Precisamente, en la Trocha se encontraba el reportero
gráfico Panchito Cano retratando las comparsas para la
revista Bohemia en la que colaboraba con regularidad. Le
acompañaba Marta Rojas, entonces estudiante de la
Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling, quien le
redactaba los pies de las fotos y organizaba las
películas fotográficas que iba tomando. Alrededor de las
cinco y cuarto de la mañana escucharon el tiroteo por la
zona del Moncada y el instinto reporteril los llevó al
lugar. La confusión y el caos eran tremendos. Ya en la
mañana pudieron entrar al cuartel donde los soldados los
retuvieron en una de las oficinas.
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José Luis
Tassende herido en el Hospital Militar: Más
tarde aparecerá entre los “muertos en combate”.
Foto de Senén Carabia. |
Ernesto Ocaña, fotógrafo del Diario de Cuba,
dormía en su casa cuando lo despertó el intenso
tiroteo. Rápidamente se vistió y fue al
periódico donde ya estaban el jefe de
Información José Gullón y el periodista Pablo
Milá Ortiz. La balacera se producía en el
cuartel Moncada y los tres se dirigieron hacia
allí. Llegaron alrededor de las siete de la
mañana y cuenta Ocaña que aún se escuchaban
disparos y comenzó a tirar sus primeras
fotografías a unos soldados muertos a la entrada
del cuartel. Un capitán que lo vio le arrebató
la cámara y la tiro al suelo pateándola y
dándole culatazos. La cámara quedó destrozada.
Las protestas de él y sus compañeros solo
sirvieron para que los golpearan y condujeran
presos al interior del cuartel. Por el camino el
coronel Alberto del Río Chaviano, jefe del
Moncada, reconoció a |
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los periodistas porque habían reportado algunas
actividades militares para el Diario y los dejó
marchar. |
El
teniente Senén Carabia Carrey era fotógrafo del
Negociado de Prensa y Radio del cuartel. Lo localizaron
en su casa, aún de madrugada, para que se presentara
urgentemente. Por orden del coronel debía preparar un
cuadro de honor con las fotos de los soldados muertos y
heridos en el combate, colocarlo en un lugar destacado y
entregar un juego de esas fotos a la prensa para que
fueran publicadas.
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Por la mañana temprano se dedicó a retratar los
daños, a los asaltantes capturados y a los
heridos y muertos en combate. Recorrió el
Hospital Militar, el de Emergencias y el
Saturnino Lora fotografiando a los soldados
heridos. En este último el teniente se percató
que algunos combatientes se habían vestido con
batas de enfermos o de médicos para tratar de
escapar y los delató a los guardias para que los
apresaran. En el Hospital Militar retrató a un
sargento herido en una pierna sin percatarse de
que se trataba de José Luis Tassende, uno de los
asaltantes.
Al mediodía, Chaviano mandó a buscar a Ocaña y
le interrogó. Quería saber cómo se había
enterado del tiroteo y quién lo había enviado.
El fotógrafo le explicó que la balacera se
escuchó en todo Santiago y que el periódico lo
mandó a tomar fotografías como lo hacía siempre
que se producía alguna noticia de interés para
el público. Aprovechó para protestar por los
golpes que había recibido del capitán por la
mañana y por el destrozo de su cámara
fotográfica. El coronel le contestó: – Mira,
esas son cosas pasadas, pero si te espabilas y
consigues otro aparato fotográfico puedes
retratar el “teatro de la guerra” que voy a
mostrar más tarde a los periodistas. Ocaña fue
al diario a recoger una cámara y cuando regresó
lo |

Los jóvenes
asesinados en distintas áreas del cuartel.
Captadas en horas de la tarde del 26 de julio de
1953. Fotos de Panchito Cano. |
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llevaron a una oficina donde estaban Panchito
Cano, Marta Rojas y otros periodistas
santiagueros que habían participado en una
conferencia de prensa convocada por el jefe del
cuartel. Allí estaba también el teniente Carabia. |
Alrededor de las seis de la tarde Chaviano, acompañado
por sus ayudantes mostró a los periodistas las zonas del
combate. Había más de 40 cadáveres. No había heridos, ni
presos, solo muertos. Senén Carabia vio entre ellos a
los que había delatado por la mañana.
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Marta Rojas.
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Tanto Marta, como Panchito y Ocaña observaron
en el recorrido que aquellos muchachos habían
sido torturados y rematados a balazos. Chaviano,
para ocultar esa salvajada, había ordenado que
los vistieran con uniformes nuevos, olvidando
que las guerreras no mostraban huellas de bala.
A todos les colocaron un fusil al lado.
Panchito lo fotografiaba todo pero con
desconfianza. No perdía de vista que el coronel
y sus oficiales se traían un cuchicheo extraño
y vigilaban con demasiada insistencia a los
fotorreporteros. Intuyó que algo iba a
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pasar con las fotografías que estaba tomando y
se lo comentó a Marta Rojas. |
Ella también tenía esa sospecha y determinaron luchar
por aquellos valiosos testimonios fotográficos del
Moncada. Había que aprovechar algún descuido de los
guardias para que Panchito le entregara a Marta las
películas y ella las escondiera y tratara de sacarlas
del cuartel. La oportunidad llegó y, detrás de un
camión, las películas cambiaron de manos. La muchacha
intrépidamente las guardó en su cartera y los bolsillos
de su amplia falda que entonces estaban de moda.
Panchito solo dejó en su maletín, las fotos que había
tomado en los carnavales la noche del 25 y la madrugada
del 26.
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La intuición de Marta y Panchito era real. Al
terminar el monstruoso recorrido, Chaviano
ordenó a los fotógrafos que vaciaran sus bolsas
de trabajo sobre la mesa y dejaran las películas
que acababan de tirar para revelarlas en La
Habana. El Estado Mayor de Columbia decidiría
las que se podían publicar. Las películas de
Ocaña quedaron allí.
Después de la requisa de las películas dejaron
ir a los periodistas y fotorreporteros. Marta y
Panchito salieron del cuartel rápidamente pues
sabían que si se descubría el engañó sus vidas
no valdrían nada. El coronel estaba muy lejos de
suponer que la batalla silenciosa que ellos
habían librado con valor e ingenio había
burlando sus pretensiones. Se dirigieron
primero al estudio de Senén y recogieron las
fotos de los soldados muertos y heridos para
publicarlas y entre ellas estaba la fotografía
del revolucionario José |

Panchito Cano. |
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Luis Tassende herido, la mejor prueba de que
estaba vivo por la mañana y asesinado por la
tarde. Después fueron al cuarto oscuro de
Panchito en la calle Enramada. El fotógrafo
reveló las películas y una vez procesadas Marta
las llevó en el primer avión para la capital y
las entregó al director de la revista Bohemia
quien las publicó en la edición siguiente. La
batalla por las fotografías había sido ganada y
había demostrado la verdad de lo ocurrido.
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¿Qué ocurrió después?
Senén Carabia, sin
proponérselo, captó la fotografía de Tassende herido que
fue un bumerán para el régimen de Batista porque resultó
la evidencia más dramática de los asesinatos que
cometieron los esbirros aquel 26 de julio. Estuvo
expuesta en el Cuadro de honor de los soldados caídos o
heridos de los cuarteles de Oriente hasta que
descubrieron que era uno de los 56 prisioneros que
habían sido brutalmente asesinados. En el combate solo
habían muerto 5 moncadistas.
Carabia continuó en el Ejército y colaboraba con los
periódicos oficialistas de Batista. Al triunfar la
Revolución fue detenido y juzgado por delación en los
sucesos del cuartel Moncada y por sus relaciones
delictivas con el régimen de Batista. Fue sancionado a
treinta años que cumplió en el presidio de Puerto
Boniato, falleció en los Estados Unidos después de
cumplir la condena.
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Ernesto Ocaña. |
Ernesto Ocaña, no pudo rescatar ninguna de las
fotos que tomo el 26 de julio. Seis días después
del ataque al cuartel Moncada, el primero de
agosto de 1953, Fidel Castro fue sorprendido y
hecho prisionero por las tropas de la tiranía
cuando trataba de internarse en la Sierra
Maestra. Fue conducido al Vivac de Santiago de
Cuba. Ocaña estaba allí y tomó fotos de él y sus
compañeros. Una de ellas, Fidel junto a un
retrato de Martí, se convirtió en el símbolo de
la Generación del Centenario porque demostró que
las doctrinas del Maestro continuaban vivas e
indomables.
Ocaña siguió en el Diario de Cuba retratando los
sucesos de la lucha clandestina revolucionaria
en Santiago, como los del 30 de noviembre y la
muerte de Frank País. Al triunfar la Revolución
se sumó al |
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periódico Sierra Maestra hasta su jubilación.
Fue profesor de fotoperiodismo, premiado con la
Orden Por la Cultura Nacional y galardonado con
numerosos premios y reconocimientos. Murió en
Santiago de Cuba en 1983. |
Panchito Cano, después de asalto al Moncada, tuvo que
ocultarse y refugiarse en La Habana. Chaviano lo buscaba
para matarlo porque había descubierto que las fotos
publicadas en Bohemia fueron las de Panchito y no solo
lo había burlado sino que también lo ridiculizó ante el
Estado Mayor.
Trabajó en la revista Bohemia al amparo del director de
la revista. Hizo magníficos reportajes con la propia
Marta Rojas y otros periodistas que se disputaban su
manera de trabajar. Su nivel escolar no era alto pero
tenía una extraordinaria sagacidad para darle un toque
humano y poético a sus fotografías y captar los mejores
ángulos de las noticias. Falleció en el extranjero
cuando iba a regresar a Cuba.
Marta Rojas regresó a los pocos días del asalto a
Santiago para convertirse en la reportera más activa de
esa gesta y la única que estuvo desde el principio en la
acción y en todos los juicios de Fidel y los moncadistas.
Chaviano no sospechó nunca que aquella jovencita fuera
la que salvara las fotos del Moncada y por su arrojo se
publicaran. Se graduó ese año de periodista. Es también
una sobresaliente fotorreportera y muchas de sus fotos
son históricas como la que pudo lograr de Melba y Haydee
en la cárcel de Guanajay o como corresponsal de guerra
en Viet Nam del Sur durante la lucha de aquel pueblo por
su liberación.
Fue reportera de Bohemia, Revolución y fundadora de
Granma donde labora actualmente. Ha escrito los libros
La generación del centenario en el juicio del Moncada,
La Cueva del Muerto, Tania la guerrillera, El médico de
la Familia en la Sierra Maestra, Viet Nam del Sur,
Escenas de Viet Nam, Reportajes de la Nueva Vida, entre
otras obras de extraordinario éxito. Por su numerosa y
trascendental obra ha merecido entre otros innumerables
galardones y reconocimientos el Premio Nacional de
Periodismo y el titulo de Heroína
del Trabajo de la República
de Cuba.
A
la reportera del Moncada nuestra admiración y cariño en
sus ochenta fecundos años.
Notas:
Moncada (1960) Marta Rojas.
La generación del centenario en el juicio del Moncada
(1965) Marta Rojas.
Conferencia a los fotorreporteros en la UPEC. Marta
Rojas, 21 de marzo de 1981.
Entrevista con Ernesto Ocaña en el periódico Sierra
Maestra el 24 y 25 de julio de 1973.
(Cubaperiodistas)