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Miércoles, 25 de Junio de 2008


Diptongo e hiato y sobre algunas palabras

Hay que distinguir bien el diptongo, del hiato y del triptongo. Precisemos que el diptongo es la secuencia de dos vocales distintas pero que se pronuncian dentro de la misma sílaba, como en el caso de siento o suave (sien-to, sua-ve). En el caso de una h intercalada no influye para clasificar como diptongo o hiato una secuencia vocálica. Ejemplo: prohibir, ahínco. Los diptongos se acentúan siguiendo las reglas generales de acentuación, se consideran diptongos estas secuencias vocálicas: vocal abierta + vocal cerrada o, en orden inverso, vocal cerrada + vocal abierta, siempre que la cerrada no sea tónica: peine, aplauso, huevo, viento, canción. También se incluye el caso de dos vocales cerradas distintas como en jesuítico, ciudad, veintiún, diurno. Según el Diccionario Panhispánico de Dudas, la tilde debe colocarse en los diptongos con una vocal abierta tónica y una cerrada átona, o viceversa, sobre la vocal abierta, como después, náutico o murciélago. En los diptongos formados por dos vocales cerradas, la tilde se coloca sobre la segunda vocal: acuífero, casuística, demiúrgico, interviú. Aclaremos ahora el caso de los triptongos, que son la secuencia de tres vocales que forman parte de una misma sílaba, como es el caso de a-pre-ciáis. Para que haya un triptongo se deben combinar dos vocales cerradas (i, u) átonas y, en medio de éstas, una vocal abierta (a, e, o). En el caso de caía no es un triptongo, aunque haya tres vocales, porque no tienen la combinación de cerrada-abierta-cerrada. Por último, hablemos del hiato, que es la secuencia de dos vocales que se pronuncian en sílabas distintas: ac-tú-a, pa-ís, ca-er. Desde el punto de vista fonético, son hiatos las combinaciones de vocal abierta (a, e, o) átona + vocal cerrada (i, u) tónica: raíz, laúd, reír, oír. También las de vocal cerrada tónica + vocal abierta átona: daría, ríe, frío; o de dos vocales iguales: azahar, poseer y de dos vocales abiertas distintas: caer, aorta, teatro.

(Fuente: Los muñequitos-PL)

SOBRE ALGUNAS PALABRAS

Balcón

Cuando los pueblos germánicos invadieron a Europa, se asimilaron rápidamente la cultura de las tierras conquistadas, asumiendo su religión, costumbres e idiomas, pero dejaron en ellos la impronta de sus lenguas, como ocurrió en Italia, España y Francia. En la Península Ibérica, nombres germánicos como Fridenandus, formado por frithu (paz, alianza) y nanth (osado, atrevido), dio lugar al españolísimo Fernando, Rodericus, a Rodrigo y Gundisalvus a Gonzalo. En Italia, los godos que se establecieron en el norte, en la región del valle del Po, que se llamaron longobardos (hoy lombardos) y dieron su nombre a la Lombardía, impusieron allí palabras como balko (viga, en el alemán actual, Balken), de la cual se derivó balco (tablado) y más tarde balcone, que dio lugar a nuestro balcón.

Los longobardos pronunciaban la b con fuerza, como consonante explosiva, y por esa razón se formó en italiano el término palco de donde se derivó palco, palabra que en español denota ‘un espacio en forma de balcón para los espectadores de un teatro’ y, en portugués, equivale a nuestro ‘escenario’.

Exótico

Aplicamos el calificativo exótico a aquellas costumbres, comportamientos, hábitos culturales y hasta objetos que nos resultan extraños o misteriosos por provenir de otras tierras cuya cultura nos es extraña. Por esa razón, lo que es extraño en algunos países, puede no serlo en otros: el autor recuerda que cierta vez, caminando por una calle de Hamburgo, divisó a lo lejos un cartel en el que se leía: Exotische Früchten (frutas exóticas) hasta que, al llegar más cerca percibió que se trataba de... ¡bananas!

El vocablo figura en el Diccionario desde la primera edición (1734), y tiene numerosos derivados, tales como exotismo o exoticidad, pero la Academia rechazó la primera hasta 1984 por provenir del francés.

La palabra proviene del latín exoticus formada ésta a partir del griego exotikós, derivada de exo (afuera, hacia fuera) con el prefijo –ikós, aplicado en esa lengua a los adjetivos formados a partir de otras partes de la oración.

Para los clásicos latinos exoticus era, como para nosotros, todo aquello que se pudiera calificar como ‘extraño, peregrino o extravagante’.

Mismo

 Este adverbio proviene del latín ipse, con idéntico significado. El lector podrá preguntarse, con legítima curiosidad, dónde está la semejanza que permite tal derivación. Intentaremos explicarlo en las próximas líneas.

En la Edad Media, el ipse del latín clásico recibió la forma enfática ipsimus, posteriormente unida a la partícula met, que se empleó para reforzar el significado de los pronombres personales. En el lenguaje oral, adoptaba también la forma med. Así, egomet y tumet significaban, respectivamente, ‘yo mismo’, ‘tú mismo’. De esta manera se formó medipsimus, que en castellano dio lugar a meesmo y meísmo, hasta evolucionar a la forma actual, que ya aparece en el Cantar de Mio Cid. En regiones rurales de algunos países hispanohablantes, se mantiene hasta hoy la forma arcaica mesmo, que prevaleció también en el portugués moderno.  

(Fuente: http://www.elcastellano.org)
 

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