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La salud del español de Cuba
Neiky Machado
Flores
Los cubanos hace varias décadas
presumimos —con razón— por figurar entre los países con
mejores índices de escolaridad del planeta. Ciertamente la
gratuidad de la educación en la isla, la preferencia en la
formación de profesores, y el empeño de la Revolución cubana
en aumentar la cultura nacional, constituyen artífices de
tales resultados.
Cualquier hombre de esta isla puede
hablar de la historia patria con la fluidez de un maestro,
sin mencionar los conocimientos de matemática básica que
garantizan precisión en los pagos y cobros del comercio
cotidiano. |

Este texto, editado varias
veces en la isla, es uno de los tantos que tiene como
objetivo el adecuado dominio de la lengua de Cervantes. |
En nuestras calles, con naturalidad hablamos de
medicina, recomendamos medicamentos —irresponsablemente, eso sí—,
pronosticamos lluvias y trayectorias ciclónicas, vaticinamos
decisiones políticas…Sin embargo, los cubanos no dominamos bien
nuestra lengua materna.
Un comentario con suficientes argumentos para
varias cuartillas merecería las incorrecciones del diálogo diario.
Erradas conjugaciones verbales, problemas de concordancia,
muletillas, supresión o adición de letras se presentan en cada
conversación sin que lo notemos siquiera. Por ende, en los textos
impresos exhibimos una ortografía que en nada se corresponde con el
origen etimológico de la palabra (del griego orto —recto— y grafía
—escritura—).
Pues sí, desde hace varios meses he querido
comentar sobre lo poco recta que se presenta la escritura actual.
Las faltas cada vez son más frecuentes en las aulas universitarias,
incluso en aquellas en las que se preparan futuros profesionales de
las Ciencias Sociales. Porque atención, no hablo de uno o dos
"errorcitos"…
Según varios estudiantes universitarios
interrogados, la causa más común de los citados errores radica en
que la tarea de ajustar la ortografía y redacción de un texto se le
ha dejado a los correctores de Microsoft Word. Incluso algunos
declaran abiertamente que en la era digital no resulta
imprescindible conocer las reglas para escribir bien, pues la
computadora casi "mágicamente" se encarga de eso.
Sin embargo, no es noticia para nadie que ella,
máquina al fin, no diferencia palabras homófonas, concordancia de
colectivos o cualquiera de los grafemas cuya regla para la escritura
dependa del contexto en que se emplean. ¿Acaso nunca notó que el
editor de texto tan solo subraya en rojo, o en verde, frases o
palabras para que usted tome la decisión final de cómo deben ir
escritas?
La mensajería instantánea (chat y mensajes de
texto por celular) y el correo electrónico también han contribuido a
la propagación de errores. La brevedad y rapidez de ese discurso ha
hecho surgir una larga lista de combinaciones increíbles. Ya se
puede leer "ke" en lugar de "que", "s" para referirse a "ese",
"recuer2" como "recuerdos", por citar ejemplos comunes. Si estos
recursos no se generalizan, y se convierten en el futuro en formas
de escribir cotidianamente estas palabras —aunque así también digan
lo mismo—, el asunto no será grave.
Aunque sí me parece que está comprometida
nuestra imagen de país muy bien educado por la ortografía de algunos
profesionales y por la escritura que exhiben varios establecimientos
gastronómicos estatales que visité en el verano. Recorrí durante
julio y agosto tres provincias cubanas y en todas encontré ejemplos
para citar aquí.
Podemos empezar con el helado de "fran bueza",
el puerco "azado", la "pitsa" y el "spaghetty" que encontré en
disímiles carteleras. También quizás a usted le toque como a mí
visitar un "servisio" sanitario, o le avisen alguna vez que el perro
de un vecino es "feros". Puede que, por casualidad, le toque
lamentar cómo para dar una bienvenida oficial se emplea el
gentilicio de donde nació con un cambio de letra imperdonable.
Cuando leo estas barbaridades cuestiono
muchísimo a las personas que deben revisar los mensajes públicos.
¿No es posible consultar un diccionario antes de escribir frambuesa,
asado, pizza, espagueti, servicio, feroz? ¿Quién se responsabiliza
con estos errores que serán aprendidos y luego reproducidos en
cualquier sitio?
Lamentablemente nadie responde, nadie los
corrige, ni toma medidas. No hablo de disposiciones escolares —que
por suerte ya se están tomando—, me refiero a instrucciones que
involucren a todos los espacios públicos y a sus mensajes, esas que
garantizarán la corrección de nuestra gramática, la salud del
español que hablamos y escribimos en Cuba.
(Fuente
Cubahora)
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