Alvaro
Reynoso, precursor en Cuba del periodismo científico
Marta Denis Valle*
El cubano
Alvaro
Reynoso, conocido por sus estudios sobre la caña de azúcar, el
café y el tabaco, incursionó en el periodismo de divulgación
científica, a mediados del Siglo XIX, con buena aceptación al
ser interesante para especialistas y profanos por su diverso
contenido.
Aunque
el medio en general le resultó adverso en revertir el orden, era
su propósito la diversificación de los cultivos en el país
-además de estos renglones agrícolas señalados- y la mejor
explotación de los suelos.
Reynoso
invirtió gran parte de sus recursos económicos en equipos de
laboratorio e investigación, experimentos, edición de sus
trabajos y obras, adquisición de libros para incrementar su
magnifica biblioteca y publicaciones científicas extranjeras, el
pago de derechos por utilización de artículos foráneos y en su
empresa a favor de la divulgación de la ciencia y la técnica.
El
joven estudioso empezó a colaborar en el Diario de la Marina, el
26 de agosto de 1858, y en la medida que transcurría el tiempo
comprendió la importancia de esto.
Acostumbraba publicar acerca de sus investigaciones habituales y
una variedad de cuestiones exteriores con el objetivo de poner a
Cuba a la altura del saber científico-técnico mundial de esa
época, en contraposición a la atrasada economía esclavista y
colonial.
En el
primer período mantuvo una columna científica en ese periódico
hasta 1864 en que viajó a Europa por segunda vez.
Al
volver lo nombran nuevamente redactor científico, en 1883; cada
artículo lo entrega personalmente y el último apareció el 19 de
febrero de 1887.
Fue
redactor (1858) y, después director (1859-1865), de los Anales y
Memorias de la Junta de Fomento y de la Real Sociedad Económica
(1).
Se
empeñó en su mejoramiento en textos e ilustraciones y la
inclusión de trabajos de autores extranjeros –traducidos del
inglés y el francés- y estudios de su autoría, en gran medida
por su esfuerzo personal en asumir los gastos.
En
igual época publicó trabajos sobre química en la revista
habanera La Emulación, en los Anales de la Real Academia de
Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana y en los
Comptes Rendus de la Academia de Ciencias de Paris.
De
Francia trajo a Cuba –con pasaje y sueldo de su bolsillo- al
pintor Alfredo de Marsillac con el objetivo de mejorar las
ilustraciones de sus publicaciones.
Encargó
a Marsillac dibujar el proceso vegetativo de las plantas de
cultivo cubanas (caña, café, tabaco y otras); exhibió las
láminas en una sala de la Real Academia de Ciencias Médicas,
Físicas y Naturales de la Habana, y luego en la Academia de
Ciencias de Paris.
A sus
grandes conocimientos se unió un cuaderno manuscrito titulado
Viajes por diversos ingenios, cafetales y otras fincas de la
isla de Cuba (1863-1864), en el que registró detalladamente la
naturaleza cubana, aspectos geológicos y geográficos, cultivos,
vida económica, los pobladores y su carácter, el tratamiento a
los esclavos, etc.
Otro
cuaderno manuscrito con igual nombre es del período 1883-1886 y
en uno referido a experimentos de café hizo la última anotación
el 13 de junio de 1888.
Durante
los años finales de su vida, colaboró en la Revista de
Agricultura del Círculo de Hacendados y en la Revista Agrícola
La Nueva Era, de Roque, en Matanzas.
“Aguas
potables” constituyeron los primeros trabajos de su sección en
el Diario de la Marina. Escribió intensamente para divulgar todo
a su alcance referente al cultivo de la caña, su proceso
industrial, nuevas variedades, aparatos y tecnologías.
Reynoso
estaba al tanto de las novedades como muestra la acogida en la
columna de la prueba hecha por primera vez en América para la
roturación de tierras cañeras con un arado movido por vapor (Fowler),
el 24 de abril de 1863, en el ingenio Concepción, de la familia
Aldama, en Sabanilla, Matanzas. Comentó sus ventajas también en
otros cultivos.
Una
colección de artículos ya publicados en la prensa se convirtió
en libro bajo el título Estudios progresivos sobre varias
materias científicas, agrícolas e industriales (2).
Este
comprendía el cultivo de la caña de azúcar en todas sus fases y
estudios experimentales de su vegetación, así como de la
extensión de la siembra de boniato, ñame, maíz y arroz,
destinada a consumo humano y animal.
La obra
fue prologada por su amigo el Conde de Pozos Dulces Francisco de
Frías Jacott (1809-1877), destacado político, científico y
agrónomo.
“…a la
vez que campean esos estudios serios, metódicos y
concienzudos…que habilitan al señor Reynoso para desempeñar con
mayor autoridad y acierto la enseñanza químico-agrícola y las
investigaciones…, se descubre –dice Frías- el firme propósito de
no sacrificar ninguna ciencia a otra, y de estudiarlas todas a
fondo para hacerlas partícipes y solidarias en la construcción
de una ciencia más vasta y universal”.
La anterior antecedió a Ensayo
sobre el cultivo de la caña de azúcar (3), su principal obra
científica, también con prólogo del
Conde
de Pozos Dulces.
Notas:
(1) A partir de 1863 se denominaron Memorias de la Real Sociedad
Económica y Anales de la Junta de Fomento.
(2) Reynoso Alvaro. Estudios progresivos sobre varias materias
científicas, agrícolas e industriales. Colección de escritos
sobre cultivos de la caña, tabaco, maíz, arroz y otros.
(Imprenta del Tiempo, La Habana, 1861)
(3)
Reynoso Alvaro.
Ensayo sobre el cultivo de la caña de azúcar
(Imprenta del Tiempo, La Habana, 1862). Fue corregida y ampliada
por el autor en posteriores ediciones.
*
La autora es
historiadora y periodista.
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Alvaro Reynoso Valdés (1829-1888)
Alvaro Francisco
Carlos Reynoso Váldes nació en Alquízar, en la
antigua provincia de La Habana, el 4 de noviembre de
1829, y murió en la capital cubana, el 11 de agosto
de 1888, víctima de tuberculosis pulmonar, en medio
de la pobreza extrema y el olvido oficial a una
gloria científica.
Era,
en esencia, químico, fisiólogo, agrónomo y tecnólogo
industrial, así como notable
investigador y divulgador de la ciencia. Publicó
numerosos artículos, trabajos y libros, en Cuba y el
extranjero.
Hizo aportes a las
ramas de la química,
fisiología, agronomía y la tecnología industrial.
Sus estudios abarcaron diversas esferas, incluso
sobre diabetes, toxicología, piscicultura e
historia.
Creó un sistema
integral de cultivo de la caña de azúcar, el
principal renglón económico de Cuba.
Recibió medalla de
plata en la Exposición Universal de París, en 1878,
con una técnica para triturar y reducir a pulpa la
caña de azúcar y extraerle el jugo.
En Cuba estudió en el colegio San
Cristóbal (Carraguao) y en la Universidad de La
Habana. Con la tesis Investigaciones sobre la
formación del eter se doctoró
en Ciencias (1856),
en la Sorbona de Paris donde en 1848 había
matriculado medicina y química pero la primera la
interrumpió en 1855.
Fue director
del Instituto de Investigaciones Químicas de La
Habana (1859- 1864),
socio
de número de la Real Sociedad Económica de Amigos
del País (1858)
y miembro fundador (1861) y de mérito (1864) de la
Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y
Naturales de la Habana. También,
socio correspondiente
de las Academias de Ciencias de Madrid, Gotinga y
Baviera, de la Sociedad Asiática de París, y
Honorario del Instituto
Bahiano de Agricultura de Brasil. |
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