
Un
David gigantesco
El caricaturista Juan David, era un humorista en toda la
extensión de la palabra. Acostumbraba a definirse como
“el caricaturista más grande de Cuba”, debido a su
enorme talla y su somatotipo de peso pesado. Pero el
hombre --y la mujer, claro--, en su devenir histórico se
miden de la cabeza al cielo, y en esas dimensiones David
fue un verdadero Goliath.
Conforme dimos su propia definición en broma,
reproducimos ahora su versión autobiográfica que
apareció en el catálogo por sus 70 años de vida, durante
la II Bienal Internacional de Humorismo de San Antonio
de los Baños en 1981. En aras de la brevedad me he
tomado la libertad de sintetizar parte del texto:
“Nazco en Cienfuegos el 25 de abril de 1911, paso mi
infancia en Asturias, y para 1919 estoy de vuelta en la
ciudad natal. No me ocurrió nada digno de contar hasta
1931 que expongo una treintena de dibujos y caricaturas
hechas al impulso de una temprana afición…” “…En esa
década pretendo darle sentido práctico a mi vida
estudiando ingeniería automotriz por correspondencia…”
“…Escaramuzas propias de la época, me obligan a ver el
ciclo interrumpido por táctiles rejas de acero y formo
filas en “Ariel” grupo rebelde en lo político y
cultural…”
“…1936,
año de casamiento con Graciella y traslado a La Habana
ya en plan de hacer profesión de la afición artística..”
“…. Empiezo en el semanario “Resumen”. Después continúo
en “Social”, “Mediodía”, “Patria”, “Grafos”, “Hoy”,
“Información”,.”Gaceta del Caribe”, “Bohemia”, “El
Mundo” y suma y sigue hasta hoy “Prisma” y “Cuba…” “…En
1937 presento en la sociedad Lyceum la primera de quince
exposiciones personales en cuarenta y tantos años de
profesionalismo. Participo también en montones de
exposiciones colectivas y catorce Salones de Humoristas
en los cuales alcanzo estimables galardones. Dos veces
–1948 y 1949—logro el Premio Nacional de Periodismo
“Juan Gualberto Gómez en la gráfica-humorística…”
“Presido la Asociación de Caricaturistas de Cuba que
recién contribuyo a fundar, y trabajo en Nueva York,
contratado por la División de Artes Visuales de la ONU,
en cuya sede expuse las caricaturas que para dicha
organización internacional realizara…” Hasta aquí los
fragmentos de la autobiografía sintética ofrecida por el
homenajeado en 1981. A partir del triunfo de la
Revolución, su historia es una sucesión tras otra de
éxitos y reconocimientos ampliamente conocidos. Críticos
de arte e investigadores se han encargado de darlos a
conocer. En este recordatorio a veintinueve años de su
desaparición física, prefiero imaginármelo como un héroe
de aventuras, --que también lo fue--.
Empezare
como se debe, por el principio: Hijo de una asturiana y
un francés, nace en la Bella Ciudad del Mar el niño Juan
Eduardo David Posada. Muy tierno aún, acompañó a su
madre en una visita al terruño para que los paisanos
conocieran al vástago nacido del lado de acá del charco.
Quiso el destino que en diciembre de 1914 los
sorprendiera en Europa un fenómeno inesperado, --la
Primera Guerra Mundial--, por lo que la estancia se
alargó más de lo debido, separándolo de su padre que
vino a abrazarlo casi adolescente. De allá regresaría
con experiencias montañesas inusitadas y el “zeceo”
característico del habla peninsular.
Pero si sorpresiva fue su ida, más impactante el
regreso: Millares a ambos lados del Atlántico deseaban
viajar firmado el armisticio del 19, y madre e hijo
trataron de volver a Cuba en el “Valbanera”, pero -por
fortuna - ya estaban agotados los boletines y tuvieron
que abordar el siguiente buque.
Cuando
el vapor “Alfonso XII” atravesó la boca del Morro, su
mamá se lamentaba de un persistente mareo. Allí mismo en
el Muelle de Caballería, alguien le respondió.
--¡Alégrese señora al “Valbanera” se lo tragó el mar en
un mal tiempo!
http://lecturas.cibercuba.com/2009/06/28/199/la_tr%C3%A1gica_historia_del_valbanera
-¡Gracias a Dios!-, repetía la madre constantemente al
arribar a su hogar cienfueguero…
Al pasar el tiempo, David crecía y crecía más allá de lo
previsto para su edad, pero no engordaba ni aunque lo
inflaran. El ambiente familiar y sus inquietudes
artísticas cubrieron las horas libres que le permitía
una adolescencia de trabajo, parte del tiempo como
repartidor de medicamentos a domicilio para la botica de
turno.
Pronto se vio envuelto en las protestas contra el
machadato. Cayó preso y “Segur” revista cultural del
grupo “Ariel” reprodujo sus primeras caricaturas.
Por fin las aguas se tranquilizan y ya casado, se lanza
a la conquista de la capital con solo diez pesos en el
bolsillo. El apoyo de lugareños como el escritor y líder
político Carlos Rafael Rodríguez, o el ya destacado
caricaturista Hernández Cárdenas, tocaron algunas
puertas para abrirle el camino y comenzó a darse a
conocer. El resto lo aportaron la voluntad y el talento
que desarrolló de inmediato.
Tras el triunfo de la Revolución en 1959, tuvo que
asumir otros compromisos políticos:
En abril de 1960, acompañó al recién designado Embajador
Cubano en la República de Uruguay Mario García
Incháustegui. Mientras éste pronunciaba allí las
palabras de presentación de David como Agregado
Cultural, el caricaturista --devenido diplomático--
trazaba en un papel, el boceto de nuestro Comandante en
Jefe. Al día siguiente, el semanario “Marcha“ dio a
conocer la primera caricatura de Fidel publicada en esa
república del cono suramericano.
Corrían tiempos tempestuosos; la presión y el bloqueo
yanqui en la OEA. La sumisión de la oligarquía uruguaya
obligó al gobierno a declarar “Persona non grata” al
titular cubano.
Le tocó pues al improvisado embajador Juan E. David
aceptar la responsabilidad de nuestra sede en
Montevideo, y así lo hizo el 16 de febrero de 1961.
Mientras, se acercaba peligrosamente la invasión de
Playa Girón:
A partir del ataque, nuestra sede diplomática vio
bloqueados sus teléfonos y teletipos, pero la respuesta
no se hizo esperar, sus vínculos periodísticos lograron
que la veta satírica de David saliera disparada como una
saeta dirigida contra la acción cobarde de los
mercenarios y la apoyatura mediática de la burguesía
local.
Al terminar su misión entre las personalidades que
acompañaron a Juan David y Graciella de Armas hasta el
aeropuerto estaban sus camaradas Mario Benedetti y
Carleton Beals. Las palabras de despedida estuvieron a
cargo de su amigo, el caricaturista Julio Suárez (Jess).
De regreso a Cuba continuó su laborioso trabajo en la
prensa, pero había dejado un buen ejemplo en el campo de
las relaciones internacionales y la Organización de las
Naciones Unidas le encargó la tarea de realizar bocetos
de los delegados a la cita regional, tarea que compartió
con el embajador Carlos Lechuga. Durante un buen tiempo
esos trabajos se reprodujeron bajo el título de “Bohemia
en la ONU”.
Pero sus mejores obras fueron las que hizo a sus más
allegados, aquellos íntimos que compartían afanes y
sueños revolucionarios dentro de la intelectualidad. Lo
que él bautizó como “Davidcaricaturas” de Alicia,
Carpentier, Guillén y Roa aparecieron por decenas
recopilados en exposiciones, libros y folletos. Como
aspecto curioso en los retratos satíricos de Raúl Roa,
el “Canciller de la Dignidad”, se destaca la
expresividad de sus manos, y en muchas de ellos destaca
el inseparable cigarrillo entre los dedos. Y es que
ambos eran fumadores empedernidos.
Volvamos
a su homenaje: Un par de meses después, del tributo que
se le rindiera por sus 70 años en el Museo del Humor,
sucedió algo imprevisto: La invitación oficial a
participar en el Festival del Humor de Gábrovo en
Bulgaria.
Al frente del grupo formado por Nuez, Núñez Rodríguez,
Zumbado, Pedro Méndez, Alicia Bustamante, y yo, marchaba
el maestro Juan David acompañado por su esposa Graciella
de Armas.
En aquellos primeros días de estancia en la capital
búlgara, hubo una situación que tal vez pasó inadvertida
para los demás, pero que me marco para siempre:
Durante mucho tiempo yo también estuve atado al vicio de
fumar, y en los casi 25 años de matrimonio, ése era el
único detalle discordante entre mi esposa y yo.
Pues bien, recién llegados al Hotel Sofía, precisamente
el 3 de junio de 1961, --fecha de nacimiento de Estela
mi media naranja--, durante una cena en el restaurant de
la instalación, pedí la palabra para recordarla en su
onomástico, jurar no fumar más. Ante la sorpresa de los
seis compañeros de viaje, proseguí a repartir la cuota
de “HUpmann” que me correspondía, por lo que a partir de
ese momento estaría imposibilitado de llevarme a la boca
durante todo el viaje, uno de esos cigarrillos fuertes
que solo se producen en Cuba.
No fue una idea descabellada, había oído el rumor de que
las pastillas búlgaras marca “Tabex” eran infalibles
para combatir el tabaquismo. Las pude adquirir en
farmacias de Bulgaria, pero los tres pomos regresaron
intactos a Cuba ya que el propio doctor que las recetó,
me convenció de que aquello se trataba de pura
propaganda, y que el mejor antídoto era la fuerza de
voluntad.
Recuerdo que entre los más sorprendidos estuvo el propio
Juan David, quien padecía deficiencias
cardiaco-respiratorias y, a pesar de sus esfuerzos,
nunca pudo dejar el hábito de fumar. En varias ocasiones
él y su esposa se aceraron a mí para saber cómo marchaba
el tratamiento y yo les explicaba con lujo de detalles,
la ansiedad, el apetito y otros síntomas que debía
superar, pero que los estaba venciendo poco a poco.
Al día siguiente de mi promesa, partimos hacia la zona
montañosa de los Balcanes donde se ubicaba el Museo del
Humor. Allí en Gábrovo, nuestro David formaba parte del
jurado internacional, defendiendo con dignidad la obra
de los humoristas cubanos. Ese fue el último viaje que
compartimos con él.
Al principio les advertí que mi propósito era el de
lograr cierto acercamiento, en tono de
aventura-anecdótica, a ese gigantesco David cubano. Mis
pacientes vecinos interesados en ampliar sus
conocimientos sobre la gigantesca vida y obra artística
suya, --más colosal aún--, les recomiendo el libro
titulado “Juan David, Abrazado a sí mismo” escrito por
su hermano Eduardo para la Colección “El Bobo”, de la
Unión de Escritores y Artistas de Cuba en el año 1999.
Algunos de estos datos fueron tomados precisamente de
esa obra. Y como colofón, de la amplia iconografía con
que concluye dicha obra, hemos seleccionado esta imagen
respetando el pie de foto que escribiera el propio autor
Eduardo David Posada.