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Viernes, 24 de Octubre de 2008

Grandes momentos del fotorreportaje cubano
 

La batalla por las fotos del Moncada

Jorge Oller Oller

En este 2008 se cumplieron 55 años de los asaltos (26 de julio 1953) a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo.

La acción del Moncada había sido muy bien preparada y planificada. Se pensaba, aprovechando la celebración de los tradicionales carnavales santiagueros, sorprender y reducir a los soldados del regimiento, armar al pueblo y derrotar la tiranía. Lo que no estaba previsto fue que aquel día se reforzara la guardia y una  patrulla de recorrido hiciera fracasar el factor sorpresa. Entonces comenzó un tiroteo


Un imagen de extraordinario simbolismo, en el Vivac de Santiago de Cuba. Es una de primeras fotos de Fidel después del asalto al cuartel. Foto  Ernesto Ocaña.

que pronto se generalizó y fue escuchado por toda la ciudad incluyendo la bullanguera calle de la Trocha donde las comparsas se disputaban la simpatía de los espectadores.

Precisamente, en la Trocha se encontraba el reportero gráfico Panchito Cano retratando las comparsas para la revista Bohemia en la que colaboraba con regularidad. Le acompañaba Marta Rojas, entonces estudiante de la Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling, quien le redactaba los pies de las fotos y organizaba las películas fotográficas que iba tomando. Alrededor de las cinco y cuarto de la mañana escucharon el tiroteo por la zona del Moncada y el instinto reporteril los llevó al lugar. La confusión y el caos eran tremendos. Ya en la mañana pudieron entrar al cuartel donde los soldados los retuvieron en una de las oficinas. 


José Luis Tassende herido en el Hospital Militar: Más tarde aparecerá entre los “muertos en combate”.  Foto de Senén Carabia.

Ernesto Ocaña, fotógrafo del Diario de Cuba, dormía en su casa cuando lo despertó el intenso tiroteo. Rápidamente  se vistió y fue al periódico donde ya estaban el jefe de Información José Gullón y el periodista Pablo Milá Ortiz. La balacera se producía en el cuartel Moncada y los tres se dirigieron hacia allí. Llegaron  alrededor de las siete de la mañana y cuenta Ocaña que aún se escuchaban disparos y comenzó a tirar sus primeras fotografías a unos soldados muertos a la entrada del cuartel. Un capitán que lo vio le arrebató la cámara y la tiro al suelo pateándola y dándole culatazos. La cámara quedó destrozada. Las protestas de él y sus compañeros solo sirvieron para que los golpearan y condujeran presos al interior del cuartel. Por el camino el coronel Alberto del Río Chaviano, jefe del Moncada, reconoció a
los periodistas porque habían reportado algunas actividades militares para el Diario y los dejó marchar.

El teniente Senén Carabia Carrey era fotógrafo del Negociado de Prensa y Radio del cuartel. Lo localizaron en su casa, aún de madrugada, para que se presentara urgentemente. Por orden del coronel debía preparar un cuadro de honor con las fotos de los  soldados muertos y heridos en el combate, colocarlo en un lugar destacado y entregar un juego de esas fotos a la prensa para que fueran publicadas.

Por la mañana temprano se dedicó a retratar los daños, a los asaltantes capturados y a los heridos y muertos en combate. Recorrió el Hospital Militar, el de Emergencias y el Saturnino Lora fotografiando a los soldados heridos. En este último el teniente se percató que algunos combatientes se habían vestido con batas de enfermos o de médicos para tratar de escapar y los delató a los guardias para que los apresaran. En el Hospital Militar retrató a un sargento herido en una pierna sin percatarse de que se trataba de José Luis Tassende, uno de los asaltantes. 

Al mediodía, Chaviano mandó a buscar a Ocaña y le interrogó. Quería saber cómo se había enterado del tiroteo y quién lo había enviado. El fotógrafo le explicó que la balacera se escuchó en todo Santiago y que el periódico lo mandó a tomar fotografías como lo hacía siempre que se producía alguna noticia de interés para el público. Aprovechó para protestar por los golpes que había recibido del capitán por la mañana y por el destrozo de su cámara fotográfica. El coronel le contestó: – Mira, esas son cosas pasadas, pero si te espabilas y consigues otro aparato fotográfico puedes retratar el “teatro de la guerra” que voy a mostrar más tarde a los periodistas. Ocaña fue al diario a recoger una cámara y cuando regresó lo


Los jóvenes asesinados en distintas áreas del cuartel. Captadas en horas de la tarde del 26 de julio de 1953. Fotos de Panchito Cano.

llevaron a una oficina donde estaban Panchito Cano, Marta Rojas y otros periodistas santiagueros que habían participado en una conferencia de prensa convocada por el jefe del cuartel. Allí estaba también el teniente Carabia.

Alrededor de las seis de la tarde Chaviano, acompañado por sus ayudantes mostró a los periodistas las zonas del combate. Había más de 40 cadáveres. No había heridos, ni presos, solo muertos. Senén Carabia vio entre ellos a los que había delatado por la mañana.


Marta Rojas.

Tanto Marta, como Panchito y Ocaña  observaron en el recorrido que aquellos muchachos habían sido torturados y rematados a balazos. Chaviano, para ocultar esa salvajada, había ordenado que los vistieran con uniformes nuevos, olvidando que las guerreras no mostraban huellas de bala. A todos les colocaron un fusil al lado.

Panchito lo fotografiaba todo pero con desconfianza. No perdía de vista que el coronel y  sus oficiales se traían un cuchicheo extraño y vigilaban con demasiada insistencia  a los fotorreporteros. Intuyó que algo iba a

pasar con las fotografías que estaba tomando y se lo comentó a Marta Rojas.

Ella también tenía esa sospecha y determinaron luchar por aquellos valiosos testimonios fotográficos del Moncada. Había que aprovechar algún descuido de los guardias para que Panchito le entregara a Marta las películas y ella las escondiera y tratara de sacarlas del cuartel. La oportunidad llegó y, detrás de un camión, las películas cambiaron de manos.  La muchacha intrépidamente las guardó en su cartera y los bolsillos de su amplia falda que entonces estaban de moda. Panchito solo dejó en su maletín, las fotos que había tomado en los  carnavales la noche del 25 y la madrugada del 26.

La intuición de Marta y Panchito era real.  Al terminar el monstruoso recorrido, Chaviano ordenó a los fotógrafos que vaciaran sus bolsas de trabajo sobre la mesa y dejaran las películas que acababan de tirar para revelarlas en La Habana. El Estado Mayor de Columbia decidiría las que se podían publicar. Las películas de Ocaña quedaron allí.

Después de la requisa de las películas dejaron ir a los periodistas y fotorreporteros. Marta y Panchito salieron del cuartel rápidamente pues sabían que si se descubría el engañó  sus vidas no valdrían nada. El coronel estaba muy lejos de suponer que la batalla silenciosa que ellos habían librado con valor e ingenio había burlando sus  pretensiones.  Se dirigieron primero al estudio de Senén y recogieron las fotos de los soldados muertos y heridos para publicarlas y entre ellas estaba la fotografía del revolucionario José


Panchito Cano.

Luis Tassende herido, la mejor prueba de que estaba vivo por la mañana y asesinado por la tarde. Después fueron al cuarto oscuro de Panchito en la calle Enramada. El fotógrafo reveló las películas y una vez procesadas Marta las llevó en el primer avión para la capital y las entregó al director de la revista Bohemia quien las publicó en la edición siguiente. La batalla por las  fotografías había sido ganada y había demostrado la verdad de lo ocurrido.

¿Qué ocurrió después?

Senén Carabia, sin proponérselo, captó la fotografía de Tassende herido que fue un bumerán para el régimen de Batista porque resultó la evidencia más dramática de los asesinatos que cometieron los esbirros aquel 26 de julio. Estuvo expuesta en el Cuadro de honor de los soldados caídos o heridos de los cuarteles de Oriente hasta que  descubrieron que era uno de los 56 prisioneros que habían sido brutalmente asesinados. En el combate solo habían muerto 5 moncadistas.  

Carabia continuó en el Ejército y colaboraba con los periódicos oficialistas de Batista. Al triunfar la Revolución fue detenido y juzgado por delación en los sucesos del cuartel Moncada y por sus relaciones delictivas con el régimen de Batista. Fue sancionado a treinta años que cumplió en el presidio de Puerto Boniato, falleció en los Estados Unidos después de cumplir la condena.


Ernesto Ocaña.

Ernesto Ocaña, no pudo rescatar ninguna de las fotos que tomo el 26 de julio. Seis días después del ataque al cuartel Moncada, el primero de agosto de 1953, Fidel Castro fue sorprendido y hecho prisionero por las tropas de la tiranía cuando trataba de internarse en la Sierra Maestra. Fue conducido al Vivac de Santiago de Cuba. Ocaña estaba allí y tomó fotos de él y sus compañeros. Una de ellas, Fidel junto a un retrato de Martí, se convirtió en el símbolo de la Generación del Centenario porque demostró que las doctrinas del Maestro continuaban vivas e indomables.

Ocaña siguió en el Diario de Cuba retratando los sucesos de la lucha clandestina revolucionaria en Santiago, como los del 30 de noviembre y la muerte de Frank País. Al triunfar la Revolución se sumó al
periódico Sierra Maestra hasta su jubilación. Fue profesor de fotoperiodismo, premiado con la Orden Por la Cultura Nacional y galardonado con numerosos premios y reconocimientos. Murió en Santiago de Cuba en 1983. 

Panchito Cano, después de asalto al Moncada, tuvo que ocultarse y refugiarse en La Habana. Chaviano lo buscaba para matarlo porque había descubierto que las fotos publicadas en Bohemia fueron las de Panchito y no solo lo había burlado sino que también lo ridiculizó ante el Estado Mayor.

Trabajó en la revista Bohemia al amparo del director de la revista. Hizo magníficos reportajes con la propia Marta Rojas y otros periodistas  que se disputaban su manera de trabajar. Su nivel escolar no era alto pero tenía una extraordinaria sagacidad para darle un toque humano y poético a sus fotografías y captar los mejores ángulos de las noticias. Falleció en el extranjero cuando iba a regresar a Cuba.

Marta Rojas regresó a los pocos días del asalto a Santiago  para convertirse en la reportera más activa de esa gesta y la única que estuvo desde el principio en la acción y en todos los juicios de Fidel y los moncadistas. Chaviano no sospechó nunca que aquella jovencita fuera la que salvara las fotos del Moncada y por su arrojo se publicaran. Se graduó ese año de periodista. Es también una sobresaliente fotorreportera y muchas de sus fotos son históricas como la que pudo lograr de Melba y Haydee en la cárcel de Guanajay o como corresponsal de guerra en Viet Nam del Sur durante la lucha de aquel pueblo por su liberación.

Fue reportera de Bohemia, Revolución y fundadora de Granma donde labora actualmente. Ha escrito los libros  La generación del centenario en el juicio del Moncada, La Cueva del Muerto, Tania la guerrillera, El médico de la Familia en la Sierra Maestra, Viet Nam del Sur, Escenas de Viet Nam, Reportajes de la Nueva Vida, entre otras obras de extraordinario éxito. Por su numerosa y trascendental obra ha merecido entre otros innumerables galardones y reconocimientos el Premio Nacional de Periodismo y el titulo de Heroína del Trabajo de la República de Cuba.

A la reportera del Moncada nuestra admiración y cariño en sus ochenta fecundos años.

Notas:
Moncada (1960) Marta Rojas.
La generación del centenario en el juicio del Moncada (1965) Marta Rojas.
Conferencia a los fotorreporteros en la UPEC. Marta Rojas, 21 de marzo de 1981.
Entrevista con Ernesto Ocaña en el periódico Sierra Maestra el 24 y 25 de julio de 1973.

(Cubaperiodistas)
 

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