Procesan a ex periodista de
la televisión pública chilena
Carlos Roberto Araya Silva fue
expulsado del Colegio de Periodistas en 2007 por encubrir
homicidios de la DINA
Ernesto Carmona*
El ex
periodista Carlos Roberto Araya Silva fue sometido a proceso
como encubridor de los homicidios calificados de Alberto
Gallardo Pacheco, Catalina Gallardo Moreno, Mónica Pacheco
Sánchez y Luis Andrés Ganga Torres, ejecutados por la
Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) el 19 de noviembre
de 1975.
Según
informó oficialmente el Poder Judicial (PJ) del Estado
chileno, el 31 de enero, la investigación del ministro en
visita [juez especial] Alejandro Solís Muñoz, estableció que
“el 17 de noviembre de 1975, se produjo un enfrentamiento en
calle Bío Bío [Santiago] donde resultaron muertos un militar
y el militante del MIR Roberto Gallardo Moreno. El 18 de
noviembre fueron detenidos en sus domicilios todos los
integrantes de la familia Gallardo y conducidos hasta el
cuartel [general] de Investigaciones [hoy Policía de
Investigaciones (PDI)], en calle General Mackenna, donde
fueron interrogados y torturados. En la madrugada del 19 de
noviembre fueron liberados algunos de los miembros de la
familia, a excepción de Alberto Recaredo Gallardo Pacheco,
Catalina Ester Gallardo Moreno y Mónica del Carmen Pacheco
Sánchez [embarazada de 3 meses], quienes fueron puestos a
disposición de la DINA y trasladados hasta el recinto de
‘Villa Grimaldi’”. Todos los detenidos, incluidos dos
sobrinos menores de edad de Pacheco Sánchez, fueron
interrogados por el director de Investigaciones, general
Ernesto Baeza Michelson, quien les dijo que los dejaba en
libertad, pero era mentira.
“En
la madrugada del 19 de noviembre –prosiguió el informe
oficial del PJ-, fue detenida Ester Torres junto a tres de
sus hijos, Renato, Mauricio y Francisco Javier Ganga, por
agentes de la DINA que buscaban a su hijo mayor Luís Andrés
Ganga y fueron llevados a ‘Villa Grimaldi’; después de ser
torturados e interrogados se obtuvo el dato del paradero de
Luís Andrés, quien fue aprehendido momentos más tarde y
conducido a ese recinto, donde fue torturado”.
“Testigos que se encontraban detenidos en “Villa Grimaldi”
declaran que ésa fue la peor de todas las noches, describen
un gran movimiento de autos, escucharon a los agentes
pidiendo agua y aceite caliente y gritos de lamento de los
torturados. Al otro día se observó en el patio, tirados en
el suelo, varios cadáveres y en una pieza a dos mujeres,
Catalina y Mónica, en muy malas condiciones físicas. En la
tarde del 19 de noviembre un comunicado de prensa del
Gobierno dio cuenta de “un enfrentamiento” en los cerros de
la Rinconada de Maipú, en el que habrían muerto Alberto
Recaredo Gallardo Pacheco, Catalina Ester Gallardo Moreno,
Mónica del Carmen Pacheco Sánchez [y su criatura no nata de
3 meses], Luís Andrés Ganga y otros dos hombres [alusión a
Manuel Reyes Garrido y Pedro Cortes Jeldres, cuyos casos se
investigaron en otra causa].
“En
realidad –prosigue la publicación oficial del PJ-, se
realizó un “montaje” para impedir su descubrimiento (favorecimiento
real, artículo 17 N° 2 del Código Penal), destinado a
ocultar los hechos efectivamente ocurridos, torturas y
muertes de víctimas desvalidas y los efectos utilizados para
la comisión de los mismos, existiendo, además,
favorecimiento personal (N° 3 del precepto penal citado) por
existir conocimiento de las circunstancias de los ilícitos,
para lograr la impunidad de los autores de los mismos,
miembros de la DINA”. El juez Solís fue indulgente con
Araya: le concedió el beneficio de libertad bajo fianza de
200 mil pesos, unos 400 dólares.
ARAYA NO TRABAJÓ SÓLO
Con la
colaboración de varios periodistas y los más importantes
medios de comunicación de la época, estos asesinatos
perpetrados en el campo de torturas y exterminio “Villa
Grimaldi” fueron disfrazados como “bajas terroristas” de un
falso enfrentamiento escenificado en el lado opuesto de la
ciudad, en el fundo experimental “Rinconada de Maipú”,
entonces un predio agrícola del oeste de Santiago, camino al
aeropuerto Pudahuel, arrebatado por los servicios de
represión de la dictadura a la Facultad de Agronomía de la
Universidad de Chile.
Araya
Silva y Julio López Blanco, otro periodista de Canal 7-TVN,
hicieron un reportaje a dúo con el libreto de la Dirección
Nacional de Comunicaciones (Dinacos) en el escenario
dispuesto por la DINA: “En los cerros de Rinconada de Maipú,
se registró un violento enfrentamiento a tiros de más de
treinta minutos de duración, entre las fuerzas de DINA e
Investigaciones, y un grupo de extremistas que se parapetó
fuertemente armado en esos cerros. Resultaron muertos seis
extremistas, huyendo uno de ellos". Mientras la cámara
mostraba a un López encuclillado y ataviado con un impecable
traje de lino blanco exhibiendo cápsulas de utilería de
balas supuestamente percutadas en la contienda, Araya
brincaba entre pequeños arbustos balbuceando dónde operaron
los protagonistas del “enfrentamiento”. No mostraron nada
parecido huellas de sangre, ni siquiera salsa de tomates,
tampoco había cadáveres, sólo cápsulas vacías, piedras,
arbustos y el pasto ralo de una suave ladera. Contrariando
el sagrado lema “una imagen vale más que mil palabras, aquí
los “periodistas” pretendieron insuflar al magín del
televidente estimulación oral a capella y de lo último.
El
jefe de Prensa de Canal 7-TVN y superior de Araya y Blanco
era Vicente Pérez Zurita, formado en la Universidad
Católica, quien se desempeña como profesor de en varias
universidades privadas donde enseña “nuevo periodismo” y
ética periodística. Por encima de todos, en la jerarquía de
TVN estaba el director general Manfredo Mayol Durán, otro
periodista con información universitaria.
Claudio Sánchez Venegas, otro periodista formado en la
Universidad Católica, también escenificó in situ el
reportaje exclusivo con el libreto DINA-Dinacos para la
Corporación de TV Canal 13, de la Pontificia Universidad
Católica, que hoy pertenece al Grupo Luksic en 66%. Toda la
prensa repitió el mismo guión, comenzando por los diarios de
Agustín Edwards, El Mercurio, La Segunda, Últimas Noticias,
etc., y Copesa, la otra rama del duopolio del papel impreso,
hizo lo mismo en La Tercera, revista Qué Pasa y lo hicieron
todos los medios del país.
EXPULSIÓN Y SANCIONES DEL COLEGIO DE
PERIODISTAS
Veinticinco años después del montaje periodístico DINA-Dinacos,
en 2007, y mientras el ministro Solís llevaba adelante el
proceso judicial penal por los homicidios, Isabel Gallardo,
de la familia más afectada por la matanza, se dirigió al
Tribunal de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas.
Doris Jiménez, la fiscal designada por el Tribunal Regional
Metropolitano (TRED), después de entrevistar testigos y a
cada uno de los protagonistas del montaje –excepto a Claudio
Sánchez, que no acató la citación de la Orden–, pidió la
expulsión y censura pública de Carlos Alberto Araya Silva,
censura pública más suspensión por un año de la Orden para
Julio López Blanco y Claudio Sánchez Venegas: y un año de
suspensión de la Orden para Vicente Pérez Zurita y Manfredo
Mayol Durán.
El
fallo del TRED fue ratificado por la instancia superior del
Colegio, el Tribunal Nacional (Trined), pero Claudio Sánchez
se dirigió a la Corte de Apelaciones del Poder Judicial, que
en 2008 ratificó la sentencia de los tribunales éticos del
periodismo, tal como ocurrió en enero de 2000, cuando la
Corte Suprema de Justicia ratificó el fallo ético que
expulsó de por vida del Colegio de Periodistas a Manuel
Fuentes Wendling, otro periodista de derecha que se dedicó a
delatar a sus colegas izquierdistas que veía en la calle
desde las páginas de La Segunda. El único paso que le
faltaba al Colegio era pedir el perdón de los familiares de
las víctimas calumniadas por el montaje.
Tras
el fracaso de Claudio Sánchez ante la Corte de Apelaciones,
el Colegio tomó la decisión de honrar la memoria de las
víctimas en presencia de sus familiares. El 21 de junio de
2008, convocó a los familiares de 125 víctimas de montajes
periodísticos, “Los 119” del caso "Operación Colombo" y las
6 de "La Rinconada de Maipú". El entonces presidente
nacional de la Orden, Luis Conejeros, encabezó la ceremonia
y explicó el sentido del gesto aún pendiente, junto a
Juanita Rojas, presidenta del Trined, y Alfredo Taborga,
presidente del Tribunal Regional Santiago, quienes
explicaron el procedimiento ético-disciplinario. Hablaron,
además, Isabel Gallardo, familiar de tres de las seis
víctimas de “La Rinconada de Maipú”, y Roberto D’Orival, del
Colectivo de Familiares y Compañeros de "Los 119" y hermano
de una de las víctimas.
¿QUIÉN ES CARLOS ROBERTO ARAYA SILVA?
Hasta
el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, Araya era
locutor de radio Sargento Aldea en la ciudad-puerto de San
Antonio y propietario del periódico El Pelícano. Tras el
golpe derrochó energías en delatar por las ondas hertzianas
a toda clase de dirigentes (as) sindicales, sociales y
políticos del puerto más importante del país. Se hizo amigo
del entonces coronel de ejército Juan Manuel Guillermo
Contreras Sepúlveda, alias “El Mamo”, jefe del cercano
Regimiento Tejas Verde, también transformado en prisión,
campo de torturas y centro de exterminio incluso días antes
del golpe por el imperio de la “Ley de Control de Armas”,
aprobada por el Congreso hostil a Salvador Allende el 21 de
octubre de 1972 como Ley 17.798, que concedió a todas las
ramas castrenses atribuciones propias de las policías, por
imposición de la mayoría del Congreso encabezada por el
Partido Demócrata Cristiano (PDC), autor de la iniciativa
concebida para desestabilizar al gobierno de la Unidad
Popular y, de paso, medir la reacción psicológica de
trabajadores enfrentados abruptamente a violentos
allanamientos practicados por personal armado del ejército,
marina y aviación que invocaron la nueva ley en busca de
supuestos “arsenales populares”, muchas veces con resultados
de muertes selectivas y sin encontrar los buscadas arsenales
de armas que no existían. La idea de los enemigos civiles y
uniformados de Allende era medir hasta dónde llegaría la
lealtad de los trabajadores en defensa del gobierno legítimo
en el poder. A escala, y con las debidas diferencias, esa
ley de armas tuvo un rol psicológico de propaganda
comparable a las ficticias “armas de destrucción masiva” con
que EEUU justificó su inútil invasión y guerra en Irak
iniciada en 2003.
Contreras Sepúlveda, quien cumple prisión de por vida por
centenares de crímenes, fue el fundador y director de la
DINA, cuyo enorme poder logró transmutar al locutor de
provincia en “periodista”, a quien introdujo como hombre de
confianza en la televisión pública, Canal 7-TVN. Araya logró
afiliarse al Colegio de Periodistas, manejado bajo la
dictadura por el PDC –que como aliado de Pinochet también
ocupó cargos menores de gobierno- y presidido entonces por
Carlos Sepúlveda Vergara (fallecido), quien a la vez fungía
de director de “La Patria”, fugaz sustituto castrense de La
Nación, el tradicional diario chileno de los gobiernos de
turno, hoy desaparecido por voluntad de Piñera. Las
reuniones del Consejo Nacional del Colegio se realizaban en
las oficinas de Sepúlveda Vergara en La Patria.
Araya,
un hombre sin estudios medios completos, carente de vocación
por la noticia y la verdad, en rigor carece de la formación
cultural mínima para ejercer esta profesión considerada la
más antigua del mundo, al igual que “la otra”. Su pedigrí lo
asemeja más a un esbirro.
ARAYA, TORTURADOR
En las
405 páginas de una sentencia del mismo magistrado Alejandro
Solís Muñoz contra Manuel Contreras -y otros- por torturas
en Tejas Verdes, del 9 de agosto de 2010, caratulado
“Proceso Rol Nº 2.182-98, episodio denominado ‘Tejas
Verdes’”, iniciado por querella interpuesta por numerosas
víctimas, quedó constancia del “atestado de Carlos Roberto
Araya Silva, de fojas 1634, quien expresa que el 11 de
septiembre de 1973 era periodista y se desempeñaba como
locutor en radio Sargento Aldea de San Antonio y que ese
día, en atención a su profesión, fue movilizado por el
comandante en jefe de la Guarnición, el Teniente Coronel
Manuel Contreras para relaciones públicas e informaciones,
funcionando en una oficina del primer piso de la Escuela de
Ingenieros. Señala que supo de la existencia de un
“campamento de detenidos” debajo del puente pero no lo
conoció; presenció interrogatorios de detenidos en las
oficinas del primer piso pero no vio torturar. No sabe de
interrogatorios en el casino de Oficiales pero que no
significa que no haya habido. El Director de la Escuela era
Manuel Contreras y le seguía en grado Jorge Núñez
Magallanes”.
En el
mismo proceso declaró la víctima Onofre Segundo Aguila
Parra: “Desconozco quien me torturó, toda vez que estaba con
la vista vendada, pero si reconocí la voz de uno de mis
torturadores, Roberto Araya Silva, periodista, Director de
la radio Sargento Aldea, él era Suboficial de reserva, hacía
transmisiones por la radio, además, vivía en la zona, su voz
era conocida”.
Otra
víctima, Arturo Florencio Farías Vargas, declaró: “…en esta
sesión de tortura se encontraban Manuel Contreras, Jara
Seguel, Klaudio Kosiel, un locutor de la radio Sargento
Aldea, cuyo nombre era Roberto Araya Silva, y cuando me
ahogaba con la capucha que tenía puesta me la quitaban y un
doctor, Vittorio Orvieto, me revisaba y me decía que yo no
me estaba ahogando y me mostraba lo que era ahogarse
colocándome una bolsa de nylon en la cabeza, lo que se
llamaba “submarino seco”; todas las personas que acabo de
mencionar las conocía desde que hice el servicio militar,
[tras] este interrogatorio que debe haber durado unas seis
horas, soy trasladado junto a Héctor [su primo Héctor
Farías] a la cárcel en calidad de incomunicado…
María
Cecilia Rojas Silva, estudiante del Instituto Tecnológico de
la Universidad Técnica de San Antonio e inspectora del Liceo
Fiscal, estuvo presa en Tejas Verdes, donde la torturaron,
la manosearon y le introdujeron objetos en la vagina,
situación que relató a algunas compañeras de trabajo. El
documento judicial describe que “…a una de ellas la pasó a
buscar su marido en auto y al interior de éste estaba
Roberto Araya Silva, quien era dueño del periódico “El
Pelícano”, al que le comentó lo que ella [María Cecilia] le
había referido. Al día siguiente, 30 de noviembre [1973], se
presentaron en su casa [de María Cecilia] dos sujetos
quienes la subieron a una camioneta y la llevan [nuevamente]
al Regimiento Tejas Verdes, ingresándola a una oficina donde
se encontraba Jara Seguel quien le reprochó lo que ella
había comentado, le señala que le harían un Consejo de
Guerra y le indica que es Manuel Contreras quien decidirá
sobre si queda o no detenida. Este último, al llegar, la
deja detenida y es ingresada nuevamente al campamento de
detenidos”.
Raúl
Quintana Salazar, un subteniente de reserva que se desempeñó
en Tejas Verdes, declaró ante el juez Solis: “Roberto Araya,
era periodista, director de la radio Sargento Aldea de San
Antonio y corresponsal de guerra con el grado de Teniente,
en una ocasión lo vi en el casino de oficiales; este señor
leía los bandos por la radio”.
En el
proceso consta que Quintana Salazar ratificó íntegramente su
declaración judicial prestada con fecha 11 de Abril de 2003
(354) y señaló: “Como ya manifesté en su oportunidad, para
el 11 de septiembre de 1973 ostentaba el grado de
Subteniente de Reserva, por lo cual para esta fecha fui a
presentarme a la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes,
comenzando a desempeñar funciones como contador en la
administración de fondos e integrar los roles de guardia.
Fui asignado al mando del Mayor David Miranda, quien se
desempeñaba como Fiscal Militar y como encargado de
personal. Mis labores de guardia la desempeñaba en el
cuartel N° 1 que era la Escuela y en el cuartel N° 2, el
parque de materiales, en este sector se instaló un
“campamento de prisioneros políticos”. Los turnos que
desempeñaba en el cuartel N° 2… se desarrollaban cada 24
horas, donde entraba una guardia completa, la misión de la
guardia era dar seguridad a todo el perímetro donde se
encontraba situado el campamento de detenidos, impedir que
ingresara gente extraña y, a su vez, que hubiese fuga de
detenidos. Teníamos que preocuparnos de necesidades
logísticas tanto como del personal de conscriptos como de
los detenidos, como, por ejemplo, que la alimentación
llegara en su momento, el abastecimiento de agua potable,
que funcionara el alumbrado. Los ingresos de los detenidos
al campamento de detenidos venían documentados desde la
Fiscalía Militar, pero en el campo mismo la guardia no
llevaba un registro de los detenidos.
*)
Ernesto Carmona Ulloa, periodista y escritor chileno,
director del Círculo de Periodistas de Santiago y Secretario
ejecutivo de CIAP-FELAP
(Fuente:
PoderJudicial.cl)