La
II Declaración de La Habana
Jorge Oller Oller
El
domingo 4 de febrero de 1962, la Plaza de la Revolución
se desbordó de pueblo, al igual que todas las avenidas y
calles que conducían al monumento más alto de Cuba y la
imponente imagen de José Martí. Se reunía la Asamblea
del Pueblo de Cuba para proclamar junto al Comandante en
Jefe Fidel Castro la II Declaración de la Habana.
José Martí y Latinoamérica hablaron también en la voz de
Fidel en este documento histórico, quien desenmascaró la
voraz codicia del imperio yanqui por las riquezas
latinoamericanas y a los traidores que le hacían el
juego. Condenó los agresivos acuerdos de la OEA
(Organización de Estados Americanos) amañados por los
Estados Unidos que cuatro días antes, a espaldas de la
gran familia sudamericana, expulsó a Cuba de esa
organización, lo que abrió las puertas para recrudecer
el bloqueo económico contra la Isla y legitimar la
agresión militar en un vano intento de separar a Cuba de
América Latina.
La
II Declaración de La Habana fue una lección de dignidad,
soberanía, autodeterminación, valentía y solidaridad
que nuestra pequeña nación socialista e
internacionalista dio al mundo. Más de un millón de
patriotas cubanos, reunidos en la histórica plaza,
levantaron con orgullo sus brazos de aprobación y de
total apoyo a Fidel y la Revolución.
Una asamblea así no se había visto antes en la historia
del mundo y fue un extraordinario reto para los
fotorreporteros cubanos que no contaban con los recursos
necesarios para ello.
Hacía mas de un año,
desde el 19 de octubre de 1960, que el gobierno
estadounidense había prohibido las exportaciones
norteamericanas a Cuba, lo que detuvo súbitamente la
entrada de equipos y materiales fotográficos
suministrados por las fabricas Kodak y Ansco, a las que
se sumó la inglesa Ilford, así como las importaciones
de los almacenes Morris, Caribbean Photo Company y
American Photo los que, entre todos, dominaban el
mercado fotográfico en Cuba. La cámara Speed Graphic de
placas de 4 x 5 pulgadas, símbolo de los fotorreporteros
y usada entonces por la prensa de toda la América,
desapareció de Cuba a finales de aquel año por la falta
de películas.
Los
fotógrafos de la prensa revolucionaria surgida en 1959
usaban cámaras fotográficas de películas de 35 mm.,
principalmente de las marcas Leica y Contax, y unas
pocas Rolleiflex de rollos 120, casi todas propiedad de
los mismos fotógrafos. Después de la victoria militar
cubana en Playa Girón la prensa comenzó a recibir
cámaras soviéticas de 35 mm. como la FED y la Kiev,
similares a la Leica y la Contax; la Zenit con penta
prisma, la Leningrado con una cuerda integrada para
retratar secuencias y la Exakta, también con penta
prisma, de la Republica Democrática Alemana. De este
último país vino también la Praktisix de formato 120.
Estos aparatos tenían monturas que aceptaban objetivos
angulares y teleobjetivos que ampliaban un poco más la
amplitud o el alcance de los lentes normales que traían
la cámara. Por su parte la agencia Prensa Latina
adquirió cámaras japonesas de 35 mm. marca Pentax con un
juego de lentes. Sin embargo ninguno de los objetivos
angulares que tenían sobrepasaba los 78 grados, un
tercio más de lo que abarcaba un lente normal.
En
esos días Mariano Ferré, de la revista Bohemia,
consiguió un lente Biogon de 20 milímetros para su
Contax IIIA que abarcaba un espacio de 90 grados, la
mitad de la Plaza, el cual también prestó a los
compañeros que tenían Contax o Kiev . Era el lente más
amplio que había entre los fotógrafos cubanos. Ningún
periódico disponía de cámaras panorámicas, ni de otro
objetivo capaz de captar toda esa impresionante
demostración popular. Así y todo, la cobertura
fotográfica fue muy buena y desplegada, y al final, con
mucho empeño y laboriosidad, se pudieron lograr dos
panorámicas, hechas de formas diferentes y cuyas
historias referimos a continuación.
Tony
Martín, reportero grafico de Bohemia, recordó que
Manuel Martínez Illa, conocido como “el mago de las
panorámicas”, se había dedicado desde los años veinte
hasta mediados de los cincuenta, a las fotografías
panorámicas. Tenía una vieja cámara Kodak Cirkut nº 10,
fabricada en el año 1907, la cual, mediante una cuerda
acoplada a la base de un trípode podía girar sobre su
eje dando una vuelta completa y retratando todo lo que
se encontrara a su alrededor. Dicha cámara se podía
regular también para captar un tramo menor. La película
que usaba medía 10 x 96 pulgadas. Illa había retratado
muchísimos grupos de centenares de personas que posaban
en las graduaciones y banquetes y también panorámicas de
fábricas, paisajes y barcos de turistas entrando por el
puerto de La Habana.
Cuando
Tony Martín fue a verlo estaba enfermo, pero se animó al
ver que se acordaron de él y que su cámara podía ser
útil aún después de tantos años de estar arrinconada.
Los dos la revisaron y probaron los mecanismos. Todo
funcionaba bien, sólo había que reparar el fuelle de
piel que tenia algunos diminutos agujeritos por los que
le entraba la luz. Nada importante -dijo Illa -, puedo
arreglarlo. Lo que no tengo, ni tampoco el modo de
conseguirla es la película. Tony no se amilanó, le dijo
a Illa que él se encargaría de buscaría y le dio al
anciano fotógrafo algún dinero para medicinas y
alimentos. Preguntando e indagando por aquí y por allá
averiguó que el Instituto de Cartografía tenía unos
rollos de película para las cámaras fotográficas aéreas
que usaban los aviones para hacer mapas y que eran
iguales a las que necesitaba. Y fue a ver a Cesar
Escalante jefe entonces de la Comisión de Orientación
Revolucionaria de las Organizaciones Revolucionarias
Integradas, y le hablo del proyecto y, además, le
planteó que necesitaba conseguir la película y un
camión de la empresa eléctrica con plataforma, de los
que se usan para cambiar los bombillos del alumbrado
publico, con el fin de colocar la cámara y tener un
plano elevado en que se viera la presidencia y el
pueblo. A Cesar le gustó mucho la idea y satisfizo los
pedidos de Tony. El día antes de la concentración se
realizó un ensayo para probar la cámara y ubicar el
camión.
Llegó
el esperado día. La plaza llena. El camión parqueado en
el mismo centro de la base del monumento detrás de la
presidencia. Illa y Tony subieron a la plataforma y
después de armar la cámara fueron elevados hasta unos
cinco metros del suelo, altura que determinó el nivel de
burbuja que tenia empotrada la cámara para que la
fotografía quedara perfecta; cualquier desnivel hacia
arriba o hacia abajo falseaba la perspectiva, curvando
el horizonte y deformando los edificios. Una vez situada
y ajustada la cámara accionaron el disparador y quedó
grabada en la película la imagen de la plaza. Una vez
que terminaron de fotografiar fueron rápidamente a la
casa de Martínez Illa, revelaron el negativo e
imprimieron una panorámica que fue entregada a Fidel al
terminar la asamblea.
Según me
explicó Tony Martín, el Comandante quedó muy complacido
con la panorámica. Se imprimieron 750 copias que se
distribuyeron en la ONU, en las embajadas cubanas y a
personalidades amigas de todo el mundo.
La
idea de Tony de situar un camión de la empresa eléctrica
en la base del monumento fue muy beneficiosa para todos
los que estuvimos allí reportando gráficamente aquel
magno evento, porque César Escalante orientó que después
de que Martín e Illa terminaran de fotografiar la
panorámica, los fotógrafos acreditados podían hacer uso
también de esa plataforma. Subimos de dos en dos durante
unos cinco minutos. Mariano Ferré, de Bohemia y
Revolución, y el que escribe estas líneas, que
reportaba para la agencia Prensa Latina y el
diario Hoy, tuvimos la suerte de ser los
primeros. Le pedimos al operador que alzara la
plataforma a la altura máxima que alcanzaba la
plataforma que eran 10 metros.
Tenía pensado hacer una panorámica empatando varias
fotos horizontalmente como lo había hecho en otras
ocasiones, desde que el profesor Juan Manuel Guerrero,
de la Escuela Profesional de Periodismo “Manuel Márquez
Sterling”, me enseñara la técnica. Cuando llegamos a la
altura tope que permitía la plataforma, la vista era
mucho más grande e impresionante de lo que imaginé. (El
hecho de no tener que preocuparnos por el plano de nivel
que exigía la cámara panorámica y poder subir 5 metros
más nos permitió captar una vista más completa de la
plaza). Rápidamente enfoque mi cámara Rolleiflex 2.8c de
rollos 120 y aprecié que con una tira de seis
exposiciones podía captar todo el pueblo reunido en la
plaza y la avenida Paseo de un extremo al otro. Sin
embargo, la altura que me permitía el negativo no era
suficiente para incluir los edificios que tenía que
incluir como referencia. Determine entonces hacer dos
panorámicas: una del pueblo y otra de los edificios y
unirlas después. Mariano me prestó su objetivo gran
angular para tirar algunas fotos con mi Contax y le
conté mi idea. Él pensó que era una muy buena, pero
también muy difícil, y me deseo suerte. Cuando bajamos
le pedí a Paco Altuna, que también trabajaba en Prensa
Latina, los rollos que había tirado. Se había organizado
el trabajo de manera que yo estuviera en la Plaza hasta
las cinco de la tarde y con los rollos de Altuna
regresara a la Agencia para adelantar el trabajo y hacer
las panorámicas. Llegue avanzada la tarde.
Allí me esperaban los laboratoristas Joaquín y Miguel
Viñas y Pablo y Carlos Pildain, jóvenes ágiles y
competentes que rápidamente procesaron los materiales
que traje de la Asamblea. Secos los negativos,
imprimimos primero los que conformarían la panorámica en
papel de 8 x 10 pulgadas. Hicimos cuatro juegos por si
se echaba a perder alguna fotografía. Cada una de las
fotografías fue basculada en la ampliadora para corregir
la perspectiva y que los edificios quedaran
perfectamente perpendiculares con respecto a la línea
del horizonte. Todos coincidían exactamente con la
fotografía que tenia al lado y la de arriba o debajo
según correspondiera. No hubo necesidad de retocar nada,
todo coincidió. Y mientras Miguelito y su equipo
reproducía la panorámica que acabábamos de hacer y la
incluía en los envíos habituales que diariamente se
hacían y al departamento de radiofotos del MINCOM, hice
una segunda composición para el periódico Hoy que
se imprimiría de lado, a lo largo de la ultima plana,
para darle mayor despliegue. No había terminado aun
cuando llegó Paco Altuna con las fotos finales del acto.
Al ver la combinación panorámica me pidió que hiciera
otra más para el diario El Mundo, donde él también
trabajaba, la cual lleno totalmente las dos planas
centrales del diario. La fotografía fue impresa en
otras publicaciones, folletos, libros, carteles y
murales y obtuvo el primer premio de la categoría
“actualidad” en el certamen de las Agencias de Prensa
celebrado en Praga en el verano de 1962.
Al
volver a ver aquellas informaciones y fotografías
publicadas en la prensa de hace medio siglo, nos
recuerdan como la II Declaración de la Habana puso de
pie a América Latina y la
echó a andar. “Y su marcha de gigantes – como profetizó
- no se detendrá hasta conquistar la verdadera
independencia”.
Fuentes:
-
Periódico Hoy del 5 de febrero de 1962
-
Entrevista a Tony Martín el 22 de mayo de 1998.
(Cubaperiodistas.cu)