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Miércoles, 16 de Septiembre de 2009

Grandes momentos del fotorreportaje cubano
   

Charles Lindbergh en La Habana

Jorge Oller Oller

Charles Lindbergh fue el primer aviador en cruzar solo y sin escalas el océano Atlántico. Otros pilotos lo habían intentado antes pero fracasaron o murieron al tratar de hacerlo. Lindbergh realizó su vuelo en un monoplano de un


Llegada a La Habana. (Wide World Photo)

solo motor rediseñado por él mismo al que bautizó con el nombre de Spirit of Saint Louis porque los gastos fueron patrocinados por varios empresarios de aquella ciudad. El 20 de mayo de 1927 partió del aeropuerto Roosevelt de Long Island, en Nueva York y al día siguiente, después de 33 horas y 32 minutos en el aire, aterrizó en el aeródromo de Le Bourget cercano a Paris convirtiéndose en el piloto más famoso de todos los tiempos.  

Por esta admirable hazaña varios países lo recibieron con grandes desfiles y le otorgaron los máximos honores. Fue nombrado asesor de importantes empresas aeronáuticas y realizó varias giras por países americanos para promover la apertura de rutas aéreas entre los cuales incluyó a Cuba.


Charles Lindberg y su avión Spirit of Saint Louis.

El  8 de febrero de 1928, coincidiendo con la Conferencia de Cancilleres de La Habana, llegó el aviador en su célebre avión Spirit of St. Louis a la capital cubana. Ese día fue declarado El día de Lindbergh y comenzaron unas jornadas de homenajes y festejos en su honor, siendo aclamado por nuestro pueblo en la Terraza Norte del Palacio, condecorado por el Presidente e invitado de honor de numerosas instituciones culturales y científicas.

El 12 de febrero de 1928, Lindbergh invitó al presidente Gerardo Machado a sobrevolar La Habana utilizando un trimotor de la Pan American Airways que diariamente transportaba la correspondencia entre Cayo Hueso y La Habana. La aeronave contaba con 12 asientos y fue preparada y engalanada para acoger al mandatario cubano, uno de los primeros gobernantes  en volar en avión. Al día siguiente el piloto partió para su país. En el fuselaje de su avión había pintado la bandera cubana junto a otras que recordaban los países que había visitado. Era también el último vuelo internacional que realizaba su avión pues determinó conservarlo y exhibirlo en el Museo del Aire y el Espacio de la ciudad de Washington. 

Sin embargo, el Día de Lindbergh  fue una jornada infortunada para los reporteros gráficos criollos. Cuando el famoso aviador llegó al aeropuerto de Columbia a las 3:37 de la tarde del 8 de febrero procedente de Haití, detuvo su motor frente a una improvisada glorieta y demoró en salir porque tenía la costumbre de cambiarse de ropa y salir presentable. Nadie sabía de este hábito del aviador y las personas que acudieron a recibirlo estaban ansiosas y preocupadas. Y más los fotógrafos cubanos y extranjeros que con sus pesadas y voluminosas cámaras aguardaban para hacer las fotos del


El presidente Machado condecora al aviador Lindbergh (Foto de Federico Buendía)

recibimiento. Los soldados encargados del orden comenzaron a apartar y empujar a los fotógrafos cubanos que se habían acercado al avión mientras que a los reporteros gráficos extranjeros no los molestaban.
   


“Kiko” Figarola, jefe de fotografía de El Heraldo de Cuba.

Enrique “Kiko” Figarola, fotógrafo de El Heraldo de Cuba protestó por aquella separación y alejamiento y, al ver a Alberto Martínez Rivero, escolta de Machado que estaba asesorando a los guardias en cuestiones de protocolo, le  pidió que interviniera y finalizara aquel abuso. Pero en mala hora se le ocurrió hacerlo, porque Martínez Rivero detestaba a los fotógrafos. Siempre decía a sus subalternos que más daño hacia una fotografía que una ametralladora, porque una foto podía denunciar, revivir un hecho y exacerbarlo mientras que las balas silenciaban y acababan el problema. Con el tiempo le llamarían “el terror de los fotógrafos” porque le rompía la cámara a cualquiera de ellos que le veía que tomar alguna foto que no convenía al régimen dictatorial.  

Sin embargo Kiko pensó que el guardaespaldas tomaría en cuenta que era el jefe de fotografía de El Heraldo de Cuba, el principal periódico que defendía los intereses del gobierno y estaba allí para retratar a Machado. Pero no fue así y mandó a unos soldados a sacarlo. Lo arrastraron por la polvorienta pista ante el asombro de los invitados oficiales. Fue un escándalo que provocó una enérgica  condena de la prensa capitalina por los graves excesos cometidos por los encargados del orden.  

Para aplacar los ánimos el Negociado de prensa del Ejército organizó en el Castillo de La Punta un champán de desagravio a los fotógrafos cubanos que estuvieron ese día en Columbia y especialmente a Kiko.  Esperaron largo rato al fotógrafo de El Heraldo que se había enfrentado y protestado valientemente contra el proceder de los soldados. Pero esperaron inútilmente, porque Kiko Figarola nunca llegó. No quiso rebajarse a compartir con aquellos que  habían atropellado, discriminado y despreciado a los fotógrafos de la prensa cubana. 

Referencias:
Conversación con Francisco Pérez Recio del periódico El País que estuvo en el recibimiento del aviador Lindbergh a Cuba. MICONS  1982.

Centro de Documentación diario Granma

(Cubaperiodistas)


El teniente Reina, jefe del Buró de Prensa del Ejército ofreciendo un champán de desagravio a los fotógrafos que estuvieron en la llegada de Charles Lindbergh en La Habana. Son ellos los cubanos Amador Vales, Yáñez, Federico Gibert, Santa Coloma, Fernando Fernández, Rafael Pegudo, Emilio Molina, Generoso Funcasta, Federico Buendía, Panchito Pérez y Fernando Lezcano. El principal agraviado,  Enrique “Kiko” Figuerola, se negó a asistir.

 

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