hogareña.
Un diccionario, las Obras completas de José
Martí, y... ¡qué pena!, soy incapaz de decidirme por otro. Lo que sí
creo es que no debe haber tres o cuatro libros solamente en una
casa.
-Su labor literaria es extensa... ¿.Se
siente realizada?
-Bueno, no tan extensa como yo quisiera; pero
sin que parezca una falsa modestia, he publicado mucho más de lo que
merezco. ¿Realizada?. Generalmente, la gente contesta a preguntas
semejantes a esta con un: "no" rotundo. Yo debo confesarte que la
vida me ha dado demasiado. Sería poco agradecida, si te negara que
me siento muy, muy realizada.
-¿Qué escribe por estos días?
-Además de la columna de Juventud Rebelde, de
lo que grabo para Haciendo Radio, hay a medias mil cosas. El tiempo
no va a alcanzarme: estoy convencida de ello. Uno de mis hijos me
aconseja: "Entrégate ya, vieja, te quedan dos apagones". Tengo una
noveleta, llevada y traída, y nunca acabada, a la que he agregado
vivencias propias, pero no es autobiográfica; sería aburridísima.
-A su juicio ¿qué área de la literatura
cubana (géneros) encuentra más sólida...? Argumente, por favor.
-La narrativa, sin dudas. Tenemos excelentes
narradores. Aquí razono que muchos entrevistados ante esta pregunta
hablan de la Poesía. ¿Los tiempos varían en nuestra literatura?…
Bueno, sea así o no
-Vuelvo a la carga con la literatura
cubana….en esta ocasión me voy al siglo XX: ¿qué autores y obras le
parecen trascendentales?
-Son varios los realmente trascendentales, pero
quiero limitarme a mis preferidos: la novelística de Alejo
Carpentier, la cuentística de Onelio Jorge Cardoso, y la poesía de
Nicolás Guillén. De los vivos no voy a decirte nada; se presta a
torcidas interpretaciones.
-Me encanta la última parte de su respuesta,
estimada amiga. Y aflojando y apretando el tema le sugiero otra
pregunta: ¿Escribirá sus Memorias?
-¿Para qué?, ¿a quién pudieran interesar?
-A mi me encantarían leerlas. Siempre se ha
dicho que aprender no ocupa espacio.
-Vuelvo a repetirte lo mismo, estimado
Roberto.
-En ese caso. Mi dulce Celima, le pido que
usted misma se haga una pregunta final para cerrar la
entrevista…¿Puede ser?
-Muy bien.
-Adelante:
-De no ser lo que es, ¿qué hubiera querido ser?
Una magnífica escritora, de las que ganan certámenes
internacionales. Varios de mis colegas me han jurado que no les
interesan los triunfos. A mí sí. ¿Para qué voy a negarlo? "Un premio
--dijo alguien-- es una caja de resonancia". Después te publican, te
leen, te admiran, y eso, no me niegues que tiene que ser muy
gratificante. Escribir y guardar en una gaveta es terrible.
-Muy terrible.
-Bien terrible.
-¡Y dígalo, señora…y dígalo!
(Fuente:
Cubarte)
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