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Miércoles, 18 de enero de 2012


El tesoro de Robreño

Marta Denis Valle*

Una circunstancia casual animó a Eduardo Robreño a buscar en su prodigiosa memoria y en la papelería familiar, hasta alcanzar una especie de segunda vida de fama y simpatía en la sociedad cubana. 

Ya con buena parte de la existencia profesional transcurrida en la abogacía, a la edad de 49 años comenzó a escribir y para su propia sorpresa, se convirtió en afamado periodista, escritor y comentarista de costumbres; además, teatrólogo, investigador y profesor. 

Desde su tatarabuelo catalán José RobreñoTort, todos sus ancestros eran gente de teatro y de tanto frecuentar ese mundo, aprendió la técnica aunque en realidad nunca antes pensó, en serio, seguir ese camino. 

Seis meses de reposo, operado de una rodilla lesionada, parecían medio año perdido pero aquella inmovilidad resultó todo lo contrario. 

Quien guarda siempre tiene, escuché decir muchas veces a personas ancianas de otros tiempos y, pensándolo bien, ese es el caso de nuestro personaje en cuestión, nacido y criado en barriadas habaneras, testigo del mundo cultural de su época y dotado de poderes para memorizar y contar. 

Es así que de un enorme baúl de recuerdos empieza a extraer poco a poco lo que será un valioso tesoro. 

Escribió, primero, Historia del teatro popular cubano (1); después participó en concursos (2) y, casi al mismo tiempo -a partir de 1961-, le toma el gusto al periodismo en la prensa, la televisión y la radio. 

El anecdotario musical y costumbrista constituyó la sustancia de algunas de sus numerosas colaboraciones en diversos medios.

Su voz se hizo habitual desde la década del 70 en Radio Rebelde y en Radio Taino, en los 80. El programa Memorias tuvo gran audiencia. 

De sus 25 años en la Revista Bohemia, abrió con la serie Las esquinas de La Habana; además, en esta publicación y en Verde Olivo insertó numerosas notas en una sección titulada y ¿Qué pasó en Cuba? 

Luego esas pequeñas historias recreadas se van convirtiendo en libros (3), como ocurrió con una selección de Las esquinas… que dedicó a su gran amigo Emilio Roig de Leuchsenring, y de ¿Qué pasó en Cuba?, incluidas en Cualquier tiempo pasado fue… 

Allí refiere anécdotas diversas, hechos históricos, fechas y personajes de la sociedad cubana, de forma sencilla, gracia y amenidad. 

Robreño fundamentó su preferencia por esta forma de narrar: Lo anecdótico tiene que ser forzosamente histórico y considero que es la manera mejor de adentrarse en la historia, dice en la introducción de Como me lo contaron… 

Pone de ejemplo el caso de la vida de Napoleón; un estudiante recordara la anécdota del fanguito que impidió maniobrar la artillería francesa en la batalla de Waterloo y seguramente le interesará la continuación del relato de este acontecimiento histórico. 

El espacio televisivo La canción cuenta su historia, tuvo unos 25 libretos suyos: Mujer Bayamesa de Sindo Garay; la habanera tú, de Eduardo Sánchez de Fuentes, Pensamiento de Rafael Gómez (Teofilito), Longina de Manuel Corona y, por último, el cha-cha-chá La engañadora, con la participación de su creador Enrique Jorrín. 

Aunque no le gustaba aparecer ante la cámara, hizo un programa de un año (Que república era aquella), junto al periodista Mario Kuchilán y la cantante y actriz María de los Ángeles Santana, con libreto de Enrique Núñez Rodríguez.. 

Fue autor de las obras teatrales Recuerdos del Alhambra (música de Anckermann) y Quiéreme mucho, musicalizada por Gonzalo Roig, estrenadas en el Teatro Martí por el grupo Jorge Anckerman. 

En Como lo pienso, lo digo, emplea no solo la memoria sino también la investigación al ofrecer detalles interesantes sobre Jorge Anckermann, Federico Villoch, Rodrigo Prats, Ernesto Lecuona, Rita Montaner, los hermanos Robreño, el Alhambra, junto a los géneros vernáculo y la zarzuela. 

Notas:

(1) Historia del teatro popular cubano. Nota preliminar de Emilio Roig de Leuchsenring. La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, 1961. 

(2) En 1962 recibió mención de teatro (El último mosquetero) y obtuvo el premio en un concurso sobre la alfabetización (La palabra se hizo realidad) y el de crónica de la Revista Trabajo (Tres danzones y tres épocas), y también al año siguiente con Doña Sara nos quitó la levita. 

(3) Cualquier tiempo pasado fue… (Editorial Letras Cubanas, 1978), Antología del Teatro Alhambra (Letras Cubanas, 1979), Como me lo contaron, te lo cuento (1981), Como lo pienso, lo digo (Ediciones Unión, 1985), y escrito en este papel (Editorial Oriente1989), Patricios en La Habana (1993) y Del pasado que fue (1998). 

* La autora es historiadora y periodista.

Eduardo Robreño Deupy (1911-2001) 

Al nacer el 23 de septiembre de 1911 -hace un siglo-, sus ojos se abrieron a una Habana que constituyó fuente principal de sus vivencias recreadas en miles de anécdotas mucho tiempo después. También motivaron su inspiración el teatro, la música, la cultura y, prácticamente, todo lo humano. 

Fue colaborador de las Revistas Bohemia, Verde Olivo, los periódicos Trabajo y Juventud Rebelde, la radio y la televisión. 

Cuando falleció el 24 de junio de 2001, era prolífico escritor costumbrista, con varios libros publicados y más de ocho mil cometarios radiales, una especie de cronista de su época. 

Desde los cinco años frecuentó con su padre camerinos y salas de ensayos, a los nueve años escuchó una Opera, y a partir de 1920 vio cuanta compañía extranjera visitó la capital. 

Fue el hijo menor de Gustavo Robreño Puente (1873- 1957), famoso autor y director teatral, primer actor del teatro Alhambra, periodista y humorista. 

Amó ese mundo, sin embargo, se hizo Licenciado en Ciencias Políticas, Sociales y Económicas (1937) y Doctor en Derecho Civil en la Universidad de La Habana (1938), aunque en la época de estudiante y recién graduado incursionó en la radio sin lograr plaza fija. 

Dirigió el Grupo Jorge Anckerman del Teatro Martí (1965-1970), con Núñez Rodríguez de director literario y Rodrigo Prats, musical.

(Cubaperiodistas.cu)
 

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