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¡Yo no soy la engañadora!
Jorge Oller
En el Paseo del
Prado y la calle Animas, en la capital cubana, al
atardecer del 7 de noviembre de 1953, ocurrió algo
insólito. Una mujer bajó de un taxi sin más ropaje
que un ceñido monobiquini y una capa de agua
transparente. Con la mayor naturalidad abrió una
sombrilla y comenzó a andar por el céntrico y
concurrido bulevar. Pronto se vio rodeada de
curiosos. Unos, los puritanos, gritaban:
¡Desvergonzada! ¡Qué descaro! y otros, con
mentalidad más joven, se deshacían en galanterías.
¡Bárbara! ¡Sabrosa!. ¡Ave María, que mujer! le
decían.
De la vitrola
de uno de los bares cercanos se escuchó un
cha-cha-chá.
“A Prado y Neptuno
iba una chiquita
que todos los hombres
la tenían que mirar.
Estaba gordita
muy bien formadita,
en resumen ¡colosal!”
Era la popular
melodía “La engañadora” y la dama de la capa
transparente aprovechó para bailar aquel compás con
el más impecable estilo cabaretero. La música se fue
perdiendo en la distancia a medida.
que ella iba caminando y bailando. Aún se
escucharon algunas estrofas más:
“Pero todo en esta vida se sabe |



Mis Burbujas
exhibiéndose en el paseo del Prado con una biquini,
una capa transparente y una sombrilla. |