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El Maine: la
explosión de las grandes mentiras
Jorge Oller Oller
Mientras los
mambises luchaban victoriosamente en la manigua
por la independencia de Cuba, el acorazado
norteamericano Maine explotaba misteriosamente
en la bahía de La Habana a las 9:40 de la noche
del 15 de febrero de 1898. La explosión fue en
la proa donde la marinería tenía su dormitorio y
seguidamente el fuego alumbraba un trágico
espectáculo de muerte y horror. De inmediato
hubo una respuesta solidaria de marinos |

El acorazado
Maine entrando al puerto de La Habana a las 11
de la mañana del 25 de enero de 1898. Formaban
su tripulación dos jefes, seis oficiales y
trescientos cincuenta marineros. La nave ancló
en la boya numero cuatro. Foto de José Gómez de
la Carrera. |
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españoles y
habaneros que acudieron rápidamente a auxiliar a
los sobrevivientes y trataron de dominar las
llamas. |
A
media noche y a pesar de todos los esfuerzos que se
hicieron el barco se ladeó hundiéndose por la popa y
dejando ver la destrozada proa. A su alrededor flotaban
los cadáveres de 264 marineros y 2 oficiales que
estaban a bordo –la dotación la componían 358 hombres.
También perecieron 2 marinos españoles y varios
sufrieron serias heridas mientras realizaban las labores
de salvamento. El crucero de guerra español Alfonso XII
que se hallaba fondeado junto al Maine recibió daños. El
capitán del navío americano y la casi totalidad de los
oficiales estaban en tierra cumplimentando diversas
invitaciones.
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Una de las
primeras fotos del Maine después de la
explosión. Fue tomada en las primeras horas de
la mañana por el capitán de artillería del
Ejército español Pedro de Barrionuevo y
publicada en el Diario del Ejército. |
Al siguiente
día, el jueves 16, comenzaron los fotógrafos su
labor informativa. En una lancha de la marina de
guerra española, el capitán de artillería Pedro
de Barrionuevo captaba imágenes del buque
destrozado para los técnicos militares y el
Diario del Ejército, mientras que en un bote,
dando vueltas alrededor de los restos del
acorazado iba José Gómez de la Carrera, quien
desde el comienzo de la guerra retrataba
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escenas como
corresponsal de la revista El Fígaro y de varias
publicaciones europeas y norteamericanas.
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Como dominaba el idioma inglés y era ciudadano
norteamericano, lo acompañaba casi siempre algún
reportero yanqui que lo utilizaba además de intérprete.
Por esas razones, cuando el día 21 de enero y a bordo
del USS Mangle llegó la comisión norteamericana
encargada de la investigación lo nombraron el fotógrafo
oficial. Tanto Barrionuevo como Gómez de la Carrera
fueron los primeros fotógrafos en acercarse al buque y
retratar los restos humeantes del navío, el rescate de
las victimas que aún quedaban en el mar y el trabajo de
los buzos.
Aunque el
capitán del buque Charles Sigsbee exhortó a la
opinión publica que se “debía suspender todo
juicio hasta conocer los detalles de lo
ocurrido”, tan pronto se supo la noticia, en los
Estados Unidos la prensa sensacionalista, sin
tener ninguna prueba de ello, acusó
inmediatamente a los militares españoles de
haber colocado un artefacto explosivo en el
Maine. Comenzaba una escandalosa y agresiva
campaña para que el pueblo norteamericano
presionara al Gobierno y declarara la guerra a
España. Era el pretexto que necesitaba el
naciente imperio para inmiscuirse en la larga y
heroica lucha independentista de los cubanos y
arrebatarles su inminente triunfo.
La estación del cable de La Habana ofrecía sus
servicios de 8 de la mañana a 8 de la noche, por
esa razón los corresponsales tuvieron que
esperar |

El New York
Journal acusó a España. En su primera página
cargada de titulares sensacionalistas y la
oferta de dar 50 000 dólares por los culpables,
mostraba además un dibujo de cómo había sido
accionada desde tierra la mina que supuestamente
hundió la nave. |
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hasta la mañana
siguiente para transmitir los despachos a sus
diarios. Uno de los primeros en llegar con las
noticias del desastre fue el veterano reportero
del diario The World en La Habana Silvestre
Scovell, quien trató de enviar el siguiente
cable: “Un individuo desde un bote arrojó una
bomba sobre el acorazado Maine que produjo la
explosión…”, el censor le dijo que eso era falso
a lo que le respondió: “Sí, pero es
sensacional”. Como el parte le fue rechazado,
tranquilamente lo recogió y lo envió
clandestinamente por barco a Cayo Hueso y de
allí lo transmitieron al diario neoyorquino
donde fue desplegada la información junto con un
gran dibujo de la explosión. |
Los diarios norteamericanos The World, de Joseph
Pulitzer, The Sun, de Charles Dana, el New York Herald,
de Janes Gordon Bennett y muchos otros enviaron a sus
fotógrafos y reporteros. Vinieron más de un centenar y
todos transmitían noticias de un sensacionalismo rabioso
y fotografías trágicas o falseadas, lo que constituyó
una verdadera explosión de mentiras, exageraciones e
inexactitudes en torno al desastre del Maine.
Pero de todos los periódicos yanquis el más
recalcitrante fue el New York Journal dirigido por
William Randolph Hearst. Cuando el viernes 17 de febrero
dio a conocer la noticia puso en la primera página el
siguiente titulo:”El barco de guerra Maine partido por
la mitad por un artefacto infernal secreto del enemigo”
y debajo un dibujo del acorazado en la rada habanera y
una mina junto a la quilla de la cual salían unos hilos
eléctricos conectados a un detonador manipulado por los
españoles en la costa. La circulación alcanzó ese día un
millón de ejemplares. Curiosamente una semana antes
Hearst, acompañado de reporteros y fotógrafos, había
estado en La Habana en su yate "Bucanero” y sin pedir la
autorización correspondiente a las autoridades
portuarias españolas entró en la bahía, fondeó cerca del
Maine y tomó fotografías del acorazado y del litoral.
Por orden del jefe de la Policía de La Habana coronel
José Paglieri la nave fue multada y obligada a salir de
las aguas jurisdiccionales cubanas. ¿Pero, qué motivó
esa extraña visita a La Habana? ¿Estaría haciendo bueno
su lema de que “mientras otros hablan mi Journal actúa”?
Tampoco vaciló en publicar una fotografía supuestamente
tomada por un buzo de la armada americana y cuya imagen
mostraba el boquete que había abierto el torpedo español
en el blindaje del Maine y lo había hundido. Algún
tiempo después el historiador norteamericano Willis F.
Johnson descubrió que un año antes, la misma
fotografía, había sido publicada por Hearst en su propio
periódico, como un eclipse total de Sol.
En
aquellos días se publicaron centenares de noticias y
fotografías inventadas que los lectores creyeron eran
reales. Una de estas informaciones fue ideada por
Ricardo Arnauto un periodista independentista y ex
director del diario El Reconcentrado que estaba
refugiado en Cayo Hueso. Cuando ocurrió el estallido del
Maine, Arnauto corrió la voz de que era amigo de
Barquín, un buzo que había colocado los explosivos que
volaron al Maine. El rumor llegó, como esperaba, a los
oídos de Grayson, un avispado reportero de Prensa
Asociada (AP), y este le ofreció 300 dólares por la
historia y una fotografía del buzo. Arnauto no le costó
ningún trabajo redactar su historia, pero al tal Barquín
no lo conocía –el nombre lo había sacado de una lista de
buzos de La Habana. Hombre de grandes recursos no se
amilanó y le pidió una foto al actor bufo Gonzalo
Hernández, que estaba de gira por la Florida y escribió
al dorso de ella: “A mi fraternal amigo Ricardo Arnauto.-
José Barquín”. Entregó la información y el retrato a
Grayson y cobró lo ofrecido. Cuarenta y ocho horas
después se publicaba en los diarios yanquis el supuesto
retrato de Barquín, dando origen a la agresiva frase
“Remember the Maine”.
Poco tiempo después Grayson se encontró con Arnauto y le
confesó que él sabía que la información y la foto de
Barquín eran falsas, pero tan sensacionales que la
vendió a la AP por 3 000 dólares. Este cuento motivó
otro en el que se involucraba a William Astor, un
contrabandista de armas yanqui amigo de Theodoro
Rooselvet : el buzo José "Taco" Barquín con otros tres
más vecinos del poblado de Regla colocaron la bomba en
el Maine, muriendo uno de ellos en la explosión. También
el cinematógrafo que por aquellos meses hacía su
aparición en publico “filmó” la explosión y el
hundimiento del acorazado Maine solo que el operador de
cine, el francés Georges Meliès, no captó la escena en
la rada habanera sino que la recreó en la pecera de su
casa.
Desde un inicio las investigaciones estuvieron
divididas. Los americanos aseguraban que la explosión
había sido producida por una mina o un torpedo. Los
españoles que eran causas internas. Los primeros querían
la guerra, los segundos la evitaban. En definitiva el
Gobierno norteamericano declaró la guerra a España con
los resultados de todos conocidos. Pero siempre quedó
latente la sospecha de que la explosión del Maine fue
provocada por los propios norteamericanos para
apoderarse de las colonias que le quedaban a España en
América y el Pacifico e influir sobre los patriotas
cubanos que luchaban por su libertad y sin ninguna ayuda
extranjera habían debilitado tanto al poderoso ejercito
español que su derrota era inminente.
En
1975, el Almirante de los Estados Unidos Hyman G.
Rickover al frente de un equipo de investigadores reunió
todos los documentos e informes de las comisiones
encargadas de la investigación en 1898, las de 1912,
cuando se extrajeron los restos del buque, y cuantas
declaraciones, publicaciones y fotografías pudo obtener.
Después de un exhaustivo análisis de todo el material
dictaminó, sin lugar a dudas "que una fuente interna
fue la causa de la explosión del Maine”.
Fuentes:
Anuario El País, La Habana 1943, p. 53.
La
Nova Catalunya: Recuerdos del año noventa y ocho, junio
de 1930, pp. 8, 9 y 10.
Domingo Blanco, periódico Imparcial, Madrid, 17 de
febrero de 1898.
Almirante Hyman G. Rickover: Como fue hundido el Maine.
Editora Naval, Madrid, 1985.
Hudson
Strode
The pageant of Cuba. Randon House, New York,
1934.
Willis Fletcher Johnson: America’s Forein
Relations, London , Eveleigh Nash Company, 1916. Tomo
II, P. 250.
(Cubaperiodistas)