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¡SOS a la ortografía!
La
escritura correcta fue desplazada por el contenido durante años,
hasta el punto de no ser considerada por muchos profesores requisito
indispensable para aprobar. Ello trajo como consecuencia que, hoy,
personas con relevantes títulos académicos exhiban una sarta de
faltas a la hora de redactar. También su expansión, cual terrible
pandemia, a todo tipo de instituciones.
Aun
cuando no existen fórmulas mágicas, está demostrado que la mejor
herramienta para lograr verdaderas conquistas en asuntos de
ortografía es la lectura.
Y si
no, vean esta joya:
Sucedió
hace algunos años. El muchacho –en aquel entonces estudiante del
último curso de una carrera universitaria-, me solicitó que lo
ayudase a mejorar su pésima ortografía. En más de una ocasión, los
profesores de la Facultad lo habían alertado de que dicho
inconveniente podría impedir su graduación.
Comoquiera que para él representaba un asunto de ‘vida o muerte’
acepté. Así, pues, la primera sesión comenzó con el dictado de una
veintena de vocablos de los archiconocidos en nuestra lengua. Aunque
me había advertido de sus frecuentes dislates, no dejó de
sorprenderme que al escribir el primero de ellos cometiera los tres
errores posibles: aviso, fue plasmado en el papel, con h, con b y
con z.
La
anécdota puede parecer un tanto insólita, pero es real. Y siempre
que me tropiezo con esos enormes gazapos expuestos en tablillas y
carteles retorna a mi mente.
Si bien
preocupa a los escolares reflejar en los exámenes las lagunas
arrastradas de enseñanzas precedentes, episodios como el antes
relatado constituyen la señal de alerta sobre un asunto capaz,
incluso, de poner en tela de juicio el nivel de instrucción de
nuestro pueblo. Si aceptamos que ‘al mejor escritor se le va un
borrón’, como reza un viejo axioma, resulta difícil imaginar a un
galeno subrayando en determinado diagnóstico ipoglisemia o diavetis,
en lugar de hipoglicemia o diabetes.
Es
cierto. La escritura correcta fue desplazada por el contenido
durante años, al punto de no ser considerada por muchos profesores
requisito indispensable para aprobar. Ello trajo como consecuencia
que hoy personas con relevantes títulos académicos exhiban una sarta
de faltas a la hora de redactar. También su expansión, cual terrible
pandemia, a todo tipo de instituciones.
La
ortografía es la parte de la gramática encargada de normalizar y
regular cómo escribir un idioma, y urge, por tanto, otorgar todo su
esplendor a esa maravillosa creación que es la palabra. Para su
dominio no basta con aprender reglas de manera forzada. Menos vale
pedir eso a las nuevas generaciones a quienes resulta difícil
seguirlas.
Por
otro lado, la existencia de palabras homógrafas, homófonas, y de
aquellas que dado el proceso de evolución de la lengua admiten
escribirse de maneras distintas, nos obligan a prestar la debida
atención a sus funciones e incluso, muchas veces, a esclarecer dudas
en el diccionario.
Aun
cuando no existen fórmulas mágicas, está demostrado que la mejor
herramienta para lograr verdaderas conquistas es la lectura, de ahí
la importancia de lograr la inclinación hacia ella desde edades
tempranas. Si el uso de este vital instrumento falló en algún
momento, entonces, intentemos subsanar el error. Prohibamos con h y
con b mostrarnos indiferentes a las cotidianas pifias ortográficas.
(Con
-sin- su permiso, he hecho una modesta corrección de estilo para
adaptar el lenguaje del artículo a sus posibles lectores
peninsulares)
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Bibliografía
SOS a
la ortografía. Miriam Velázquez Rodríguez
(Fuente: Blog Desequilibrios)
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