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La terminología en los deportes
Juan Morales Agüero
El deporte
constituye un fenómeno social trascendente en el mundo
contemporáneo, un elemento que integra con personalidad propia la
historia de los siglos XX y XXI. El hecho posee gran riqueza
cultural y, a su vez, exhibe ángulos de estudio por las diferentes
ciencias aplicadas. Uno de los más significativos es su estrecha
correspondencia con la Comunicación Social.
Los estudiosos
coinciden en que la actividad deportiva produce per se un lenguaje
distintivo con variantes lingüísticas y simbólicas que incrementan
el discurso del hombre. Se trata de palabras y expresiones capaces
de definir con precisión sus diferentes modalidades competitivas. Es
tan rica léxicamente que hasta diccionarios técnicos existen para
conocer sus significados.
Tan grande ha
sido la incidencia actual del hecho deportivo que los procesos
comunicativos que lo acompañan rebasaron sus límites desde el pasado
siglo. Su capacidad para crear modelos expresivos resulta de tal
dimensión que, incluso, llamó la atención de las más prestigiosas
instituciones lingüísticas que norman y coordinan los derroteros de
nuestra lengua materna. Así,
la Asociación
de Academias de la Lengua Española e incluso la Real Academia
Española pretenden la plena incorporación a sus publicaciones, la
consideración científica de sus aportaciones y la observación de sus
neologismos por su capacidad para instalarse con éxito social en el
habla común y por acoger las tendencias más novedosas del español
actual (Marín Montín: 2001).
Antonio
Alcoba, teórico con varios libros publicados sobre el tema, dice
que
las acciones
del deporte, producto del comportamiento de los jugadores y de los
reglamentos que lo ordenan, dan lugar en ocasiones a la
extrapolación de sus significados a otras actividades. El deporte ha
creado un idioma cuyo lenguaje se proyecta desde diversos ángulos:
hablado, escrito, simbólico o semiológico (Alcoba, 1993: 27).
El problema es
entonces la necesidad de profundizar en este asunto desde la
academia y desde espacios de la comunicación deportiva, un concepto
más vasto y atinado que su ejercicio profesional. Un comunicador
especializado no solo está obligado a ejercer con creciente
destreza el manejo del lenguaje, sino que deberá interpretar de
forma más contextualizada el complejo mundo que enmarca la práctica
de la cultura deportiva contemporánea.
Porque, según
aprecia el propio Antonio Alcoba López,
la
comunicación deportiva ha pasado de ser una hermana pobre de la
información, a ser reclamada por la sociedad, y el periodismo
deportivo, enaltecido por la expansión del deporte y por los
intereses creados a su alrededor, debido a ser una actividad
inteligible para todos los seres humanos y abierta a todas las
razas, ideologías y religiones, a convertirse en una faceta de la
información con personalidad propia (Alcoba, 1993: 22).
El deporte
conforma junto con los medios de comunicación un enlace que se
realiza por códigos lingüísticos. Esta relación preside los
conocimientos que trascienden hasta la lengua. Desde el punto de
vista comunicativo, el resultado inmediato es el empleo consecuente
de la terminología que se maneja para referirse a todo lo
concerniente al sector deportivo.
Sin embargo, y
como asegura Jesús Castañón, una autoridad en el asunto,
a la hora de
destacar sus formas de expresión se tiende más a comentar sus
posibles fallos que a describir el estilo particular de hablar y
escribir con el que muchas generaciones de periodistas han
ensanchado las posibilidades expresivas del idioma español. Por eso,
parecen tener más fuerza las tradicionales acusaciones de difícil
asepsia intelectual, excesiva subjetividad, tendencia a la opinión,
uso que se desvía de la norma común, inflación de extranjerismos,
proliferación de terminología bélica y consideración como ámbito de
torpezas gramaticales e incorrecciones (Castañón: 2008 ).
Desde el punto
de vista estilístico, y por su naturaleza, la terminología de los
deportes debería cautivar más a los lingüistas por lo que significa
en el orden teórico y de la presencia constante de la temática en
los diferentes medios de comunicación. Puyal, en su tesis de
licenciatura, escribió sobre este particular, específicamente sobre
el fútbol. Y aunque se refiere a España, en Cuba tiene un efecto
similar, en este caso a lo relacionado con el béisbol. Dice:
…el número de
españoles capaces de recitar de memoria los nombres de los jugadores
de la Selección Nacional de fútbol es sensiblemente superior al de
los que pueden hacer lo propio con los nombres de los Ministros del
Gobierno. Ante un fenómeno tan inmediato, y marginando cualquier
otro tipo de consideraciones, se hace evidente que el impacto fútbol
en nuestro país ha adquirido proporciones gigantescas. Este impacto,
que se acusa, por supuesto, en muchos otros países, ha alcanzado, en
su área de influencia, desde los aspectos sociológicos hasta los más
variados de la actividad humana. El lenguaje, claro está, refleja
ese impacto (Puyal, 2002: 1).
En efecto, a
pesar del gran impacto y repercusión que tiene el deporte en la vida
cotidiana de los cubanos, y de los resultados deportivos alcanzados
por muchos de sus equipos y atletas en el contexto internacional,
solo unos pocos trabajos abordan esa temática desde una perspectiva
linguo-estilística.
Uno de ellos
es obra de Lydia Castro Odio, titulado Análisis lingüístico de una
muestra del noticiero deportivo. En ese estudio -su tesis
universitaria en el 2003- la autora disecciona y analiza segmentos
de la programación deportiva radial y televisiva cubana, pero solo
la incidencia del lenguaje en esos medios, sin hacer referencia a la
prensa escrita, objeto de estudio de este trabajo.
Otros
materiales retoman el tema, pero desde una posiciones más bien
costumbrista. Y en su generalidad el centro lo ocupa el béisbol, por
su condición de deporte nacional, generador de un variadísimo
surtido de términos y frases que han calado profundamente, incluso,
en el habla cotidiana. No obstante su insuficiente estudio desde la
ciencia, la terminología del béisbol en Cuba mantiene un lugar
importante en el panorama lexicológico nacional.
Félix Julio
Alfonso López, en su trabajo titulado Las frases del béisbol en el
lenguaje popular de Cuba, dice que:
[…] esta
enorme popularidad del juego de pelota llevó a que sus partidarios
comenzaran a usar el léxico deportivo como una suerte de lenguaje
paralelo al habla común, convirtiendo sus códigos en parte de la
sabiduría popular. En tal dirección pudiera pensarse que tales
locuciones solo resultan comprensibles para los hablantes de la
lengua familiarizados con la jerga beisbolera y sus usos fuera y
dentro del terreno; sin embargo, esta fraseología para iniciados en
determinados contextos, expresa un sentido que puede ser
decodificado fácilmente por quienes lo leen o escuchan aunque no
sepan nada de pelota (Alfonso: 2001)).
En esta misma
dirección, medio en broma, medio en serio, el periodista e
intelectual cubano Manuel Márquez Sterling propuso un nuevo
diccionario de términos beisboleros en el cual, junto a la
definición literal del vocablo, apareciera una interpretación
metafórica específica (Ver Anexo 1).
Los cubanos
Alexis Castañeda y Edelmis Anoceto Vega aseguran que,
más allá de
estas necesidades prácticas del pasatiempo nacional, el pueblo ha
ido creando una jerga que se ha extrapolado a la vida cotidiana
fuera de los estadios, al extremo que ya apenas se recuerda su
origen, mientras, por otra parte, se han llevado a la parla
deportiva frases sacadas del lenguaje común para ilustrar momentos
puntuales del juego (Castañeda: 2003).
Sin embargo,
no todo es coincidencia sobre este punto del discurso beisbolero en
la prensa entre los cubanos que lo han tratado. El prestigioso
intelectual Lisandro Otero, por ejemplo, arremete así contra algunas
de sus aristas:
El primer
objetivo de toda jerga es lograr una comunicación rápida y sencilla
usando términos técnicos. Mediante ese recurso los iniciados logran
una rápida comprensión con un mínimo de recursos de exposición. Pero
en el caso de la jerga beisbolera existe una voluntad barroca de
oscurecer el mensaje, de complicarlo innecesariamente con metáforas
y tropos que nublan el entendimiento. Es obvio que los iniciados
entienden esas fórmulas estereotipadas y comprenden el galimatías en
que se les habla (Otero: 2006).
El resto de
los materiales que se aproximan al tema lo hacen desde enfoques
humorísticos, costumbristas o periodísticos, es decir, sin hondura
teórica o metodológica en los argumentos. El autor opina que, en
virtud del desarrollo alcanzado por Cuba en materia deportiva, deben
incrementarse los estudios en el ámbito periodístico, incluyendo la
elaboración de un diccionario que recoja los aportes cubanos a la
terminología deportiva y que constituya una herramienta de consulta
y de trabajo para los profesionales que laboran en el sector.
La Real
Academia Española toma en serio el asunto, pues en la última edición
de su Diccionario se registran términos de 29 disciplinas de Juegos
Olímpicos de verano e invierno y 51 deportes no olímpicos, con
especial predilección por las artes marciales y los deportes de gran
difusión social. Y el II Congreso Internacional de la Lengua
Española, celebrado en Valladolid, España, en 2001, se destacó la
importancia de la renovación idiomática que genera el deporte al
atender a los neologismos del habla común que se generalizan desde
él. Este léxico periodístico especializado genera una gama de
matices capaz de generar a cada momento códigos lingüísticos
accesibles solamente para quienes siguen con regularidad el
desarrollo de las competencias.
Desafortunadamente, es exigua la bibliografía especializada
existente. Sin pecar de absoluto, se puede decir que el léxico
periodístico deportivo está escasamente estudiado en Cuba por la
ciencia. Eso a pesar de que, como afirma Arango Horero.
el mundo de la
información deportiva creció como ningún otro en el periodismo del
siglo XX. Difícilmente podamos encontrar una actividad de
convocatoria masiva superior a la alcanzada por unos juegos
olímpicos. El deporte es, en suma, una actividad cultural
imprescindible en la sociedad contemporánea. Esta realidad plantea
un reto para el periodista deportivo del siglo XXI, pues la
profundización en el conocimiento de disciplinas de orden
científico, humanista y social se hace tan imprescindible como el
dominio de los deportes sobre los que informa (Arango Forero:
2005)).
El propio
autor colombiano alerta de que el reto idiomático ante el segundo
siglo del deporte moderno exige un conocimiento de la situación
general de la comunicación deportiva. Y dice sobre el asunto:
la renovación
del idioma español en el deporte requiere difundir el conocimiento
de la lengua española, superar la formación de una lengua imprecisa,
de tópicos, de lugares comunes y de fatales definiciones. Se trata
de escribir en ella lo mejor que se pueda, cultivarla, precisarla,
rehacerla luchando contra la pereza y con el apoyo del estudio
científico de la lengua desde las universidades (Ibid).
El estudio del
idioma del deporte debe convertirse en un observatorio de las nuevas
tendencias del español más actual, pues en la última década del
siglo XX y primera del XXI, cerca de 700 expresiones difundidas por
el lenguaje periodístico del deporte se extendieron a otros ámbitos.
Es una necesidad incrementar las investigaciones de la ciencia en
ese campo.
En las
facultades de Comunicación Social de Cuba no existen libros de texto
que aborden desde el punto de vista docente el periodismo deportivo
y su aprendizaje como modalidad con singularidades propias. Tampoco
las casas editoriales han publicado diccionarios especializados que
recojan en detalle en sus páginas la profusa terminología que el
popular sector suele generar.
Durante años
los periodistas deportivos cubanos se han formado de forma empírica,
es decir, sin intervención directa de la academia. La mayoría tiene
título universitario, pero no ha recibido cursos de
especialización. La propia competencia deportiva ha sido la escuela
fundamental, con el complemento de la fantasía personal para crear
términos. Esta situación se agudiza porque no existe en el país un
libro de texto capaz de propiciar un análisis a fondo del estilo
deportivo y de describir sus regularidades, rutinas productivas e
ideologías profesionales. Al carecer de esa bibliografía
fundamental, los que llegan al sector exhiben un alto grado de
improvisación en su trabajo.
(Cubaperiodistas)
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