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¿Por qué quieren matar a Gutenberg?
Edgar
Borges
Con la velocidad de un
rayo, segundo a segundo, como manda la instantaneidad del
sistematizado presente, se habla de la muerte de la imprenta. Con
insistencia, algunos hacedores de la prensa y del libro pronostican
el final del papel. Incluso, cada vez que un gurú de las “nuevas
tecnologías” presenta uno de sus “siempre fugaces” inventos, se
ponen a correr editores y directores, tanto de prensa como de
libros, tras las pistas de un mecanismo (soporte, fórmula, magia,
etc.) que les permita la sobrevivencia en la selva del consumo
global. Y me pregunto: ¿por qué quieren matar a Gutenberg? ¿Qué
intereses se esconden detrás de todo este asunto que trabaja
frenéticamente para quitarle la vida a la imprenta? ¿Acaso en
beneficio del conocimiento de la humanidad no pueden coexistir los
dos soportes, el impreso y el digital?
Es posible que Umberto Eco
haya exagerado cuando aseguró que “internet es uno se los grandes
peligros del futuro”. Sin embargo, son muchas las interrogantes que
debemos plantearnos sobre este cambio de paradigma que nos propone
(o impone) “ese algo invisible” que maneja las leyes del mercado.
¿Hacia dónde avanza internet? ¿Estaremos los individuos y los
colectivos tendiéndole la alfombra a las grandes corporaciones?
¿Terminará la llamada superautopista de la información convertida en
el callejón uniforme del mundo? ¿Qué pasaría si efectivamente
cediéramos todos los espacios de funcionamiento exterior al sistema
virtual? ¿Qué sucederá el día en que a un gurú se le ocurra apagar
la luz? ¿En manos de qué gran poder omnipresente estamos dejando la
observación, la crítica y el movimiento?
Internet, como otros
muchos inventos, puede ser una vía hacia la comprensión de lo humano
y sus múltiples realidades o una bifurcación que conduzca al
cementerio de las ideas. Ante cada invento se invierte mucho en
hacernos creer que tal cosa nos llevará más lejos en el complejo
camino del desarrollo humano. No obstante, resulta paradójico que en
este instante de veloces medios tecnológicos, mayor sea el nivel de
estupidización (y vulgarización) de las masas del mundo. Me parece
sospechoso el adormecimiento de las distintas sociedades del
planeta; todo parece indicar que avanzamos hacia la forma más
peligrosa de dominio que haya conocido la humanidad: la
sofisticación de la ignorancia.
Las anteriores
consideraciones dan lugar a muchos caminos, a innumerables debates.
Sin embargo, en este momento opto por lanzar preguntas relacionadas
al salvaje intento de quitarle la vida al señor Gutenberg. ¿Desde
qué oficina virtual decidieron que la imprenta era un invento sin
futuro? ¿A qué sector del poder le interesa que la humanidad camine
a paso atropellado? ¿Será que la víctima central de este atentado es
la ilustración? ¿Del Siglo de las Luces pasaremos al siglo de la
estupidez? ¿Se convertirá la web en un medio controlado
exclusivamente por el poder global que un buen día se inventó el
Apocalipsis financiero para mutar su funcionamiento con un fin de
dominio superior?
Asumo que con esta crítica
más de uno dirá que lo mismo se advirtió cuando surgieron la radio,
el cine, la televisión y el teléfono (fijo, móvil, de zapato y
demás). Si bien la comparación tiene muchas vertientes (hoy lo nuevo
es viejo mañana), me voy a detener en dos. De la televisión para acá
se pretende unificar (y banalizar) todas las realidades del mundo.
Y, a medida que se desarrolla internet (cada semana nos cambian la
tarjera, el código o la velocidad), se nos quiere vender (o imponer)
la idea de que todos los anteriores inventos terminarán siendo
engullidos por la Madre Red. Y no nos dejan opción: ¡El día tal
quedarán fuera de circulación los aparatos analógicos; si no te
cambias: quedarás incomunicado, varón! ¡No le hagas ese daño a tu
familia, y si se lo haces, nunca te lo perdonarán, varón! (Paga y
participa en el siguiente paso de la modernidad)
Al ser humano le están
reduciendo su capacidad de observación; la necesaria serenidad que
requiere toda reflexión está amenazada por una prisa desaforada e
irracional. Es posible que detrás de este shock informativo, que hoy
es internet, exista la estrategia de la saturación, del desgaste;
quizá el objetivo sea convertirnos en estúpidos (algo peor que
zombies). Siempre un imbécil dice sí antes que un rebelde. Habrá que
profundizar el pensamiento crítico en función del fondo que debería
ser la lógica de todas las formas: lo humano.
(Fuente
argenpress.info) |