Las cenizas de Cristóbal Colón
Jorge Oller Oller
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Conjunto escultórico del
artista madrileño Arturo Melida y Alanari que
simboliza a los reyes de Castilla, León , Aragón
y Navarra cada uno con un escudo de oro sobre el
corazón, llevando en hombros el féretro de
Cristóbal Colón. La obra fue ubicada en el
crucero de la Catedral de La Habana el 19 de
marzo de 1898, pero no llego a inaugurarse. Fue
llevada de regreso a España junto con la
reliquias del Almirante. (Foto Gómez de la
Carrera). |
Corrían los meses finales del imperio colonial hispánico
en Cuba. España había perdido la guerra y el Capitán
General de la Isla reunía los símbolos de pasadas
glorias para enviarlas a la metrópoli. Entre ellos los
restos del Gran Almirante Cristóbal Colón descubridor de
América y promotor de su colonización, que se
encontraban en la Catedral de La Habana.
Cristóbal Colón falleció en Valladolid el 20 de mayo de
1506 y fue sepultado en aquella ciudad. Pero el 11 de
abril de 1509 sus despojos fueron trasladados a Sevilla
y al morir su hijo Diego, en 1526, los restos de ambos
fueron enterrados en Montalbán un pueblo cercano a
Toledo.
En 1544, respetando la voluntad de Colón, su cuerpo fue
trasladado a la isla La Española y enterrado en el altar
mayor de la Catedral de Santo Domingo junto con su hijo.
En 1793 España se enfrentó a la flamante República
francesa y perdió. Por el Tratado de Paz de Basilea,
España cedió su territorio de la isla La Española a
cambio de las zonas que habían conquistado los franceses
en la Península. Por esa razón, en 1795, y antes de que
los galos ocuparan la Isla, las autoridades españolas
trasladaron los restos del Gran Almirante a la Catedral
de La Habana.
Esta es la historia del porqué los restos de Colón se
encontraban en La Habana. En 1898, España perdía otra
guerra, esta vez frente a los patriotas cubanos y la no
solicitada intervención norteamericana. De nuevo las
autoridades españolas se disponían a trasladar los
restos del Descubridor de América, esta vez de regreso a
España.
Es por ello que en horas muy tempranas del 26 de
septiembre de 1898, la Catedral de La Habana fue tomada
militarmente por los soldados españoles. A las 9 de la
mañana llegó con su uniforme de gala el capitán general
de la Isla Ramón Blanco y la comisión nombrada por el
propio general para comprobar el contenido de las urnas,
organizar las formalidades para el traslado a la
península y preparar unas ceremonias dignas de tan
célebre personaje de la historia universal y de España.
Una vez que entraron al templo, los soldados, cumpliendo
órdenes estrictas, cerraron todas las puertas.
En la plaza, en los portales del Palacio del Marqués de
Aguas Claras, cercano a la entrada principal de la
Catedral, el fotógrafo José Gómez de la Carrera estaba
preparado con su cámara, el trípode y la maleta con los
chasis, atento al aviso que le haría algún miembro de la
comisión para captar la fotografía oficial de aquella
solemne ceremonia.
Pero el aviso nunca llegó, porque lo escrito en las
actas no concordaba con la realidad. Se hablaba de dos
arcas y solo encontraron una caja de plomo que al
abrirla con una llave que estaba sobre ella encontraron
“una urna con pedazos de madera arrancados del respaldo
a golpes de gubia, que dicho respaldo estaba destrozado
y que por un agujero en su tercio bajo asomaba una punta
de piedra. Un gesto de desagrado cambió todos los
rostros y reinó el descontento por momentos, a tal
extremo que, inconscientemente, unos tras otros todos
quedaron en pie”. Al abrir la urna solo había “una
porción de tierra que no levantaba dos centímetros sobre
el fondo de la misma, algunas astillas de huesos y dos
pequeños pedazos como de 1½ centímetros y de forma
semiovales; tomó el menor el doctor y dijo parecerle una
falange, y analizado que hubo el segundo, pintó con él
sobre la tapa de plomo, manifestando que le parecía yeso
fundido, y dejando caer ambas tapas dio vuelta a la
llave”.
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Cuando el Obispo permitió pasar al fotógrafo
Gómez de la Carrera al interior de la Catedral
se encontró con un hueco en la pared y una tarja
de mármol que servia de tapa en el suelo. Esta
escena y la escultura de Melilla son las
imágenes que captó aquel día para la prensa y la
historia. |
Ante estos hechos el Capitán General salió rabiando
seguido de los funcionarios que integraban la comisión
dejando los restos del Gran Almirante bajo custodia
militar en la Sacristía de la Catedral. Solo quedó el
Obispo que los despidió en la puerta y llamó a Gómez de
la Carrera para que retratara la lapida de bronce y oro
colocada al pie del hueco que habían abierto para
extraer la urna con los huesos
El historiador Emilio Roig de Leuchsenring explicaba
que “aunque otra cosa pensaran entonces, ante las
anormalidades descubiertas, los personajes asistentes a
la referida exhumación, no hubo alteración alguna en los
restos, y los que fueron llevados a España en 1898 eran
los mismos traídos en 1796 de la Catedral de Santo
Domingo, sin que con ello afirmemos que pertenecían a
Cristóbal Colón, pues parece lo más probable que los de
este quedaron en Santo Domingo, trasladándose a La
Habana los de su hijo Diego”.
Los restos, fueran de Diego o de su padre no fueron
embarcados de inmediato sino que tuvieron que esperar
por la firma del Tratado de Paz de París, el 10 de
diciembre de 1898, para poder trasladarlos a Sevilla.
El 13 de diciembre, tras 78 días de guardia de honor
permanente en la Catedral fueron embarcados en el
crucero Conde de Venadito con los honores militares de
mayor rango, los restos del Gran Almirante Cristóbal
Colón junto con la lápida y el conjunto escultórico
realizado por Medilla catalogados por el Tratado de
París, como bienes muebles. También iba el cadáver del
capitán de navío D. Joaquín Bustamante, el último
militar caído en combate en Oriente defendiendo la
soberanía española en Cuba.
Sus viajes, su vida, son ampliamente conocidas por la
humanidad, pero su cuna y su tumba continúan siendo un
misterio. De la presumible estancia de los restos de
Cristóbal Colón en La Habana quedan estas curiosas
imágenes del sepulcro donde descansó durante más de un
siglo y del conjunto funerario que no se pudo
inaugurar...
Fuentes:
Conversación con Julio Lagomasino,
profesor de la Escuela de Periodismo Manuel Márquez
Sterling.
Emilio Roig de Leuchsenring, Los restos
de Colón, Carteles, noviembre 9 de 1947 pp. 48 y 49.
Emilio Roig de Leuchsenring ¿Fueron
robados los restos de Colón de la Catedral Habanera?,
Carteles, mayo 15 de 1949 pp. 34 y 35.