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Martes, 22 de Diciembre de 2009

Grandes momentos del fotorreportaje cubano


Las cenizas de Cristóbal Colón

 

Jorge Oller Oller

  

 

Conjunto escultórico del artista madrileño Arturo Melida y Alanari que simboliza a los reyes de Castilla, León , Aragón y Navarra cada uno con un escudo de oro sobre el corazón, llevando en hombros el féretro de Cristóbal Colón. La obra fue ubicada en el crucero de la Catedral de La Habana el 19 de marzo de 1898, pero no llego a inaugurarse. Fue llevada de regreso a España junto con la reliquias del Almirante. (Foto Gómez de la Carrera).

Corrían los meses finales del imperio colonial hispánico en Cuba. España había perdido la guerra y el Capitán General de la Isla reunía los símbolos de pasadas glorias para enviarlas a la metrópoli. Entre ellos los restos del Gran Almirante Cristóbal Colón descubridor de América y promotor de su colonización, que se encontraban en la Catedral de La Habana.

 

Cristóbal Colón falleció en Valladolid  el 20 de mayo de 1506 y fue sepultado en aquella ciudad. Pero el 11 de abril de 1509 sus despojos fueron trasladados a Sevilla y al morir su hijo Diego, en 1526, los restos de ambos fueron enterrados en Montalbán un pueblo cercano a Toledo.

 

En 1544, respetando la voluntad de Colón, su cuerpo fue trasladado a la isla La Española y enterrado en el altar mayor de la Catedral de Santo Domingo junto con su hijo. En 1793  España se enfrentó a la flamante República francesa y perdió. Por el Tratado de Paz de Basilea, España cedió su territorio de la isla La Española a cambio de las zonas que habían conquistado los franceses en la Península. Por esa razón, en 1795, y antes de que los galos ocuparan la Isla, las autoridades españolas trasladaron los restos del Gran Almirante a la Catedral de La Habana.

 

Esta es la historia del porqué los restos de Colón se encontraban en La Habana. En 1898, España perdía otra guerra, esta vez frente a los patriotas cubanos y la no solicitada intervención norteamericana. De nuevo las autoridades españolas se disponían a trasladar los restos del Descubridor de América, esta vez de regreso a España.

 

Es por ello que en horas muy tempranas del 26 de septiembre de 1898, la Catedral de La Habana fue tomada militarmente por los soldados españoles. A las 9 de la mañana llegó con su uniforme de gala el capitán general de la Isla Ramón Blanco y la comisión nombrada por el propio general para comprobar el contenido de las urnas, organizar las formalidades para el traslado a la península y preparar unas ceremonias dignas de tan célebre personaje de la historia universal y de España.  Una vez que entraron al templo, los soldados, cumpliendo órdenes estrictas, cerraron todas las puertas.

 

En la plaza, en los portales del Palacio del Marqués de Aguas Claras, cercano a la entrada principal de la Catedral, el fotógrafo José Gómez de la Carrera estaba preparado con su cámara, el trípode y la maleta con los chasis, atento al aviso que le haría algún miembro de la comisión para captar la fotografía oficial de aquella solemne ceremonia.

 

Pero el aviso nunca llegó, porque lo escrito en las actas no concordaba con la realidad. Se hablaba de dos arcas y solo encontraron una caja de plomo que al abrirla  con una llave que estaba sobre ella encontraron “una urna con pedazos de madera arrancados del respaldo a golpes de gubia, que dicho respaldo estaba destrozado y que por un agujero en su tercio bajo asomaba una punta de piedra. Un gesto de desagrado cambió todos los rostros y reinó el descontento por momentos, a tal extremo que, inconscientemente, unos tras otros todos quedaron en pie”. Al abrir la urna solo había  “una porción de tierra que no levantaba dos centímetros sobre el fondo de la misma, algunas astillas de huesos y dos pequeños pedazos como de 1½ centímetros y de forma semiovales; tomó el menor el doctor y dijo parecerle una falange, y analizado que hubo el segundo, pintó con él sobre la tapa de plomo, manifestando que le parecía yeso fundido, y dejando caer ambas tapas dio vuelta a la llave”.
 

Cuando el Obispo permitió pasar al fotógrafo Gómez de la Carrera al interior de la Catedral se encontró con un hueco en la pared y una tarja de mármol que servia de tapa en el suelo. Esta escena y la escultura de Melilla son las imágenes que captó aquel día para la prensa y la historia.

Ante estos hechos el Capitán General salió rabiando seguido de los funcionarios que integraban la comisión dejando los restos del Gran Almirante bajo custodia militar en la Sacristía de la Catedral. Solo quedó el Obispo que los despidió en la puerta y llamó a Gómez de la Carrera para que retratara la lapida de bronce y oro colocada al pie del hueco que habían abierto para extraer la urna con los huesos

El historiador Emilio Roig de Leuchsenring explicaba  que “aunque otra cosa pensaran entonces, ante las anormalidades descubiertas, los personajes asistentes a la referida exhumación, no hubo alteración alguna en los restos, y los que fueron llevados a España en 1898 eran los mismos traídos en 1796 de la Catedral de Santo Domingo, sin que con ello afirmemos que pertenecían a Cristóbal Colón, pues parece lo más probable que los de este quedaron en Santo Domingo, trasladándose a La Habana los de su hijo Diego”.

Los restos, fueran de Diego o de su padre no fueron embarcados de inmediato sino que tuvieron que esperar por la firma del Tratado de Paz de París, el 10 de diciembre de 1898,  para poder trasladarlos a Sevilla.

 

El 13 de diciembre, tras 78 días de guardia de honor permanente en la Catedral fueron embarcados en el crucero Conde de Venadito con los honores militares de mayor rango, los restos del Gran Almirante Cristóbal Colón junto con la lápida y el conjunto escultórico realizado por Medilla catalogados por el Tratado de París, como bienes muebles. También iba el cadáver del capitán de navío D. Joaquín Bustamante, el último militar caído en combate en Oriente defendiendo la  soberanía española en Cuba.


Sus viajes, su vida, son ampliamente conocidas por la humanidad, pero su cuna y su tumba continúan siendo un misterio. De la presumible estancia de los restos de Cristóbal Colón en La Habana quedan estas curiosas imágenes del sepulcro donde descansó durante más de un siglo y del conjunto funerario que no se pudo inaugurar...

Fuentes:

Conversación con Julio Lagomasino, profesor de la Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling.

Emilio Roig de Leuchsenring, Los restos de Colón, Carteles,  noviembre 9 de 1947 pp. 48 y 49.

Emilio Roig de Leuchsenring  ¿Fueron robados los restos de Colón de la Catedral Habanera?, Carteles, mayo 15 de 1949 pp. 34 y 35.

 

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