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El, y no: «un», plácemes
y marioneta
Confío en que me estés leyendo con espíritu
detersorio. No creas que la palabra es rebuscada; ¡qué va!, usamos
constantemente una prima hermana suya: detergente, ambas proceden
del latín detersus: limpiar. Que deterge, que limpia, y ¡oye bien!,
aclara el diccionario: ¡sin corroer! Por tanto, está abierto el
buzón para críticas y sugerencias amables, que «quien les habla, no
se puede alterar».
Por cierto, ¿sabes qué quiere decir: amable?
Pues: susceptible de ser amado. ¡Qué linda palabra!, ¿verdad?
Igual que buscamos en el patio de la casa, en
los rincones, algún posible foco de Aedes, registremos nuestro
vocabulario, nuestros gestos, autoinspeccionémonos constantemente.
Es la única manera de lograr que no enfermemos de ese dengue
peligrosísimo, el del disparate.
Hoy nos referiremos a uno que muchos cometen
con frecuencia: Emplean el artículo indeterminado un, en lugar del
determinado el. Repiten expresiones similares a estas: «Nació un 31
de marzo de 1963», «se conocieron un 15 de junio de 1958», por:
...el 31 de marzo de 1963,....el 15 de junio de 1958.
Siempre he pensado que si comprendieran la
causa del error, no lo cometerían. ¿Hubo más de un 31 de marzo en
1963?, ¿por casualidad te enteraste de que 1958 trajo dos o tres 15
de junio? ¡Claro está que no!
Veamos: Si tienes un hijo, se referirán a él
como: el hijo de Zutano; si son varios, pues entre ellos, a un hijo
de Zutano. Por eso es lícito hablar de un sábado de enero del 2002,
porque en enero del 2002 hubo cuatro sábados. También de un día de
octubre de 1905, ya que igual que siempre, tal mes tiene, tuvo y
tendrá: 31 días. Pero no: «un invierno de 1810»; sino: el invierno
de 1810. No hay más de uno en ningún año.
Recuerda, si se trata de día, mes y año
determinados, usa: el, y no: «un».
Tratemos de hablar correctamente. El lenguaje
sirve para comunicarnos con los demás, que nos agradecerán mucho una
conversación sin errores, sin muletillas, sin vacilaciones, sin
frases tontas, manidas y huecas. Y, por supuesto, nuestro prestigio
estará más «obrigado» aún, como se dice por agradecido, en
portugués.
La respuesta de hoy
Una señora me pregunta: ¿Es correcto usar el
verbo polarizar, en expresiones como: «Se polarizó en el estudio de
esa asignatura, y descuidó las demás»? Sí, figuradamente se emplea
así. En sentido recto es modificar los rayos luminosos por medio de
refracción o reflexión, de tal manera que queden incapaces de
refractarse o reflejarse de nuevo en cierta dirección. Hay otras
acepciones, relacionadas también con la electricidad.
(Fuente:
Celima Bernal-Juventud Rebelde)
Plácemes
A raíz de IV Congreso de la Lengua Española,
realizado el pasado año en Colombia, se habla de rescatar palabras
"en peligro de extinción" y me parece muy bien porque, aunque el
idioma se enriquece continuamente, no hay por qué restarle. En
cuanto a la palabra plácemes no sé si llamarle en peligro,
vulnerable o rara —para seguir usando categorías ecologistas—: lo
cierto es que no se usa mucho. Aquí dos ejemplos tomados de Martí:
"Todo merece plácemes." y "Día es hoy de plácemes.", por supuesto,
mucho más logrados que la expresión citada por una lectora "está de
plácemes y recibe las felicitaciones de su familia", que resulta
cuando menos redundante. Esta voz, que se usa generalmente en
plural, procede de placer al igual que complacer, placentero y sus
derivados. Significa "felicitación" y entre sus sinónimos están:
brindis, congratulación, elogio, enhorabuena, parabién.
(Fuente:
María Luisa García -Granma)
Marioneta
Es lo mismo que en español llamamos títere y
proviene del francés marionnette, que significa ‘imagen de madera,
cartón, tela u otro material que representa una figura o animal,
articulado o no, accionado mediante la mano o por medio de hilos’,
según nos relata el Trésor de la Langue Française.
En la Grecia del siglo de Pericles (V a. de
C.), los niños contaban con marionetas de madera, cuyos miembros se
movían por medio de hilos.
En castellano se registra esta palabra desde el
siglo XIX, como en este texto de la novelista española Emilia Pardo
Bazán:
A la margen del río se veía bajar y subir el
brazo derecho de las lavanderas, como miembro de marioneta movido
por resortes, y se oía el plas acompasado de la paleta con que
azotaban la ropa. Por el agrio talud de la ribera ascendían lentos
carros cargados de arena y casquijo, y cruzaban después el puente,
bañado en sudor el tiro, muy despacio, sonando a largos intervalos
las campanillas.
Sin embargo, en el Diccionario académico de
1927 apareció por primera vez marcado como ‘galicismo’ de uso en
Chile. En la edición de 2001 aparecía, ya sin marca regional, como
‘títere’ o, también, ‘persona que se deja manejar dócilmente’.
(Fuente:
http://www.elcastellano.org)
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