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Diptongo e hiato y
sobre algunas palabras
Hay que distinguir bien el diptongo, del hiato
y del triptongo. Precisemos que el diptongo es la secuencia de dos
vocales distintas pero que se pronuncian dentro de la misma sílaba,
como en el caso de siento o suave (sien-to, sua-ve). En el caso de
una h intercalada no influye para clasificar como diptongo o hiato
una secuencia vocálica. Ejemplo: prohibir, ahínco. Los diptongos se
acentúan siguiendo las reglas generales de acentuación, se
consideran diptongos estas secuencias vocálicas: vocal abierta +
vocal cerrada o, en orden inverso, vocal cerrada + vocal abierta,
siempre que la cerrada no sea tónica: peine, aplauso, huevo, viento,
canción. También se incluye el caso de dos vocales cerradas
distintas como en jesuítico, ciudad, veintiún, diurno. Según el
Diccionario Panhispánico de Dudas, la tilde debe colocarse en los
diptongos con una vocal abierta tónica y una cerrada átona, o
viceversa, sobre la vocal abierta, como después, náutico o
murciélago. En los diptongos formados por dos vocales cerradas, la
tilde se coloca sobre la segunda vocal: acuífero, casuística,
demiúrgico, interviú. Aclaremos ahora el caso de los triptongos, que
son la secuencia de tres vocales que forman parte de una misma
sílaba, como es el caso de a-pre-ciáis. Para que haya un triptongo
se deben combinar dos vocales cerradas (i, u) átonas y, en medio de
éstas, una vocal abierta (a, e, o). En el caso de caía no es un
triptongo, aunque haya tres vocales, porque no tienen la combinación
de cerrada-abierta-cerrada. Por último, hablemos del hiato, que es
la secuencia de dos vocales que se pronuncian en sílabas distintas:
ac-tú-a, pa-ís, ca-er. Desde el punto de vista fonético, son hiatos
las combinaciones de vocal abierta (a, e, o) átona + vocal cerrada
(i, u) tónica: raíz, laúd, reír, oír. También las de vocal cerrada
tónica + vocal abierta átona: daría, ríe, frío; o de dos vocales
iguales: azahar, poseer y de dos vocales abiertas distintas: caer,
aorta, teatro.
(Fuente:
Los muñequitos-PL)
SOBRE ALGUNAS PALABRAS
Balcón
Cuando los pueblos germánicos invadieron a
Europa, se asimilaron rápidamente la cultura de las tierras
conquistadas, asumiendo su religión, costumbres e idiomas, pero
dejaron en ellos la impronta de sus lenguas, como ocurrió en Italia,
España y Francia. En la Península Ibérica, nombres germánicos como
Fridenandus, formado por frithu (paz, alianza) y nanth (osado,
atrevido), dio lugar al españolísimo Fernando, Rodericus, a Rodrigo
y Gundisalvus a Gonzalo. En Italia, los godos que se establecieron
en el norte, en la región del valle del Po, que se llamaron
longobardos (hoy lombardos) y dieron su nombre a la Lombardía,
impusieron allí palabras como balko (viga, en el alemán actual,
Balken), de la cual se derivó balco (tablado) y más tarde balcone,
que dio lugar a nuestro balcón.
Los longobardos pronunciaban la b con fuerza,
como consonante explosiva, y por esa razón se formó en italiano el
término palco de donde se derivó palco, palabra que en español
denota ‘un espacio en forma de balcón para los espectadores de un
teatro’ y, en portugués, equivale a nuestro ‘escenario’.
Exótico
Aplicamos el calificativo exótico a aquellas
costumbres, comportamientos, hábitos culturales y hasta objetos que
nos resultan extraños o misteriosos por provenir de otras tierras
cuya cultura nos es extraña. Por esa razón, lo que es extraño en
algunos países, puede no serlo en otros: el autor recuerda que
cierta vez, caminando por una calle de Hamburgo, divisó a lo lejos
un cartel en el que se leía: Exotische Früchten (frutas exóticas)
hasta que, al llegar más cerca percibió que se trataba de...
¡bananas!
El vocablo figura en el Diccionario desde la
primera edición (1734), y tiene numerosos derivados, tales como
exotismo o exoticidad, pero la Academia rechazó la primera hasta
1984 por provenir del francés.
La palabra proviene del latín exoticus formada
ésta a partir del griego exotikós, derivada de exo (afuera, hacia
fuera) con el prefijo –ikós, aplicado en esa lengua a los adjetivos
formados a partir de otras partes de la oración.
Para los clásicos latinos exoticus era, como
para nosotros, todo aquello que se pudiera calificar como ‘extraño,
peregrino o extravagante’.
Mismo
Este adverbio proviene del latín ipse, con
idéntico significado. El lector podrá preguntarse, con legítima
curiosidad, dónde está la semejanza que permite tal derivación.
Intentaremos explicarlo en las próximas líneas.
En la Edad Media, el ipse del latín clásico
recibió la forma enfática ipsimus, posteriormente unida a la
partícula met, que se empleó para reforzar el significado de los
pronombres personales. En el lenguaje oral, adoptaba también la
forma med. Así, egomet y tumet significaban, respectivamente, ‘yo
mismo’, ‘tú mismo’. De esta manera se formó medipsimus, que en
castellano dio lugar a meesmo y meísmo, hasta evolucionar a la forma
actual, que ya aparece en el Cantar de Mio Cid. En regiones rurales
de algunos países hispanohablantes, se mantiene hasta hoy la forma
arcaica mesmo, que prevaleció también en el portugués moderno.
(Fuente:
http://www.elcastellano.org)
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