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Los idiomas que se pierden para siempre
Andrés Alsina
No puedo imaginar mayor soledad: hay un idioma que solo es hablado
por una persona, el bikya. Es una lengua de la rama idiomática
Níger-Congo, y esa persona, una mujer, vive en el poblado de
Furubana, en la región noroeste de Camerún, cuna de los bantúes que
en el siglo II a. de C. se dispersaron desde la costa africana hacia
el Este y el Sur del continente, llevando civilización con su
cultura de metalurgia en hierro y el cultivo de nuevas especies.
La penetración alemana que
comenzó en la región en 1884 se apropió de las tierras más fértiles
y fue el comienzo del fin para muchas cosas en Camerún. Al fin de la
Gran Guerra, en 1918, Inglaterra y Francia invadieron el territorio,
y luego de la segunda guerra, en 1945, comenzó el movimiento
anticolonial. Hoy son quince millones de personas que viven de
cereales importados y tienen un PIB per cápita de 610 dólares.
A esta mujer, cuyo nombre ignoro, la filmó el lingüista David Dalby
hablando bikya como su idioma natal para que no se perdiera su
lengua. No logro recordar la fecha en que lo hizo, pero la mujer
tenía en ese momento 87 años de edad. Me enteré también de que en
1986 eran cuatro las personas que hablaban bikya. Fue una referencia
vista al pasar en una noticia menor de la BBC lo que me despertó el
interés. Supe así que el lipán apache es hoy hablado por dos
personas, y el totoro, en Colombia, por cuatro. Hacia fines de este
siglo, el 90% de los idiomas actualmente hablados en el mundo habrán
dejado de existir.
Los idiomas hablados por menos de diez personas son hoy 133. Quiere
decir esto que viven toda la vida en esa prisión del entendimiento,
esa reducción del mundo. La globalización y el inglés arrasan con
ellos. La organización estadounidense Ethnologue afirma que hay 473
idiomas en peligro de extinción, y la tendencia no es una
preocupación que aflija este mundo. Ethnologue es una organización
cristiana que estudia idiomas poco difundidos para proveerlos de
biblias. Esta gente tiene contabilizados 7 358 idiomas, el 6% de los
cuales es hablado por el 94% de la población, mientras que un 6% de
la población habla el 94% restante de los idiomas.
Hoy el español es el segundo idioma más hablado; el primero es el
mandarín, hablado por 845 millones de personas, el español por 329 y
el inglés por 328 millones de personas. La suma de estos tres
idiomas equivale casi a la cuarta parte de la población mundial y
los hombres damos por un hecho capacidades culturales adquiridas. La
experiencia personal de haber vivido muchos años en otro idioma me
cambió la perspectiva. Podía notar cómo iba perdiendo mi español: mi
léxico disminuía a pasos agigantados. Veía a mi alrededor cómo gente
que no trabajaba con el idioma quedaba reducida al vocabulario
hogareño, tal vez mil palabras.
La imagen de mis abuelos húngaros perdiendo su idioma natal antes de
terminar de aprender el español era mi futuro probable; yo terminé
chapurreando en cuatro idiomas, además del natal. Al volver a
Uruguay pude sentir cómo crecía mi vocabulario y con él, la
complejidad de mi pensar y entender.
Admiro a los cosmopolitas, que piensan y seguramente sueñan en
varios idiomas, sin problemas, como los centroeuropeos, por ejemplo.
Estoy seguro de que esto les permite desarrollar mejor su
inteligencia.
La hegemonía del español es muy fuerte, como se demuestra en Estados
Unidos y en el propio Uruguay, donde saber brasilero es una
excepción, y la geografía nos da una amplia faja de transición
idiomática con diversos grados de portuñol.
La experiencia personal me lleva (prevengo que mi conclusión no
tiene base académica) a estar convencido de que el idioma es
consecuencia de una cultura y no su puerta de entrada. Perder
idiomas es, para la humanidad, naturalmente, perder una herencia
cultural. Pero más importante es perder la posibilidad de razonar y
adquirir conocimientos en libertad. En fin, son noticias que uno ve
al pasar y los diarios no titulan.
(Fuente
El Observador/Elcastellano.org)
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