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… lo infinito se me abrió ante la radio
Texto y fotos Lázaro David
Najarro Pujol
A la radio llegue casi por naufragio, en una
etapa en que me fascinaba el universo de la ciencia ficción. En mi
etapa de estudiante de marinería, en La Habana del Este, había
leído, el 1 de mayo de 1968, en el periódico Granma, una reseña
sobre la inauguración, en el municipio camagüeyano de Santa Cruz del
Sur, de la emisora Primero de Mayo, en el contexto por las
festividades del Día Internacional de los Trabajadores.
¿La nota ejerció alguna influencia para la
decisión posterior de dedicarme al mundo del periodismo? Pudo en
alguna medida llamar mi atención ese novedoso acontecimiento
tecnológico local. Pero nunca imaginé que tres años después
formaría parte de ese colectivo, como corresponsal del movimiento
obrero y juvenil. Y tal como es la vida y el desarrollo del ser
humano, lo infinito se abre ante ella, como me dijo una vez la
colega Esther Borges Moya.
En la radio comunitaria es necesario aprender
de todo, desde escribir un libreto y operar una consola, hasta
hablar por el micrófono. Muchas veces, en una primera etapa, hasta
las dos últimas funciones al mismo tiempo.
Mi incursión al mundo del periodismo, como
expliqué, fue por el azar de la vida… Una mañana de septiembre de
1971, José del Risco Martínez, entonces administrador del
frigorífico del Combinado Pesquero santacruceño, me pidió que me
incorporara al movimiento de corresponsales.
Desde esa fecha, jamás dejé de escribir
noticias, tanto para la radio, como para los periódicos.
De una forma empírica desempeñaba el oficio de
reportero-radiofónico que combinaba con el de la refrigeración y los
estudios en la Facultad Obrera, pero sin una noción de lo que era la
radio y muchos menos el periodismo. La vida me ha demostrado con
creces, que la gente de la radio comunitaria es por lo general
solidaria y entusiasta. Era una época muy difícil, con muy limitada
bibliografía sobre Periodismo, y ninguna sobre radio.
En honor a los fundadores y los actuales
radialistas de la emisora que me abrieron el camino en el periodismo
radiofónico, que me formaron en la profesión, y como persona, les
dedicaré unas pocas líneas. En una segunda etapa, fue la única
emisora en Cuba completamente integrada por mujeres y precisamente,
a raíz del desarrollo en la mayor de las Antillas del Festival
Mundial de la Juventud y los Estudiantes (1978) fui quien rompió con
esa estructura laboral. A partir de ahí Radio Santa Cruz se acogió
a un colectivo mixto.
Los radialistas de esa época eran como una
familia: aprendí mucho de todos, aunque no se desenvolvían,
aparentemente, en el campo del periodismo: Rogelio Cruz Victoria,
(apasionado y exigente directivo); Caridad Hernández, la inquieta
escritora-locutora; Nilda Sotolongo Castellanos, la inconforme, pero
laboriosa; Sara Águila Muñiz, jaranera y amiga de la fiesta y de su
cabina de audio; Adelfa Valdés Hernández, locutora que siempre
esconde su edad[1] y Deysi Alcalá Mojena, hábil con aquellas
grabadoras, rápida al andar y una de las más prestigiosas
realizadoras de sonido en Camagüey.
Cuando aún no tenían edad laboral aquellas
muchachitas, casi niñas, se adueñaron de la radio. Con justicia
siempre reconocí que Deysi, que sigue allí, era mis manos y Adelfa,
mi voz. En la realización de mis intentos del periodismo
radiofónico, nos convertimos en una perfecta trilogía.
La mayoría de los iniciadores ya no están en
Radio Santa Cruz. Pero en este nuevo siglo, los actuales radialistas
se han dejado apasionar por las nuevas tecnologías. Es así como
dice Esther Borges «…ven en la Gran Red, sitio inexplorado para
ellos, pero lleno de posibilidades de llevar su entorno hasta
personas que quizás ni sospechen la existencia de este pueblito,
famoso en Cuba por su producción de langosta, camarón de cultivo, la
producción azucarera y de frutales, y por haber sido destruido en
1932 por una marea de tormenta que prácticamente extinguió su vida.»
Aún después de graduado en 1983 como
licenciado, mis conocimientos de periodismo y realización
radiofónicos eran limitados. En Radio Santa Cruz me formé como
reportero radial, pero debo reconocer que Radio Caribe (Isla de la
Juventud), me dio la oportunidad de experimentar en los géneros
periodísticos: el documental, la crónica… aunque no pocas veces
confundía la entrevista, con el reportaje. Hasta los propios
analistas de la información radial (1984) andaban por rumbos
equivocados en los conceptos de géneros radiofónicos e imponía sus
criterios en las visitas de análisis de la programación
informativa.
Lo que pensaba que era un reportaje es lo que,
la doctora Miriam Rodríguez, define como retrato… No estaba tan
alejado de la realidad: ¿qué diferencia existe, desde el punto de
vista de realización, entre el retrato y el reportaje? Casi muy
pocas. La diferencia está en la estructura.
Desde entonces comencé realmente a investigar
sobre los géneros radiofónicos. En la década del 80 obtuve
importantes premios: Sol de Cuba, Primero de Mayo, mención en el 26
de Julio y en el Gran Premio y el Primer Premio en documental en el
Festival Nacional de la Radio, 1991.
Una buena realización radial es consecuencia de
una labor de búsqueda, investigación, de edición, de grabaciones y
selección de sonidos objetivos y subjetivos. Después intervienen el
realizador de sonido y el locutor.
Un premio en la radio no es solo fruto del
guionista-periodista. La calidad del producto radiofónico depende
de todo un equipo, de un proceso, que parte, reitero, de la
investigación, selección y presentación del producto radiofónico. El
trabajo de la radio es colectivo.
Algunos teóricos locales empíricos no coinciden
conmigo sobre la realización de los géneros radiofónicos. Se
estacaron en una época. Es asunto de conceptos. Generalmente por el
desconocimiento de lo teórico se resisten a lo nuevo, como apunta
Raúl Garcés, a «...una transformación radical en los discursos
narrativos del medio…» o quizás porque «El efecto de las fuerzas de
cambio está esencialmente condicionado por el grado en que la
actitud nueva puede apoyarse sobre una actitud antigua.[2]»
Aún cuando se han publicado algunos trabajos
teóricos sobre realización radiofónica destinados al universo de la
información, los textos existentes son insuficientes.
Un escenario propicio para hacer radio está en
las emisoras comunitarias donde se incursiona en todos los campos.
Pero en el caso de Cuba a la radio comunitaria no pueden ir personas
improvisadas y sin conocimiento teórico, sin formación académica.
Ello no entra en contradicción con las funciones de este tipo de
medio: abrir espacios de participación a la comunidad y que la
programación refleje sus intereses y necesidades, que sea el medio
de las masas.
En la década del 90 regresé a Santa Cruz del
Sur y me hice cargo del programa Hombres del mar, espacio que estuvo
a punto de desaparecer de la programación radial en el sur de
Camagüey. Con el apoyo del equipo metodológico de la Dirección
Provincial de Radio, llevamos a cabo una investigación que demostró
que los trabajadores de la pesca abogaban por la existencia de ese
programa, pero con contenidos que reflejaran los intereses del
universo marino. Surgió entonces Hombres de sol y salitre, que aún
se mantiene en el aire.
Radio Santa Cruz cumplió este año 40 años de
estar en la preferencia de su pueblo.
Debo reiterar a la colega Esther Borges: «Y tal
como es la vida y el desarrollo del ser humano, lo infinito se me
abrió ante la radio.»
Notas
[1] Adelfa Valdés Hernández es hoy voz conductora de importantes
espacios de Radio Cadena Agramonte, entre los que se destacan el
Noticiero Estelar y el programa de facilitación social Meridiano.
[2]
Richard Hoggart:
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